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Todo en todas partes al mismo tiempo: posibilidades infinitas en una experiencia kitsch cinematográfica

Escrito el 27 junio, 2022 @BadLuckCharls

Disponible en: cines.

Dirección: Dan Kwan, Daniel Scheinert (Daniels).

Guión: Dan Kwan, Daniel Scheinert.

País: Estados Unidos.

Elenco: Michelle Yeoh, Stephanie Hsu, Ke Huy Quan, James Hong, Jamie Lee Curtis.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt6710474/

Todo en todas partes al mismo tiempo. Dirs. Dan Kwan, Daniel Scheinert. Diamond Films. 2022.
Kitsch: estética pretenciosa, pasada de moda y considerada de mal gusto. (RAE)

Es sencillo señalar al cine como una fuente de escapismo. Por unas horas se observa una historia que inicia, desarrolla y concluye en una pantalla que depende de la preferencia del espectador. Al calificar así al cine, estos minutos sirven para alejarse de una realidad cada vez menos aceptable, más desagradable de la que miramos en pantalla y con menos beneficios de los que uno esperaría.

Este sentimiento es el centro de temático del multiverso de Todo en todas partes al mismo tiempo, ejemplificado en un momento en el que Evelyn (Michelle Yeoh) observa el romance, la alegría y el lujo de un baile en una telenovela. Así como el público busca un escape de su realidad y la pérdida de sentido propio por medio de métodos masivos de entretenimiento también lo hace el personaje de Yeoh. Desde el comienzo de su segundo filme en conjunto, los Daniels (Un cadáver para sobrevivir) exploran la relación entre los multiversos y la experiencia cinematográfica como ese vínculo alentador para buscar una mejor realidad y alejarse del sinsentido local. Antes de atestiguar las distintas e infinitas versiones de sí misma, Evelyn pierde su mirada en un universo plasmado en una pantalla.

De esta manera, Todo en todas partes al mismo tiempo parte con una idea central: la búsqueda de una ‘mejor realidad’, el ‘mejor yo’. ¿Qué significa esta búsqueda? ¿Qué sucede con las distinciones entre las diferentes formas del ser? ¿Qué pasaría si no hay nada mejor? ¿Qué queda por hacer cuando el escapismo que tanto anhelamos no es suficiente para huir de una realidad cada vez más abrumadora y tétrica? Los Daniels exploran estas preguntas existenciales, usando su distintivo estilo kitsch, para mostrar una actualidad donde el límite de un filme es el infinito.

Con kitsch me refiero a que estamos ante una película cuya fuerza creativa viene de rincones poco ortodoxos: referencias estéticas a filmes que no congenian con el género presentado; momentos de acción administrados por una cámara que se mueve como puño en el aire; un montaje deliberadamente frenético que acelera y detiene la historia cada que quiere; personajes que rondan entre lo absurdo, lo irracional y lo dadaísta en su caracterización, enmarcados por una puesta en escena que se inscribe a lo camp, lo cursi y lo tosco.

La razón por la que Todo en todas partes al mismo tiempo se eleva sobre este estilo se debe al cuidado con el que cada uno de los elementos de la producción es tratado. Así, el resultado final es tan desastroso y hermoso como la relación familiar al centro del filme. A pesar de ser una película con pretensiones en el multiverso, que fácilmente podría perderse en la magnitud de un concepto tan novel como desaprovechado en el campo fílmico, la historia de Evelyn nunca deja de ser el punto de enfoque del filme sin importar cuantas realidades se visiten.  La película no pierde de vista la situación social de su protagonista como mujer asiática migrante en Estados Unidos, utilizando este subtexto para representar la experiencia asiática-estadounidense de tal manera que la historia se vuelve la metonimia de una situación más universal sin perder su identidad.

Evelyn no solo se enfrenta a un ente malvado que quiere terminar con todo índice de los multiversos, también lidia con la relación problemática que tiene con su hija Joy (Stephanie Hsu), la pérdida de la relación amorosa con su esposo Waymond (Ke Huy Quan), la llegada de su padre chino (James Hong) – postrado como una nueva figura de autoridad ante la cual lidiar–, y una auditora de hacienda (Jamie Lee Curtis) que le hace la vida imposible. Incapaz de balancear su vida ante el caos de su alternancia de identidades (la buena madre, la buena esposa, la buena hija, la buena ciudadana), Evelyn enfrenta al multiverso como una manera de mejorar a la que termina siendo la versión de sí misma con el mayor número de oportunidades desperdiciadas.

