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Sujo (Sundance 2024): crecer entre el olor a muerte

Escrito el 30 enero, 2024 @bmo985

Sección: World Cinema Dramatic Competition.

Dirección: Fernanda Valadez y Astrid Rondero.

Guion: Fernanda Valadez y Astrid Rondero.

Elenco: Juan Jesús Varela, Yadira Pérez, Alexis Varela, Sandra Lorenzano, Jairo Hernández, Kevin Aguilar.

Países: México, Estados Unidos, Francia.

Palomómetro:

Más información de la película: https://festival.sundance.org/program/film/656a02eefac9f47fe6c043a4

Sujo. Dirs. Fernanda Valadez y Astrid Rondero. 2024. Cortesía Festival de Sundance 2024.

Un niño crece en el monte bajo la protección de su tía, rodeado por maleza seca y perros sin nombre, cargando a cuestas el recuerdo de su padre, un fantasma lejano que, a pesar de la distancia, lo llama a seguir su camino. Sujo, de las directoras Fernanda Valadez y Astrid Rondero retoma el México del narco que habían retratado en su película anterior, Sin señas particulares (una obra maestra, hay que notar), solo que con una perspectiva distinta, pues en aquella la maternidad era el tema principal y aquí es la orfandad de un hijo.

Sujo (Juan Jesús Varela), sin saberlo, es testigo de los crímenes de su padre (el mismo Varela), un sicario de Tierra Caliente que mata al hijo de su empleador bajo la mirada insospechada de su hijo. Tildado de traidor, su padre es eliminado de la faz de la Tierra, porque en México la gente puede desaparecer como por arte de magia. El doliente patrón criminal decide que Sujo de apenas cuatro años debe sufrir el mismo destino, pero la complicidad de las mujeres ligadas a la familia, su tía Nemesia (Yadira Pérez Esteban) y Rosalía (Karla Garrido), lo ocultan y protegen. Así, su niñez transcurre en una cabaña en el monte bajo el cuidado de Nemesia, una suerte de mística cuyas visiones proféticas anuncian la muerte del padre de Sujo y la muerte que resonará como advertencia para que el ahora adolescente huya de Michoacán.

Dividida en dos partes, Sujo presenta el refugio matriarcal del niño con sus tías y sobrinos. La niñez está marcada por el signo de la feminidad, la ternura y la inocencia artificial creada como un esfuerzo amoroso – no saber lo que ocurre en el mundo que nos rodea es un privilegio de aquellos que son amados –. En la segunda parte, Sujo y sus sobrinos se han convertido en adolescentes y, usando un viejo automóvil, salen de entre la maleza del monte en pos del pueblo cercano dominado por el narcotráfico.

¿Cómo pudieron convertirse en violentos adultos que anhelan escalar posiciones en una banda delictiva? ¿Están condenados a convertirse en hombres que matan? En Sujo, Valadez y Rondero plantean una respuesta parcial, primero porque la violencia es lo único que se conoce en algunas comunidades y segundo porque la diferencia entre destino y libre albedrío se encuentra en cada persona. Avizoran una salida, pero no es sencilla.

Filmada con actores no profesionales en su mayoría, Sujo retrata una sociedad en crisis, en la cual la pasividad se convierte en complicidad y la resistencia activa a la inercia de la vorágine de violencia y dinero fácil que parece tragar a todos. La fotografía de Ximena Amann captura estos espacios que de mundanos pasan a ser míticos, delineando el infierno en la tierra, la oscuridad de los individuos reflejada en su entorno, las noches negras que no pueden ser iluminadas ni siquiera por la luna. En términos visuales Sujo es un relato naturalista en el que cada plano evoca y deslumbra por su composición, su noción de la luz y movimiento a través de la adversidad.

Al igual que en Sin señas particulares, Valadez y Rondero (esta última se estrena como directora, fungiendo anteriormente solo como escritora) evocan un sentido de terror que ilumina la podredumbre social de un país perdido en una guerra no declarada interminable. En aquella película se trataba del terror catártico de aquello que era demasiado impactante para mostrarse o describirse en palabras, mientras que Sujo es sobre el terror cotidiano, una vida que se vuelve pesadilla porque la muerte ronda a la vuelta de la esquina.

No me parece que Sujo supere lo logrado en Sin señas particulares porque, a pesar de la buena actuación de Varela, la segunda parte pierde la fuerza visual y dramática que caracterizan a la primera parte con la inclusión de un personaje de tintes mesiánicos y la forma un tanto didáctica en la que las directoras muestran el crecimiento y carácter de su protagonista. Como contrapunto a estas reservas es necesario mencionar que Sujo ganó el Gran Premio del Jurado de la Competencia Internacional de películas de ficción en esta edición del Festival de Sundance.

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