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Rotting in the Sun: tragicomedia fálica sobre suicidio e influencers

Escrito el 5 diciembre, 2023 @CesarAndreZzZ

Disponible en: MUBI.

Dirección: Sebastián Silva.

Guion: Pedro Peirano, Sebastián Silva.

Elenco: Sebastián Silva, Jordan Firstman, Catalina Saavedra, Mateo Riestra, Juan Andrés Silva, Rod Keller, Gerardo Sierra, Vitter Leija, Alberto Rafael Cortés, Martine Gutierrez, Anajo Aldrete, Gustavo Melgarejo.

Países: Estados Unidos, México.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt24146896/

“No merece la pena matarse: siempre lo hace uno demasiado tarde.”

– Émile Cioran, The Trouble with Being Born.

Rotting in the Sun. Dir. Sebastián Silva. MUBI. 2023.

Desde que leí la frase “Absolutamente pequeño aquél para quien son muchos los motivos razonables para abandonar la vida” del filósofo griego Epicuro, en una clase de filosofía de la universidad, no ha abandonado mi mente. Mi obsesión se basa en que plantea una disyuntiva ante el tema del suicidio; por una parte, tilda de cobardía el acto de atentar contra la propia vida, y por otra, menciona que alguien puede tener “motivos razonables” para querer hacerlo.

No hay tema sobre el que se haya filosofado más que sobre la muerte porque nos concierne a todos, es cotidiana e inevitable. Por tanto, resulta difícil no caer en banalizaciones pretenciosas cuando se habla de ella. El suicidio particularmente se sabe como un asunto de salud mental serio y sensible, al menos para cualquiera con lógica y madurez. Esto no evita que, a través de soliloquios fútiles, algunos artistas “reflexionen” sobre sus propias ideas suicidas.

Aquí entra el director chileno Sebastián Silva como un representante cínico que, a través de la metaficción y el autodesprecio, se burla con descaro de sus (y nuestras) neurosis pesimistas, contemplando miserablemente la vida desde el ensimismamiento absurdo. Silva no es ajeno al humor negro, ya lo mostró en la excelente La nana (2009), satirizando el enfrentamiento de clases sociales en un hogar. No obstante, es Rotting in the Sun la película con la que Silva rompe el techo de la impudicia al interpretarse a sí mismo como un cineasta deprimido, frustrado por un bloqueo creativo y contemplando suicidarse con Fenobarbital (el cuál lee que en México se consigue con facilidad).

Sebastián se regodea en la miseria de sí mismo como un insufrible adicto a la ketamina viviendo en un caótico taller en remodelación cuidado por Vero (Catalina Saavedra), la empleada doméstica, y leyendo pasajes de The Trouble with Being Born de Émile Cioran como si fuesen un mantra de vida vacía y sin propósito. Su amigo y casero Mateo Riestra, además de burlarse y alentar sus chistes suicidas, le recomienda visitar una playa nudista gay en Zicatela para despejar la mente.

Aquí, en medio de un festival de penes que se bambolean frente a la cámara, Sebastián conoce a Jordan Firstman, un desinhibido influencer que no piensan dos veces antes de arrojar líneas como “el suicidio es para maricas”. Jordan, fanático de sus películas, le propone a Sebastián trabajar en un proyecto documental, pero sus personalidades se repelen. Silva es prepotente en su concepción nihilista de la vida a raíz de sus frustraciones artísticas, mientras que Firstman es demasiado suelto y libidinoso como para aguantar la pesadez del otro.

La trama de Rotting in the Sun se complica a través de impensables giros. Entre el thriller y la comedia, la película maniobra temas explorados antes en la filmografía de Silva, como el clasismo y la condescendencia con la que se tratan a las empleadas domésticas, pero también se mueve en terrenos nuevos, mostrando a sus protagonistas como contrapartes miserables y vacíos.

Desconozco que tanto del personaje de Firstman es una versión exagerada de sí mismo. De cualquier forma, la estrella de las redes sociales ofrece una de las mejores actuaciones cómicas que he visto en años. Jordan satiriza el histrionismo, la pedantería y el postureo que caracteriza a la cultura influencer, a través de un monigote exagerado y ególatra que solo sabe conectar con otros hombres a través del sexo y que cree es indispensable para el mundo porque “entretiene a la gente”. Firstman es una versión gay e hiperactiva de Kurt Kunkle de Spree (Eugene Kotlyarenko, 2020) o de Logan Paul de la vida real, con una representación perversa y mordaz de todo lo que está mal con las redes sociales.

Por su parte, Silva tiene un inagotable tono cómico basado en el fatalismo y la depresión. Es una muestra bochornosa de la banalidad suicida que adopta el trillado existencialismo de “todos son estúpidos menos yo” como personalidad. El caos lo circunda, pero no hay mayor ruido que el de su propia mente exigiéndole productividad. No contempla el suicidio como la consumación de una mente deprimida, sino como un romantizado y petulante idealismo de superioridad.

Es un pequeño, pero magnífico detalle la fascinación de Sebastián con The Trouble with Being Born, un libro bellamente escrito, pero radicalmente reducido a sus posturas antinatalistas. La anatema del artista convierte a Silva en un Cioran moderno, obsesionado con odiar su existencia y sufrir en nombre del arte. Es de admirar que un director se desnude tanto sobre sus propias neurosis.

La película tiene una tercera actuación deslumbrante en Catalina Saavedra, actriz versada capaz de llevar sobre su rostro y cuerpo el peso de cientos de emociones distintas. Interpretando a la nerviosa y pasiva Vero, Saavedra transmite de manera visceral las tensiones existentes entre las clases privilegiadas y trabajadoras. También ayuda que la película muestre con sutileza la gentrificación en México. Consternada por sus secretos y buscando complacer los caprichos de Sebastián y eventualmente de Jordan es difícil no sentir empatía por Vero, aunque la película encuentre divertimiento en su desespero.

La fotografía de Gabriel Díaz es ingeniosa en su proximidad física asfixiante, flotando entre los personajes y sus dramas como una pluma. En las escenas de la playa captura decenas de penes sin rostro. La exposición del sexo está lejos mostrarse como erótica, más bien tiene la misma pulsión instintiva de Stranger by the Lake (Alain Guiraudie, 2013), mostrando el deseo y posesión en las dinámicas del sexo gay con irrefrenable crudeza.

Rotting in the Sun vive bajo la hedonista filosofía de “que hablen bien o mal, lo importante es que hablen”. La encontramos en un sentido del humor perverso y un subversivo homoerotismo crudo y primitivo. Silva se deja llevar por sus más bajos instintos para elaborar un retorcido cuento cómico sobre la decadencia humana que nace en nombre del arte y aquella “pequeñez” a la que Epicuro hacía referencia en su frase por el ensimismamiento banal y ególatra. El resultado final es un viaje salvaje y sensual, una obra cochambrosa y cautivante.

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