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Taste: fascinante ejercicio de slow cinema

Escrito el 15 febrero, 2022 @bmo985

Disponible en: MUBI.

Dirección: Le Bao.

Guion: Le Bao.

Países: Vietnam, Francia, Alemania.

Elenco: Olegunleko Ezekiel Gbenga, Khuong Thi Minh Nga, Le Thi Dung, Nguyen Thi Cam Xuan, Vu Thi Tham Thin.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt6551842/

Taste
Taste. Dir. Le Bao. 2021. MUBI.

Lo que se dice sin hablar, pero que se expresa mediante el cuerpo es el interés principal de Le Bao, cineasta vietnamita cuya cinta Taste se estrenó en el Festival de Berlín 2021, donde obtuvo el gran premio del jurado en la categoría de Encuentros. Esta cinta, a estrenarse en MUBI, es una exploración osada de los cuerpos en un espacio.

Bassley (Olegunleko Ezekiel Gbenga), un futbolista nigeriano que ha llegado a Vietnam para jugar profesionalmente, se lesiona la pierna y pierde su lugar en el equipo. Sobrevive trabajando en una peluquería en Ho Chi Minh City, donde conoce a cuatro mujeres, algunas de las cuales se dedican a fabricar globos aerostáticos. Juntos habitan una casa sin muebles, donde pasan los días en una especie de idilio fuera de la modernidad. Casi enteramente desprovista de diálogos, Taste observa a estas cinco personas mientras realizan sus rituales mundanos, comiendo, bebiendo, cocinando, fornicando y viendo pasar los segundos en un entorno tan desnudo como ellos mismos.

Taste se inscribe, acaso en contra de la voluntad de su realizador, en el llamado slow cinema, el cine que se caracteriza por su larga duración y naturaleza contemplativa, del cual podríamos mencionar obras tan distantes – tanto geográfica como temáticamente – como Jean Dielmann, 23 quai du commerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman, 1975) y Goodbye Dragon Inn (Tsai Ming-Liang, 2003). La cinta de Le Bao mira la vida pasar con planos de larga duración en que poco o muy poco sucede. Sus composiciones nos recuerdan a aquellas del mencionado Tsai Ming-Liang, tanto por su cercana ubicación como por su énfasis en los rituales del día a día. Esto no quiere decir que el director debutante no tenga nada nuevo qué decir. Al contrario, su versión del slow cinema denota una clara autoría.

La fascinación de Leo Bao por hallar la belleza de un entorno de abyección industrial recuerda un poco a la que expresaba David Lynch en su Cabeza borradora (1977). La secuencia de un globo de aire siendo llenado en una bodega industrial y la de los protagonistas sosteniendo un pez espada son conmovedoras por su extrañeza y valor estético. Puede tratarse de una película lenta, pero su narrativa visual es dinámica, vistosa (dentro de sus propios límites) y cautivadora.

Taste. Dir. Le Bao. 2021. MUBI.

El escenario es de cuidada apariencia que hace uso de una paleta de colores oscura, en la que los marrones y los grises llenan cada detalle, colores que, por cierto, señalan un entorno posindustrial de destitución y contaminación. Retomando la cámara fija y los planos medios de la obra de Tsai – cuyos largas secuencias están desprovistas de dramatismo –, Taste no retoma el naturalismo de aquél. En sus actores no profesionales hay una tendencia a la mecanicidad, entendida como lo opuesto del movimiento natural. Su desnudez es engañosa, pues a pesar de que los vemos expuestos y vulnerables, sus movimientos están coreografiados de forma escrupulosa. Uno podría pensar que este naturalismo antinatural es la contradicción que señala lo inacabado de la propuesta, pero, al contrario, es lo que la convierte en una obra fascinante, de singular belleza y depuración estética, otorgándole una cualidad casi teatral.

Al dotar a sus actuaciones de cierta teatralidad, el filme está infundido de una expresividad que no requiere de diálogos (el primero de estos se halla más de veinte minutos después del comienzo). Son los cuerpos en movimiento – atléticos, envejecidos, suaves y arrugados, jóvenes y no tan jóvenes – los que ocupan cada encuadre y los que comunican la contradicción del deseo: de existir fuera del mundo, pero dentro de esta casa, de rehusarse a abandonarla y querer lo opuesto, de una existencia sin mucho rumbo, solitaria y alejada de la familia. La sutileza trágica de la película está señalada por sus escasos diálogos de separación y añoranza, cuya cura se encuentra en la continuación de la vida, por ello su atención a los rituales diarios, el baño, la cocina, la convivencia.

Taste no es para todos los gustos, pero dejarse atrapar por su curioso artificio es sumamente gratificador. Con frecuencia enigmática, posee una extraña hermosura imposible de replicar con palabras o imágenes.

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