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Seagrass: agridulce cuento de fantasmas y crisis familiar

Escrito el 4 marzo, 2024 @CesarAndreZzZ

Dirección: Meredith Hama-Brown.

Guion: Meredith Hama-Brown.

Elenco: Ally Maki, Luke Roberts, Chris Pang, Nyha Huanga Breitkreuz, Remy Marthaller, Hannah Bos, Benjamin Goas, Danielle Klaudt.

País: Canadá.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt23642420/

Seagrass. Dir. Meredith Hama-Brown. Experimental Films. 2023.

En el documental Heart of a Dog (2015), la directora Laurie Anderson dice que “todas las historias de amor son historias de fantasmas” para reflexionar sobre sus traumas familiares, la compleja relación que tenía con su madre y la inquietante consciencia de la fragilidad de las relaciones humanas. La frase no ha abandonado mi cabeza, pues me parece tan sombría como hermosa al plantear el limbo entre lo terrenal y lo sobrenatural como clave para entender las formas complejas en las que expresamos el amor.

En Seagrass, largometraje debut de Meredith Hama-Brown, la reflexión de Anderson sirve como vehículo para el conflicto interno de sus personajes, construyendo discretos elementos sobrenaturales para desarrollar una madura y emotiva historia de crisis familiar.

En el verano de 1994, en una isla de la Columbia Británica, una familia viaja a un resort con intenciones terapéuticas. El matrimonio interracial de Judith (Ally Maki) y Steve (Luke Roberts) no está en su mejor momento. La madre de Judith falleció hace cinco meses y la pareja atraviesa por el desgaste natural de la rutina y la convivencia. Asisten a sesiones de terapia grupal dirigidas por una terapeuta peculiar que propone estrategias inusuales para trabajar la comunicación y la represión emocional.

Mientras tanto, las hijas de la pareja, Stephanie (Nyha Breitkreuz) y Emmy (Remy Marthaller), se entretienen con otros niños de la zona en un campamento de escasa supervisión adulta. Al borde de la adolescencia, Stephanie no tiene interés en jugar con su hermana menor. La pequeña Emmy debe resignarse a jugar en solitario, desarrollando miedos intensos por una cueva cercana a la región costera donde se hospedan.

A través de cuatro personajes con un bagaje emocional propio e inseguridades a flote, Seagrass consolida un drama familiar soberbio enriquecido por diálogos brillantes, interpretaciones naturales y la honestidad sin tapujos de Hama-Brown al representar la crisis de un matrimonio, naturalizando la crueldad e inmadurez que aparece hasta en las relaciones más idílicas. Hama-Brown reconoce que la familia es una entidad social compleja, compuesta por varios seres pensantes e independientes que influyen en el clima familiar desde el actuar o el silencio. En Seagrass, todos los miembros de la familia experimentan conflictos internos relacionados con su incapacidad para comunicarse de manera efectiva y confiar en los otros para apoyarse en su sufrimiento colectivo.

La película disecciona a cada miembro de la familia como si la directora fuese su terapeuta y conociera el microcosmos emocional que reprime. Judith atraviesa un duelo complicado. Como hija de migrantes japoneses siempre ha sentido un conflicto con su identidad y la muerte de su madre destapó inseguridades relacionadas al nacionalismo. Ally Maki es fantástica en este papel porque es el puente que conecta a todos los miembros de la familia. Judith es la típica madre “superheroína” que resuelve todo, pero que, en su momento de vulnerabilidad, nadie tiene compasión con ella. La creciente frustración e ira de Judith no se limita al duelo y a la crisis matrimonial, también se relaciona con su identidad como migrante japonesa y los conflictos culturales.

La dinámica que comparte con su esposo Steve se presenta con inteligencia, ya que habla no solo de los roles de género perpetuados en relaciones heterosexuales, sino porque estudia el ecosistema del amor romántico con espinosos matices, haciendo énfasis en la fragilidad del ego y la melancolía de extrañar momentos pasados de la vida de pareja, resistiéndose a los inevitables cambios que exigen las relaciones.

Judith y Steve se proyectan en Pat (Chris Pang), un atractivo joven asiático que asiste a las sesiones terapéuticas. Para Judith, Pat despierta una angustia existencial respecto a su nacionalidad y la poca pertenencia que tiene con la cultura asiática; para Steve, representa un golpe a su ego masculino al observar la seguridad económica y emocional del joven.

La dupla de actores trazan una representación genuina de los gajes del amor sin tomar bandos y evitando la villanización. La condescendencia, la pasivo-agresividad, el recelo y las culpas hipócritas que se lanzan recuerdan a la tan repetida escena de Anatomy of a Fall (Justine Triet, 2023). Transmiten una sensación punzante y dolorosa al representar que el amor muere cuando se convierte en costumbre, y que algunas asimetrías y palabras hirientes no tienen reparación por más terapia que se haga.

De manera paralela, Stephanie y Emmy tienen sus propios conflictos. La primera está demasiado preocupada por las apariencias y la necesidad de pertenecer a un grupo de niños que hacen comentarios racistas, la segunda se conforma con su soledad, aterrada por cuentos de fantasma y la idea de que su abuela fallecida puede visitarla en cualquier momento. Es hermoso y desgarrador como Hama-Brown elabora la hermandad en Seagrass. Para los hijos de padres divorciados, la película puede ser un detonante de traumas, exponiendo el silencio agonizante de los hijos ante las discusiones de sus padres.

La cinematografía de Norm Li de 35 mm tiene una exquisita textura granulada, jugando elegantemente con las perspectivas y los escenarios. Los paisajes costeros canadienses son imponentes y aterradores particularmente porque se muestran desde la perspectiva de Emmy. La cámara sigue a la familia como un fantasma que vigila sus ruidos y silencios, y la sensación espectral e inquietante se mantiene consistente de inicio a fin.

En Seagrass, los fantasmas y los humanos parecen convivir en un mismo plano, evocando el miedo a perder las relaciones tal y como las conocemos porque el cambio es una de las cosas más aterradoras que existen. Es una cinta hermosa, un viaje rebosante de sentimientos a la naturaleza imperfecta y transitoria del matrimonio, la hermandad y la familia en general. La directora plantea que en las crisis, peleas e inconformidades que surgen de la convivencia, es donde la familia puede encontrar fuerza o, por el contrario, un quiebre irreparable.

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