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The Crown (temporada 5): controlar la llama

Escrito el 28 noviembre, 2022 @StarcoVision

Disponible en:

Creada por: Peter Morgan.

Elenco: Imelda Staunton, Jonathan Pryce, Lesley Manville, Dominic West, Jonny Lee Miller, Olivia Williams y Elizabeth Debicki.

País: Reino Unido.

Duración: 10 episodios de entre 50 a 60 minutos cada uno.

Palomómetro:

Más información de la serie: https://www.imdb.com/title/tt4786824/episodes?season=5

The Crown, quinta temporada. Creada por Peter Morgan. Netflix. 2022.

Jugar con fuego. The Crown es un constante jugar con fuego evitando quemarse, amagando a tocar la llamarada para sentir el calor intenso pegar contra la palma de la mano. Peter Morgan, creador de la serie, lo sabe bien y durante cuatro temporadas jugó como un verdadero experto, tocando el fuego casi a chispazos, pero sin experimentar dolor. No obstante, llegó la quinta temporada y la llama se hizo tan intensa que costó controlarla. Lo logró, pero le costó, porque él mismo se puso en el lugar de atizador, avivando el fuego en vez de dejarlo apagarse.

Sostener el éxito de una serie es un trabajo complejo, más aún cuando se alcanza un pico y el público espera que se mantenga o eleve. Para sorprender hay que innovar y cuando se relata un hecho histórico, los guionistas quedan encorsetados a ser fidedignos. Se trata de recrear la realidad sin perder el entusiasmo. Durante cuatro temporadas, Morgan hizo de la historia de la figura política más trascendente del último siglo una suerte de reality show que, sin parecer un circo, entretenía mientras desentrañaba las intimidades más oscuras de la monarquía británica. Heroína y villana de su propia historia, Elizabeth II supo ser representada por Claire Foy y Olivia Colman, en sus aciertos y errores, primero como humana y después como Reina. Hasta ahí todo funcionaba a la perfección.

Morgan siempre supo que sus estrellas lo opacaban, una realidad con la que parecía hasta sentirse a gusto. “The fact is, the Crown must win. Must always win.” se repetía la propia Elizabeth en las temporadas anteriores y no ha de dudarse que el propio creador también lo dijese para sí mismo. ¿Qué cambió ahora? Todo y nada. Las críticas cambiaron de color porque llegamos a un punto en que se vislumbra un enemigo, uno que en sí puede cambiar según el lado desde dónde se esté mirando la historia. Como espectador, llegó el momento de despojarse de la falsa empatía, y ahí comienza a surgir una molestia, a veces hasta repugnante por la presencia de estas figuras opulentas e inmorales. Morgan deja entrever más que nunca su sesgo monárquico, y cuando Charles (Dominic West) pasa a buscar su voz es cuando fastidia más la presencia de todos.

Historias a medio contar, personajes sin desarrollar…durante 10 episodios se presentan hechos discordantes que dejan un sabor amargo. A nivel político parece que en la década de los 90 solo pasó aire, que no se dieron conflictos, que Reino Unido no intervino, un bla bla bla que se llena con los caprichos de Charles o los reproches seniles de Philip (Jonathan Pryce). En medio, John Major (Jonny Lee Miller) aparece como un primer ministro tan inútil que nos hace creer que Margaret Thatcher fue la más grande proeza de la política británica. Se da una probadita de la historia de los Al-Fayed para presentarlos como amos de la opulencia y, cuando se comienza a atar cabos, la historia salta para mostrar cómo la Reina casi que se rebaja ante Boris Yeltsin. Cuesta seguir el hilo conductor o al menos entender la total relevancia de los relatos. Algo en la historia perdió la gracia, no se termina de entender o simplemente se rompió el recurso de tanto usarlo.

