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The Teachers’ Lounge: maestra al borde de un ataque de nervios

Escrito el 28 febrero, 2024 @CesarAndreZzZ

Dirección: İlker Çatak.

Guion: İlker Çatak y Johannes Duncker.

Elenco: Leonie Benesch, Leonard Stettnisch, Eva Löbau, Michael Klammer, Rafael Stachowiak, Sarah Bauerett, Kathrin Wehlisch, Anne-Kathrin Gummich.

País: Alemania.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt26612950/

“Es casi imposible convertirse en una persona educada en un país tan desconfiado de la mente independiente.”

– James Baldwin.

The Teachers’ Lounge. Dir. İlker Çatak. Sony Pictures Classics. 2023.

Qué bonito es el arte de educar, ¿no? Al menos eso es lo que el cine sobre docencia ha mostrado repetidamente a través de historias inspiradoras sobre maestros que hicieron lo imposible: despertar el interés de alumnos conflictivos en la belleza del proceso de enseñanza-aprendizaje. Lo cierto es que gran parte del cine educativo es simplista, diseñado para despertar emociones básicas en el espectador y evitar la complejidad de los matices del sistema educativo.

Películas como The Class (Laurent Cantet, 2008) deconstruyen las nociones facilistas de la educación y presentan la labor docente como mentalmente agotadora en la que a menudo los costos son mayores que los beneficios. En la película de Cantet, lo que prevalece es la noción de que una institución educativa comandada por adultos ineptos, incapaces de desarrollar noción crítica sobre aspectos socioculturales, es una sentencia miserable para los alumnos. The Teachers’ Lounge, nominada al Óscar en la categoría de mejor película internacional, es un caso similar a la película francesa, pues el director alemán Ilker Çatak no pretende dar una mirada de ternura e inspiración a través de la docencia, sino revelar las fracturas del sistema educativo y los debates morales que surgen en la profesión.

Carla Nowak (Leonie Benesch) es una maestra enérgica recién llegada dispuesta a “marcar la diferencia” en la educación de sus alumnos. En el curso de séptimo grado, Carla enseña matemáticas y educación física, y tiene la típica sonrisa de aquél que empieza un trabajo con las mejores intenciones y esperanzas, ajeno a la realidad de que las soluciones a los conflictos del día a día no se aprenden en libros ni pasantías. Cuando la escuela empieza una investigación para encontrar al responsable de una serie de robos en la sala de profesores, todos los ojos se posan sobre el salón de Carla, específicamente en Ali, un estudiante turco.

Carla toma el asunto en sus propias manos y deja la cámara de su laptop grabando la sala de profesores. La pesquisa da resultados y Carla se encuentra con la espantosa realidad de que la involucrada podría ser Friederike (Eva Löbau), una oficinista de la escuela. A partir de aquí, The Teachers’ Lounge se convierte en un thriller repleto de giros al mejor estilo de los hermanos Safdie. La grabación de Carla presenta una posible solución para el problema del robo, pero ofrece cuestionamientos morales que la ponen contra la pared y la enemista con alumnos y profesores por igual. “¿El fin justifica los medios?”, pregunta la película y Çatak no da una respuesta fácil a un problema repleto de matices.

Si en The Class la mayor barrera del maestro François era la multiculturalidad y la marginación social francesa, en The Teachers’ Lounge lo que atosiga a Carla es la aterradora noción de no saber si las decisiones u omisiones que toma son correctas hasta que es demasiado tarde, así como el peso de sentirse como un imperfecto modelo a seguir para sus alumnos.

Çatak no permite juicios morales trillados sobre ningún personaje. Entiende sabiamente que la educación es una profesión mal pagada que crea un hastío inevitable en el espíritu del docente más abnegado. Naturalmente, los profesores buscan sacarse de encima problemas complejos con las “soluciones” más burdas e inmediatas que consigan. La directiva por su parte, en su afán de burocracia y condescendencia, no ayuda.

Al casi nunca salir de los confines de la escuela, The Teachers’ Lounge se convierte en un ejercicio sofocante que muestra la institución educativa como un reflejo de la sociedad. En un mundo polarizado y conflictivo en el que el pensamiento crítico y la empatía escasean no es de extrañar que una escuela se convierta en un infierno de incertidumbre y violencia psicológica en las circunstancias más triviales.

La asfixiante cámara de Judith Kaufmann sigue a Carla en un recuadro mínimo que condensa el terror psicológico de ver un efecto dominó catastrófico ocurrir ante tus ojos por tus propias acciones. La libertad de expresión, el autoritarismo académico y el derecho a la intimidad son algunos de los temas que la cinta maneja con pericia.

La reflexión más estimulante de The Teachers’ Lounge es mostrar a los niños como seres activos dentro del sistema educativo. Los alumnos perciben e identifican las discordancias e incongruencias de los docentes y las usan para su beneficio. En la cinta y la vida real, la enemistad entre alumnos y profesores está instaurada bajo las ideas arcaicas de la educación tradicional que hacen ver el proceso de enseñanza-aprendizaje como un mandato y no como un acompañamiento.

Leonie Benesch abarca cada segundo en pantalla con inquietud y sensibilidad. A través de su rostro y postura retrata la visceralidad de su situación y la manera en que lentamente las aspiraciones risueñas de educación se desmoronan por sucesos que se escapan de sus manos. Carla choca contra la noción de perfección que se exige de los profesores, humanizando la rabia, impotencia y agonía inherente a la docencia.

The Teachers’ Lounge muestra las complicaciones naturales al ejercicio de la docencia y la benevolencia idealista. Ser un “buen” maestro es prácticamente imposible bajo la mirada inquietante y pesimista de Çatak sobre las instituciones educativas y su naturaleza caótica. Las escuelas son un microcosmos de la sociedad, un espacio de jerarquías, intereses perversos, complicidad y ambigüedad moral. Así, el cineasta plantea una pregunta urgente para la educación contemporánea: ¿Qué podemos esperar de los niños cuando los adultos que deben guiarlos están perdidos? La única solución posible es tan obvia como compleja: aprender a comunicarnos, aunque sea a través de silencios empáticos.

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