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Robot Dreams: apego y pesadillas de abandono

Escrito el 22 febrero, 2024 @CesarAndreZzZ

Dirección: Pablo Berger.

Guion: Pablo Berger basado en la novela gráfica del mismo nombre de Sara Varon.

Elenco vocal: Ivan Labanda, Tito Trifol, Rafa Calvo, José García Tos, José Luis Mediavilla, Graciela Molina, Esther Solans.

Países: España, Francia.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt13429870/

Robot Dreams. DIr. Pablo Berger. Neon. 2023.

Estamos tan acostumbrados a usar las palabras como medio de expresión emocional que resulta impresionante cuando un producto de entretenimiento muestra que los diálogos sobran cuando se escribe con sinceridad y pasión. La grata sorpresa en la categoría animada de los premios Óscar de este año es Robot Dreams, una cinta deslumbrante que cumple con esa elocuencia emocional, explorando el mundo interior de sus personajes sin recurrir a un solo diálogo. La película de Pablo Berger es una sencilla, pero demoledora reflexión sobre temas antiquísimos de angustia humana: amor, amistad, soledad, apego y miedo.

En un Nueva York ochentero poblado por animales humanizados – al estilo de Zootopia (Rich Moore y Byron Howard, 2016) – Dog es un perrito solitario que trabaja como artista callejero. Observa con recelo y melancolía como todos los animales de la ciudad parecen tener su alma gemela, sea en una pareja, amistad o familiar. Este prólogo brinda esa sensación angustiante de falta de pertenencia afectiva porque por naturaleza, necesitamos de vínculos para sobrevivir.

Dog entonces compra un robot que ve en un anuncio televisivo. Después de armarlo, Dog y su robot se vuelven inseparables. El robot es un lienzo en blanco y el perro lo moldea a su antojo para que sea el amigo o la pareja perfecta para aliviar su soledad. En un simpático montaje musical al ritmo de September de Earth, Wind & Fire forman una amistad. El robot desarrolla sentimientos de apego por Dog, a quien observa no solo como un compañero, sino como una especie de deidad.

El idilio es interrumpido por un viaje a la playa que sale mal y la relación de Dog y el robot es puesta a prueba. Entonces, Robot Dreams hace justicia a su título mientras seguimos de manera paralela al robot en su sueños y pesadillas, y a Dog en sus intentos desesperados por remediar un problema del cual se siente culpable.

Berger adapta la novela gráfica de Sara Varon en un espectáculo visual y sonoro repleto de madurez e inteligencia emocional que refuta el planteamiento de que la animación es “cine para niños”. Son varios los planteamientos de Robot Dreams que resultan ingeniosos. En primer lugar está la idea de poder literalmente “comprar” un amigo o una pareja. Es una triste analogía a la era digital, en la que la soledad y la desesperación por conectar con otro puede llevar a las personas a llenar sus vidas de vínculos vacíos y artificiales. Aunque ambientada en los años ‘80, la película se mantiene vigente porque el desgaste físico y emocional que ocasiona la soledad es un problema atemporal.

De la misma manera en la que Lars and the Real Girl (Craig Gillespie, 2007) mostró a Ryan Gosling enamorándose de una muñeca sexual como un mecanismo de defensa para apaciguar su sensación de vacío existencial, Dog compensa su soledad con un amigo que no ofrece mucha resistencia y se muestra curioso ante lo que sea que el perro tenga para ofrecer. Es brillante la manera en que la película explora los personajes desde la naturaleza de sus actos para llegar a su núcleo cálido y libre de juicios. Dog necesita de compañía para no sentirse solo y el robot necesita de compañía porque ama el acto en sí de estar acompañado. Esta disyuntiva le da una capa adicional de complejidad al guion.

Irónicamente, a través del robot vemos proyectados algunos de los miedos más comunes de los seres humanos: el abandono, el reemplazo, la noción de que no somos realmente únicos en este mundo y la mortalidad. Berger evita sobrecomplicarse y explora estos orgánica y directamente, y la melancolía traspasa la pantalla.

Adicionalmente, la belleza de la película se siente en lo visual y auditivo. Estéticamente, los colores son rebosantes y cada fotograma da vida a la ciudad de Nueva York, con todo lo resplandeciente y solitaria que se puede sentir. El sonido y la banda sonora de Alfonso de Vilallonga complementan el ritmo dinámico de la cinta. A través de ruidos callejeros o silbidos, el filme forja belleza y emoción que conducen a un inevitable desenlace emotivo y desgarrador.

Robot Dreams es hermosa y profundamente reflexiva porque a través de animales mudos muestra un reflejo de los sueños y pesadillas que tenemos entorno a las relaciones afectivas. Es devastadora y melancólica, pero catártica. A fin de cuentas, amar también implica aceptar nuestras neurosis afectivas, confrontar los apegos insanos y madurar aprendiendo que no es lo mismo querer vincular con otros a querer dejar de estar solo.

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