La quinta temporada presenta una Elizabeth (Imelda Staunton) algo trastocada, maltrecha, por momentos hasta rozando la decadencia. Cuesta seguir simpatizando con ella porque el público tiene claro que hay otra víctima en la historia y que carece de salvación alguna. Para Diana (Elizabeth Debicki) no hay lugar para la justicia, mucho menos para la venganza. El final del cuento se sabe de antemano y todas las miradas están puestas en ella, en cómo lograr que su figura permanezca viva mediante un relato certero y auténtico. Es aquí donde comienzan los cuestionamientos hacia Morgan, más que nada porque se le exige algo de paz a una historia nacida solo para el conflicto. Por el contrario, él decide marcar cambios entre la Diana de Corrin y la de Debicki mediante un guion que primero la pinta como la más indefensa de las corderitas para después transformarla en una pequeña loba que no muerde porque sí, pero que sabe utilizar los dientes para defenderse. Aun así, si Corrin había aprobado con muy bueno, Debicki toma la posta para correr hasta el sobresaliente.

The Crown, quinta temporada. Creada por Peter Morgan. Netflix. 2022.

El torbellino de interpretaciones de Diana ha hecho que todas las miradas se posen en ella, en curiosear en su vida hasta generar morbo. Es que en sí la historia de Lady Di repugna, no por ella, sino por el manoseo con el que la propia realeza y los medios la han tratado, como el trofeo de la Copa del Mundo sobre el cual todos quieren dejar sus huellas encima. The Crown había logrado desmitificar su figura al tiempo que armaba a Charles como el incomprendido que se descargaba con una indefensa. Neutralidad. Un enemigo siempre hubo, pero Morgan trataba el asunto con una sutileza envidiable. Hasta que pasamos de Josh O’Connor a Dominic West y parece que se intenta vender una suerte de Iago en la piel de un Otelo. Lejos, lejísimos. Es absurdo ponerse a hacer juicio de valores respecto de si Charles es un villano con todas las letras, pero tampoco un santo, y centrar episodio tras episodio en sus traspiés no le añade humanismo.

Difícil culpar a los actores del desmejorado éxito de la temporada. Tener al frente un ícono de la talla de Imelda Staunton intensifica la comparación con sus antecesoras. Ella en sí supera el desafío casi con creces. Casi, porque unirse al baile cuando está por terminar no es un trabajo simple. Al igual que lo que ha pasado con Diana, Elizabeth II es un personaje tan trascendental que pervive en la memoria de todas las personas, por ende, todos tienen una visión de ella. Staunton muestra el lado más sensible de la Reina, enfocado en esa necesidad de mantener unida una familia hecha más para la foto que para la estabilidad. En medio, todo se le va desmoronando, hasta aquello en que se supone es buena. En estos momentos a Staunton le toca bailar con el más feo, quizás por momentos hasta ser desplazada de la protagonista del relato a una secundaria que está ahí como un recuerdo de un tiempo mejor.

Doña Lesley Manville, a sus pies. Así como Debicki capitalizó lo hecho por Corrin, Manville también merece un capítulo propio por revivir el legado de Vanessa Kirby y volver terrenal a una Princesa Margaret que a veces suena a caricatura. A diferencia de Bonham Carter, quien marcó un quiebre mediante un histrionismo innato, aquí se ve cómo Margaret maduró sin sanar las heridas de su juventud. En Annus Horribilis, episodio cuarto de la temporada, Manville da una actuación que obligaría hasta a descalificarla del Emmy, no porque le falten competidoras, sino porque con pequeños espacios enternece y lastima.

En resumen, The Crown se enfrentó a una década peligrosa y Peter Morgan no se percató que la llama se le estaba descontrolando. Llegó a un punto donde no se trataba de jugar con el fuego, sino de evitar que la intensidad convirtiera en cenizas todo lo alcanzado. No se trata en sí de una temporada mala, sería injusto utilizar un calificativo así de duro, principalmente porque en sí lo que falla es en cumplir las expectativas anteriores. Los espectadores le hemos pedido mucho a la historia. Por fortuna o astucia, la corona británica demostró que es capaz de oxidarse un poco, pero nunca dejar de brillar. Aquí estaremos, esperando con ansías que la llama viva más, ya sea para que nos queme por completo o para jugar hasta que sea momento de tirarle agua.

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