Palomita de maíz

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The Stroll: deslumbrante crónica de resiliencia trans

Escrito el 29 noviembre, 2023 @CesarAndreZzZ

Disponible en: HBO Max.

Dirección: Zackary Drucker y Kristen Lovell.

Elenco documental: Kristen Parker Lovell, Ceyenne Doroshow, Egyptt LaBeija, Izzi “Cashmere” Starz, Tabytha Gonzalez, Stefanie Rivera, Elizabeth Rivera, Carey Smith.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt24079774/

“La razón por la que nosotras, en este momento, como comunidad trans, no tenemos todos los derechos que ellos tienen, es porque les permitimos hablar por nosotros durante tantos malditos años…”

– Sylvia Rivera.

The Stroll. Dirs. Zackary Drucker y Kristen Lovell. HBO Max. 2023.

La manera más rápida de desintegrar un movimiento social es desde adentro. Cuando hay rechazo, prejuicios y desdén entre miembros de grupos minoritarios y socialmente oprimidos no hay prosperidad para el grupo en cuestión. Esta es una realidad para las personas trans dentro de la comunidad LGBTQ. Es tristemente común encontrar transfobia en ambientes queer. Sin embargo, esto no es reciente.

La comunidad trans siempre ha sido la última en tomarse en cuenta para la dignificación de la vivencia queer, y la primera en alzar la voz con furia ante el sofocante sistema homofóbico y transfóbico. No se dejen engañar por la pésima Stonewall (Roland Emmerich, 2015) y su descarado lavado de historia, los disturbios de Stonewall no fueron iniciados por hombres gay blancos cisgénero, sino por mujeres trans racializadas provenientes de entornos marginales.

Como persona queer, llena de entusiasmo y energía anarquista rememorar los acontecimientos de Stonewall contra la autoridad opresiva, pero conocer el desenlace que pioneras activistas como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera tuvieron, en parte a manos del mismo rechazo queer, es enervante y doloroso. Poco se habla de los tiempos post-Stonewall y cómo la vivencia queer no tuvo una necesaria mejoría.

Para mediados de los 80, las entidades médicas reconocidas habían despatologizado la homosexualidad al eliminarla de los manuales diagnóstico, y el asesinato de Harvey Milk despertó consternación nacional, incluso en sectores conservadores. Sin embargo, la epidemia del VIH/SIDA y el gobierno de Ronald Reagan golpearon sin misericordia al activismo queer. Quiénes continuaban en las sombras del pasado, mientras el resto de la comunidad se movía hacía el futuro con determinación, eran las personas trans.

The Stroll es un extraordinario documental que pone sobre la mesa la angustia trans ante el desamparo sociopolítico y sectores transfóbicos de la comunidad queer. Las directoras Zackary Drucker y Kristen Lovell construyen de manera ecléctica un viaje al pasado sin abandonar las preocupaciones del presente. Durante las décadas de 1980 y 1990 en el distrito Meatpacking, Nueva York, coexistían realidades amargas. Trabajadoras sexuales trans, en su mayoría afroamericanas y latinas, encontraban un punto de unión y sororidad, pero también un infierno ante la creciente discriminación y gentrificación del país.

A través de entrevistas y metrajes de archivo las directoras plasman anécdotas de mujeres trans, partícipes de la historia de The Stroll, entendiendo cómo eran los tiempos pasados de aquel barrio que hoy es una elegante zona hípster, con tiendas Apple y ropa de diseñador dispersas por el bloque. La misma Lovell también fue protagonista de esta historia. En los años 90 se mudó a Nueva York con esperanzas de encontrar una nueva vida. Comenzó su transición como mujer trans, pero fue despedida de su trabajo. Sin esperanzas de ser aceptada, encontró en aquel barrio neoyorquino una familia y el trabajo sexual como medida de sobrevivencia.

The Stroll resulta inquietante y realista en su representación de la violencia estructural que afrontan las personas trans. Como un efecto dominó, se trazan los paralelismos entre historias, encontrando el común denominador del rechazo familiar. Las jóvenes trans abandonadas por sus familias, algunas desde los 14 años, estaban a su suerte en una cultura prejuiciosa y conservadora que las orilló a la prostitución como única forma de vida.

El trabajo sexual se enfoca con crudeza necesaria para exponer la desprotección y violencia perpetrada por clientes masculinos. Los transfeminicidios eran (y son) cotidianos. Se narra el duelo reprimido de las trabajadoras sexuales, quienes no podían detenerse a vivir el duelo de sus compañeras, pues debían volver al trabajo la noche siguiente.

El documental explora el mandato de Rudy Giuliani, ex alcalde de Nueva York, y sus campañas de terror puritánico contra las personas queer. Sea a través de la brutalidad policiaca o la gentrificación de Meatpacking, las medidas tenían dos propósitos: hacer una “limpieza” de la zona desplazando a las trabajadoras sexuales y convertirlas en las villanas públicas de un cuento conservador.

El énfasis mayor de The Stroll es la marginación de las personas trans incluso en espacios de supuesta inclusividad, abarcando desde los tiempos en los que un joven RuPaul en drag hacía reportajes cínicos de las trabajadoras sexuales, hasta la indolencia de la comunidad gay después del asesinato de Marsha P. Johnson y otras mujeres trans.

El documental termina por centrarse en las anécdotas esperanzadoras. La resiliencia y la hermandad fueron las armas de supervivencia a la amargura de tiempos terroríficos, y lo siguen siendo hoy, con el conservadurismo azotando el espectro político y atacando principalmente a las mujeres trans. La sola existencia de las personas queer es un tema político, y solamente a través de los acuerdos colectivos y la protesta conjunta se verán cambios fructíferos.

La mejor manera de reivindicar es confrontar las realidades amargas. El pulso de Drucker y Lovell asombra porque no convierten el relato en pornomiseria. Son autoras de su propia historia, contrastando radicalmente con otros relatos trans narrados bajo un lente cisgénero y patriarcal. Las luchas diarias importan, y la autoapropiación de la angustia y el dolor es el primer paso para sanar.

The Stroll apremia la belleza de sobrevivir y ser parte de una historia individual y colectiva. Encuentra la dignidad de sus personajes a través de la rememoración de dichas y tragedias pasadas. Es un documental bellamente filmado y editado, con un espíritu irreverente y mordaz, que evita la condescendencia y la manipulación emocional, sin abandonar su brutal y amargo estudio de la violencia institucionalizada contra la comunidad trans. Lo de Drucker y Lovell es una maravillosa lección de historia y un manifiesto a las virtudes de la hermandad, criticando el separatismo y la prepotencia dentro de los ambientes queer de antes, ahora y después.

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