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Selena Gomez: mi mente y yo – la autoconsciencia como salvavidas en el océano de la fama

Escrito el 7 noviembre, 2022 @CesarAndreZzZ

Disponible en:

Dirección: Alek Keshishian.

Guion: Alek Keshishian y Paul Marchand.

Elenco: Selena Gomez.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información del documental: https://www.imdb.com/title/tt21819250/

“No quiero ser superfamosa. No quiero ser nada de eso. Pero sé que, si esa es mi situación, debo usarla para bien.”

– Selena Gomez

Selena Gomez: mi mente y yo. Dir. Alek Keshishian. Apple TV+. 2022.

Para Selena Gomez, su prominente nivel de fama y estrellato no es algo que atesore con cariño, sino lo que es capaz de hacer con eso. El tema central de Selena Gomez: mi mente y yo va más allá de todos los hitos conseguidos por la actriz y cantante. Traspasa lo anecdótico y no se centra en su precipitada fama actoral durante la niñez y adolescencia en el programa de Barney y Los hechiceros de Waverly Place. Tampoco en el estrato innegable de megaestrella del pop y ser la creadora de la reconocida empresa de maquillaje Rare Beauty. Mucho menos en su pasado romántico que sigue siendo mencionado por medios ociosos.

Mi mente y yo se centra en lo que de verdad es importante para Gomez: su activismo, sus fanáticos, la constante batalla con la salud mental y en su dedicación al amor propio, despilfarrando una amena autoconsciencia en el camino, indagando en el para qué de su fama, en lugar del qué, cómo o cuándo. Con delicadeza e intimidad, la narración del director Alek Keshishian es lo suficientemente cuidada como para explorar matices en la vida de Gomez y mantener el foco de su propósito, alejándose de idealizaciones y victimismos, celebrando la humanidad y las vulnerabilidades que, tanto literal como figurativamente, le devolvieron la vida a Selena.

Desde Gaga: Five Foot Two (Chris Moukarbel, 2017), pasando por Miss Americana (Lana Wilson, 2020) hasta The World’s a Little Blurry (R.J. Cutler, 2021), los documentales de estrellas del pop pasan por un boom reciente. Lady Gaga, Taylor Swift, Billie Eilish y ahora, Selena Gomez, tienen diferentes grupos de fanáticos y estilos musicales, y sus documentales manejan enfoques narrativos distintos. Sin embargo, su punto en común es explorar con intimidad el inquietante balance entre el ser humano con angustias y neurosis comunes, y el colosal nivel de fama que las despersonaliza, idealiza y posiciona en un nivel absurdo de superioridad.

A lo largo de seis años, desde 2015 hasta 2021, Mi mente y yo acompaña a Gomez en un viaje de altibajos emocionales y de salud, observando su fama como un epicentro de presencia. El director Alek Keshishian, quién trabajó en el documental Truth or Dare (1991) siguiendo la controvertida gira de Madonna, explicó cómo el proyecto de Mi mente y yo tomó vida propia, en el que la vulnerabilidad de su protagonista era la esencia, resultando en un “trabajo de amor personal”.

Esto es palpable, pues no hay restricciones ni censuras que busquen dar comodidad al espectador, puesto  que su protagonista no está sintiendo dicha comodidad. Observamos la debilitación física que Gomez sufre a causa del lupus y el trasplante de riñón al que se sometió en 2017 desde un punto de vista sobrio y un tono comprometido por no hacer del documental un ejercicio de miseria. A través de una edición ágil, comprendemos que los elementos turbulentos que se muestran de la vida de la cantante no la definen ni determinan.

Selena Gomez: mi mente y yo. Dir. Alek Keshishian. Apple TV+. 2022.

El énfasis mayor se hace a un tema con el que Selena Gomez ha lidiado y dedicado gran parte de su vida: la salud mental. Lejos de actuar como un coach genérico de autoayuda que suelta frases complacientes, la narración que la misma Gomez hace sobre sus problemas de salud mental y la presión de ser una representante positiva es profunda, esclarecedora y honesta. Afrontar el trastorno bipolar y la ansiedad severa es un desafío mentalmente agotador para cualquiera. Para alguien que, además de tener un alto nivel de fama, es autocrítica e incluso cínica consigo misma como Selena, lo es aún más.

Sin embargo, el documental no es reduccionista. Gomez reconoce los privilegios que tiene como celebridad, y las secuencias que observan su activismo en un colegio de Kenia que ella misma financia y en sectores desfavorecidos económicamente están lejos de mostrarla como una millonaria con complejo de salvadora. Hay un carácter único, íntimo y puro en sus interacciones con otros. En palabras de ella misma “todo pasa por una razón”, y se permite aprender de otras personas y las situaciones que le ocurren lo mejor que puede, sin negar sus imperfecciones y debilidades.

Esta brillante autoconsciencia ayuda a romper una barrera común en este tipo de documentales, la identificación del público con una celebridad de apariencia inalcanzable. Más allá de la frase genérica de “el dinero no da la felicidad”, el problema recae en que, ocasionalmente, la glorificación de la fama y la muestra banal de las angustias de los artistas, resultan frustrantes y desapegadas de la realidad de muchos.

Tal vez es porque Gomez es una fantástica oradora y una persona con inteligencia emocional que expresa de manera aguda y pertinente sus malestares físicos y emocionales, pero Mi mente y yo destaca en ese aspecto. Ella se resiste a ser clasificada como un juguete roto. La sensación de insuficiencia la ha estado acompañando desde la infancia, pero tiene logros y reconocimientos que la contradicen. La percepción de soledad y el temor al abandono la han perseguido, pero tiene un núcleo familiar estrecho y amistades atentas. Estas percepciones erróneas de la realidad se muestran como genuinas y comprensibles.

Es la autoconsciencia de Selena lo que marca la diferencia y convierte su relato en una exploración universal de la lucha contra las enfermedades mentales y la sensación de ser nuestros peores enemigos. N obstante, la narración no es perfecta. Varios puntos y transiciones de tiempo son toscas e inarticuladas, esto más a causa de la estructura narrativa, así como la ambivalencia de la narración: en parte con la voz de Gomez empleando lirismo, como si de un diario íntimo se tratase, en parte por sus familiares y amigos. Resultará frustrante para algunos los escasos incisos que Selena hace sobre su carrera musical y actoral.

Lo que es digno de celebración es que no hay un ápice de sensacionalismo en Mi mente y yo, por lo cual, sus momentos más duros y revelaciones más dolorosas son contados con discreción y paciencia. La resolución deja a una Selena Gomez que lucha con diferentes aspectos de su vida, pero con una esencia diferente a la de hace años. Sus grandes preocupaciones son sentir que utiliza lo mejor que puede sus plataformas y no volver a perderse a sí misma. Su conmovedor mensaje final es tanto una conversación con ella misma como con el espectador. Nos permite identificarnos, recordando el valor del amor propio y de sentirnos suficientes, aprendiendo a convivir con lo peor y mejor de nosotros mismos.

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