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Tengo sueños eléctricos: violencia intrafamiliar y metamorfosis humana

Escrito el 5 diciembre, 2023 @Kenny_DiazPR

Disponible en: MUBI.

Dirección: Valentina Maurel.

Guion: Valentina Maurel.

Elenco: Daniela Navarro Marín, Reinaldo Amien Gutiérrez, Vivian Rodríguez Barquero, Adriana Castro García, José Pablo Segreda Johanning.

País: Costa Rica, Francia, Bélgica.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt21227238/

Tengo sueños eléctricos. Dir. Valentina Maurel. MUBI. 2022.

Tengo sueños eléctricos arranca con la escena de un padre de familia encolerizado que golpea su cabeza contra el portón metálico de una casa mientras su esposa e hijas observan desde el auto. La madre instruye a las niñas a que no le hagan caso y sube el volumen de la radio. El episodio no parece nuevo para ellas, mas no deja de ser inquietante para la audiencia.

La directora y guionista Valentina Maurel presenta en su ópera prima una historia sobre violencia intrafamiliar, codependencia emocional y despertar sexual. Eva (Daniela Navarro Marín), la protagonista, es una joven de 16 años que se enfrenta a la separación de sus padres a la vez que atraviesa las inquietudes y cambios propios de la adolescencia. Desea vivir con su papá, Martín (Reinaldo Amien Gutiérrez), un artista bohemio que le brinda toda la libertad que no encuentra con la madre, mujer de carácter fuerte y controlador envuelta en el frenesí de remodelar su casa tras recibir una herencia.

Sin embargo, Martín es también un hombre inestable, explosivo y sin un lugar dónde vivir. Eva conecta con él principalmente a través de la violencia. El padre la agrede en ocasiones con un discurso vago sobre la idea del dolor como algo puramente mental y no físico. Algo que se puede resistir. Es el mismo tipo de agresión que Eva práctica contra su hermana menor. La madre la reprende con horror e impotencia. “Es como si estuviera poseída por el demonio”, se le escucha decir sobre Eva en algún momento.

No todo es agresividad entre padre e hija. También comparten momentos de ternura. Eva pasa cada vez más tiempo con él, conoce a sus amigos y se interesa genuinamente en su poesía. También intenta ayudarlo a conseguir un apartamento con una habitación extra para ella. Sin embargo, el apego de los personajes resulta alarmante, no solo por la dependencia tóxica que tienen el uno del otro con una inversión de roles y las variadas formas en que se lastiman, sino por la fascinación que muestra la joven hacia su padre.

A medida que avanza la película, una tensión sexual incestuosa sobrevuela la atmósfera. Aquí radica una de las fortalezas de la dirección y escritura de Maurel: la habilidad de mostrar, en lugar de decir. En Tengo sueños eléctricos ocurren cosas reveladoras en las miradas y silencios de los personajes. La cámara tiene un cuidado especial a la hora de captar detalles, como una simple caricia o una blusa desabrochada. Aquí lo sexual aparece como algo humano que incomoda y atraviesa las relaciones interpersonales de cualquier tipo, sean románticas o familiares.

Aunque la relación entre padre e hija está en el centro de la narración, Maurel no define al personaje principal únicamente a través de este aspecto. Eva emerge como sujeto sexual que siente y desea. Es una sexualidad confusa, tan real como la que se experimenta en la adolescencia, cuando se mezclan la culpa, el miedo y la vergüenza.

Uno de los mejores momentos de la película tiene lugar en un espectáculo de feria. La protagonista asiste perpleja al show de “La horrorosa”, una mujer bella que se convierte en gorila. A partir de ahí, el montaje reproduce imágenes intermitentes en la cabeza de Eva que muestran cierta atracción lésbica. Este no es un coming-of-age idílico ni aspira al heroísmo. Más bien, retrata la parte monstruosa de la metamorfosis humana. Crecer duele y espanta.

La protagonista tiene múltiples intercambios en los círculos artísticos en los que participa su padre. Estos espacios abonan al conocimiento que Eva adquiere de la ciudad. A diferencia de otros cineastas latinoamericanos, Maurel no retrata el mundo violento de la calle ni la pobreza extrema. Más bien, concede al arte un lugar importante como forma de vida. Ante el desasosiego, aparece un verso romántico pintado en una pared o una pieza musical a guitarra en medio del gentío.

Las actuaciones de Marín y Amien son auténticas y convincentes. Logran una química memorable en pantalla, capturando a la perfección el carácter volátil de sus personajes. A pesar de lo difícil que es empatizar con Eva y Martín, consecuencia inevitable de la construcción de personajes tan complejos (otra vez, créditos a Maurel), las actuaciones son tan honestas que superan el desagrado y la indiferencia.

Tengo sueños eléctricos es la presentación de una cineasta arriesgada, con un estilo narrativo atractivo y una mirada incisiva a las zonas más oscuras de la experiencia humana. Sobre todo es una cinta de belleza ambigua que da espacio al espectador para llegar a sus propios juicios e interpretaciones. ¿Por qué la violencia circula en las familias? ¿Por qué amamos a personas que nos dañan? ¿Por qué crecer es una angustia? Maurel no da respuestas, pero invita a pausar momentáneamente los impulsos eléctricos y reflexionar sobre la vida.

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