Todo en todas partes al mismo tiempo. Dirs. Dan Kwan, Daniel Scheinert. Diamond Films. 2022.

Un rol como este da a paso a que una legendaria actriz como Michelle Yeoh flexione tanto sus músculos corporales al batallar contra versiones alternas de otras personas como sus músculos actorales al interpretar cada versión de Evelyn. Desde una actriz con una carrera que referencia a la de Yeoh hasta una mujer con salchichas en lugar de dedos, el filme le da una plétora de Evelyns, cada una distinta, pero unificadas por el talento de quién les interpreta y su búsqueda por la autorrealización suprema.

Junto con Yeoh llega un reparto repleto de sorpresas como veteranos entregando las actuaciones más absurdas de su carrera. En las escenas de acción logran proezas que traspasan de lo humano a lo sensorial, creando un baile eterno entre la acción y las emociones de los personajes y, como una demostración de su fuerza de voluntad, logran la imposible tarea de conectar cada movimiento con una emoción.

Hsu destaca como Joy al representar el resultado de la experiencia migrante y la quebradura de identidades ante el trauma generacional. Quan demuestra una versatilidad y carisma que encapsulan miles de emociones en segundos. Hong, una leyenda del cine con más de 500 roles en su carrera, maneja una vitalidad renovadora en la interpretación un personaje que fácilmente podría ser monótono y sin mucho chiste. Curtis reina sobre las propuestas de su personaje, incluyendo mostrar la vulnerabilidad de una amante o la fortaleza de una luchadora profesional.

Cada uno de estos actores funciona como un coro que le da armonía al caos gondriano, byrdeano y knoxvilliano presentado en pantalla por los Daniels. El filme se expone con la energía de Edgar Wright colaborando con un Youtuber, haciendo proyectos semiprofesionales con sus amigos, para transgredir sobre lo que solemos denominar ‘cine’. Porque Todo en todas partes al mismo tiempo es una proeza ante la representación sensorial de la experiencia humana en la pantalla, traída hacia un público que ve al cine como una ventana, un espejo o una pintura cuando no hay nada en el mundo que detenga al séptimo arte para ser las tres a la vez.

Es esta ideología, que alguien se define por la suma de todas sus partes, la que hace que la película sea uno de los triunfos cinematográficos de los últimos años. A partir de técnicas cinematográficas chocantes, un guion que no pierde sentido de ilusión ante el vasto centro creativo que es la implementación del multiverso, y los componentes humanos que dan el todo de sí antes, durante y después del proceso de producción, llega una película kitsch cuyo objetivo es demostrar las maneras en las que se puede crear un cine significativo a partir de lo sensorial. Qué importa si hay líneas cursis, momentos donde la cámara carece de control o que los homenajes y referencias rayan lo absurdo cuando cumplen con el objetivo de manifestar la experiencia humana a través de un personaje observado desde una pantalla por un ser humano. Si lo pensamos bien, es absurdo ver películas y Todo en todas partes al mismo tiempo usa esa reflexión como su fuerte.

En Todo en todas partes al mismo tiempo no existe el escapismo. Sin importar en qué universo uno se encuentre siempre hay un camino, una decisión que tomar y consecuencias. Uno no puede simplemente rondar de manera pasiva en distintas experiencias sin involucrarse y tomar decisiones que afectan a los demás y a uno mismo.

En el filme, Evelyn viaja por el multiverso buscando la mejor versión de sí misma, anhelando el escapismo que cualquiera de ellas podría traer ante su vida decepcionante de lavanderías e impuestos. Sin embargo, asumir un rol distinto no cambia la esencia de una persona, sus añoranzas y sueños. No hay determinante que defina una vida ‘perfecta’ como perfecta y, a pesar de sentir una pérdida de sentido ante el caos del mundo, esto no es malo. Lo mismo se puede decir de Todo en todas partes al mismo tiempo, una película que no se puede definir como ‘perfecta’ (no que eso fuera su intención); sin embargo, esto no es un impedimento para propiciar una experiencia cinematográfica estimulante medio del kitsch y una admiración por las propuestas infinitas que el cine puede ofrecer.

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