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Squaring the Circle (The Story of Hipgnosis) (Sundance 2023): el lado oscuro del diseño (de portadas musicales)

Escrito el 24 enero, 2023 @bmo985

Sección: Spotlight.

Dirección: Anton Corbijn.

Guion: Trish D. Chetty.

País: Reino Unido.

Palomómetro:

Más información de la película: https://festival.sundance.org/program/film/638a18f777dd3d109380599d

Squaring the Circle (The Story of Hipgnosis). Dir. Anton Corbijn. 2023. Cortesía del Festival de Sundance 2023.

The Dark Side of the Moon de Pink Floyd es, tal vez, el mejor álbum jamás grabado en la breve historia de las grabaciones (una opinión objetiva e incontestable), pero hay algo de este perfecto disco en el que nada tuvieron que ver David Gilmour, Roger Waters, Nick Mason o Richard Wright, y que es tan importante como la música: la portada. Un rayo de luz blanca surge desde el costado izquierdo del cuadro para golpear al prisma ubicado al centro, en su interior dispersando la luz hacia la derecha en todos los colores del arcoiris sobre un fondo negro. Como llegó a ser costumbre con Pink Floyd, el nombre de la banda no se encuentra por ningún lado en esta imagen, ni mucho menos el nombre del disco. Aún así, es una ilustración instantáneamente reconocible, una imagen que ha transmutado en ícono.

Detrás de su engañosa simpleza está una dupla de artistas visuales geniales, Aubrey Powell y Storm Thorgerson, conocidos colectivamente como Hipgnosis, y responsables de buena parte de las portadas de rock de la época de los excesos. Entre 1968 y 1980 diseñaron las portadas para bandas como Wings, Led Zeppelin, Pink Floyd, 10cc, T. Rex, Emerson Lake & Palmer y Electric Light Orchestra, entre otros.

Anton Corbjin, fotógrafo, director de videos musicales y a últimas fechas director de largometrajes (Control, 2006), dirige Squaring the Circle (The Story of Hipgnosis) con apego a una fórmula consabida: entrevistas con distintas personalidades del medio, gráficos en pantalla y una narración cronológica explican el ascenso a la fama de la firma de diseño que creó el arte de algunos de los discos más famosos de la época dorada de la música rock. Se le perdona este apego a las formalidades porque se trata de una historia que, al menos el que escribe estas líneas, no se cansa de escuchar, además de que la lista de invitados es impecable: Robert Plant y Jimmy Page de Led Zeppelin, Paul McCartney, David Gilmour, Roger Waters y Nick Mason de Pink Floyd, Peter Gabriel de Genesis y Noel Gallagher de Oasis, este último sin vela en el entierro (Hipgnosis nunca le diseñó una portada), pero una adición valiosa porque no tien pelos en la lengua.

Comenzando en el pueblo universitario de Cambridge, Inglaterra, en 1964, los futuros miembros de Pink Floyd y los fundadores de Hipgnosis solían reunirse como los adolescentes vagabundos que eran para refugiarse en los grafitis de mal gusto y la marihuana barata (todavía no se inventaba la psicodelia para canalizar adecuadamente su energía juvenil). Thorgerson, descrito por casi todos los participantes como “el hombre más grosero del mundo”, y Powell, incauto transeúnte que fue arrastrado a una vida de artista por el primero, conformaron una dupla que revolucionó lo que podía ser una portada de disco, partiendo no del barroco chacotero que The Beatles demostraron con la portada de Sargeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band, sino del surrealismo absurdo y subversivo ejemplificado por la portada para Atom Heart Mother. Con el collage que conformaron para el disco de 1968 A Saucerful of Secrets de Pink Floyd, se inauguraría una era mítica similar a la paleozoica, en la que los monstruos del rock dominaron los escenarios y las listas de popularidad.

El documental de Corbijn inventa el hilo negro al proponer que este periodo está íntimamente ligado al trabajo visual de Hipgnosis, cuyas ambiciones y caprichos artísticos igualaban a los de los músicos con los que colaboraban. Es allí cuando Squaring the Circle (The Story of Hipgnosis) tiene su mayor fortaleza, como la crónica de un tiempo de excesos, de obras de arte titánicas y paradigmáticas, de canciones que cambiaban al mundo y las ilustraciones que las acompañaban y que constituían el grueso del arte visual popular del momento.

A pesar de los cismas que condujeron a la separación tanto de Pink Floyd como de Hipgnosis, las entrevistas a los sobrevivientes se caracterizan por los jocosos recuerdos de las décadas pasadas, como cuando Paul McCartney se entera de que Thorgerson le vendió una portada que había sido rechazada por Led Zeppelin, o cuando Powell admite que Londres era una tierra sin ley a finales de la década de 1960. Para los interesados en el tema, este documental arrancará más de una risa para rememorar, como lo señala Gallagher, la época en la que la música “se consideraba un arte, no como ahora que se considera un bien del cual los inversionistas esperan ganancias.”

El placer derivado del filme de Corbijn nace, por supuesto, de la nostalgia, esa emoción que carcome desde adentro y que corta de raíz la novedad, pues nos lleva siempre a experimentar lo que ya conocemos. No obstante, de vez en cuando no debería hacer mucho daño.

 

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