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She Said (TFF 2022): historia importante y película imperfecta

Escrito el 30 noviembre, 2022 @alessandra_kr

Sección: Fuori concorso.

Dirección: Maria Schrader.

Guion: Rebecca Lenkiewicz. Basado en la investigación del NYT de Jodi Kantor, Megan Twohey, Rebecca Corbett. Basado en el libro de Jodi Kantor y Megan Twohey.

Elenco: Zoe Kazan, Carey Mulligan, Samantha Morton, Patricia Clarkson, Jennifer Ehle, Andre Braugher.

Palomómetro:

Países: Estado Unidos, Alemania, Francia.

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt14807308/

She Said. Dir. Maria Schrader. Universal Pictures. 2022.

Al momento de hablar sobre She Said es importante hacer la distinción entre la importancia de la película y la calidad de la misma, pues mientras que aborda un tema crucial y elemental para estos tiempos, la manera en que lo hace deja mucho que desear. Si bien se aprecia el tema que toca, y más al considerar el momento tan crítico por el que está pasando el movimiento MeToo y lo mucho que falta por hacer, la historia está rodeada de una capa empalagosa, torpe y, francamente, innecesaria. De igual forma, el contexto cinematográfico en el que existe – que no se pierda la ironía de que Brad Pitt, uno de los productores de la cinta, fue cómplice de las exactas acciones que la misma exhibe y actualmente está lidiando con sus propias acusaciones de abuso doméstico – funciona como un incómodo trasfondo en sus mejores momentos y una exhibición hueca de lo podrido que está Hollywood en los peores.

Tal y como lo hicieran los clásicos All The President’s Men (Dir. Alan J. Pakula, 1976) y Spotlight (Tom McCarthy, 2015) en su momento, She Said presenta el cambio en el rumbo histórico desde la fuente; es decir, desde el punto de vista de los periodistas que dieron a conocer una noticia que cambió al mundo. En este caso, se trata de Jodi Kantor (Zoe Kazan) y Megan Twohey (Carey Mulligan), dos reporteras del New York Times que investigaron los rumores de abuso laboral, sexual y psicológico a manos de Harvey Weinstein, el máximo productor de Hollywood de los ‘90 / 2000. Como cabeza de Miramax, la mega productora de cine y máquina ganadora de Óscars, Weinstein gozaba de una protección e inmunidad que lo mantuvo intocable por décadas.

Mientras que ya es bien conocido lo que ha sucedido desde que las denuncias de acoso y abuso de incontables mujeres salieron a la luz por allá de 2017 – proceso que sigue en desarrollo y que ha visto constantes traspiés –, la película más bien se enfoca en explorar qué es lo que ocurrió en la investigación periodística que llevó a tal destape. De esta forma, She Said es una mirada al detrás de cámaras de uno de los casos más sonados de Estados Unidos y el más importante de la historia reciente de Hollywood.

La película inicia titubeante y torpe al enfocarse en las vidas de las dos mujeres al centro de la investigación antes de que empiecen a trabajar en ella. Por un lado, Jodi es una madre de dos niñas que tiene vasta experiencia en las investigaciones de abuso en el contexto laboral. Por otro lado, Megan está lidiando con un embarazo y una posterior depresión postparto después de enfrentarse a las consecuencias de exponer las acusaciones de abuso sexual del que sería el próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La historia dedica tiempo valioso en explorar la vida privada de estas mujeres, desde el tipo de matrimonios y familias que tienen, hasta lo mucho que sacrifican una vez que entran de lleno en su nueva labor. En este punto, She Said se esfuerza en presentar una familiaridad y cercanía en sus protagonistas que nunca se siente real, ni trascendental para la historia al centro. El hecho de que el guion ofrezca diálogos flojos e incómodos en estos momentos hace su existencia más desesperante (por lo menos Tom Pelphrey aparece como el esposo comprensivo de Megan).

Si hay algo que debe destacarse de la película es la manera en que trata a las víctimas de los abusos de Weinstein. A través de dos empáticas mujeres que saben cómo tratar a personas, la humanización, paciencia y respeto se siente en toda la cinta. Jodi aborda cuidadosamente el tema mientras habla con cada una de las mujeres que está dispuesta a compartir sus experiencias, y poco a poco entabla una relación de confianza con ellas que permite que estén dispuestas a saltar en la incertidumbre de decir la verdad ante millones de personas. Por su parte, Megan más bien se enfoca en hacer las preguntas difíciles al equipo de Weinstein y en mantener una apariencia estoica ante las presiones por matar la historia. Aunque ambos perfiles se aprecian, el problema radica en la dirección dada a las actrices, pues en muchas ocasiones la película cae en lo que únicamente podría ser descrito como sentimentalismo gringo. Ya sea una exagerada apreciación de Jody por las buenas noticias que poco a poco empiezan a recibir, los momentos incómodos compartidos entre las periodistas en escenas de transición o un entusiasmo agobiante que le da cierto aire de falsa positividad y determinación, la película se siente cursi y empalagosa en múltiples momentos.

Aun así, lo más memorable de la película radica en los personajes secundarios. Jennifer Ehle y Samantha Morton, como dos víctimas que cuentan su historia, hacen mucho con los pocos minutos que tienen en pantalla. Ehle plasma la emotividad del trauma al verbalizar la carga emocional y el arrepentimiento que las víctimas llevan consigo siempre. Morton, en quizá la mejor escena de la película, trae a la vida la rabia que sienten los testigos, así como el enojo hacia un sistema complejo y funcional que protege a los abusadores y no a las víctimas.

En este último punto vale la pena recargarse nuevamente. Una de las reflexiones más importantes de la película es el hecho de que Weinstein no estaba solo y que más bien pertenecía a un sistema cómplice y silencioso. Queda claro que este sigue siendo el caso, pues muchos de los integrantes de Hollywood en aquel entonces siguen dominando la industria cinematográfica. Desgraciadamente, esto hace que la película se siente como una exhibición o recordatorio de algo que se sabe a voces desde hace décadas. Aunque el movimiento MeToo ha conquistado contados triunfos, el hecho de que múltiples abusadores sigan en la nómina de esa industria hace que la cinta se sienta como una palmadita de “buen esfuerzo” en la espalda.

No cabe duda de que la película es importante. No obstante, me hubiera gustado que fuera buena, para así no poner en duda la relevancia y trascendencia de su existencia. Por lo menos sirve como recordatorio urgente de que esta investigación tan solo fue el inicio y que Hollywood sigue en necesidad de una depuración masiva de predadores y cómplices dispuestos a guardar silencio porque es lo más fácil y conveniente para sus ambiciones de éxito cinematográfico.

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