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Riceboy Sleeps: deconstruyendo la belleza del amor materno

Escrito el 13 diciembre, 2023 @CesarAndreZzZ

Dirección: Anthony Shim.

Guion: Anthony Shim.

Elenco: Choi Seung-yoon, Ethan Hwang, Dohyun Noel Hwang, Anthony Shim, Hunter Dillon, Jerina Son, Kang In-sung, Choi Jong-ryul, Lee Yong-nyeo, Vanessa Przada, Tristan Ranger.

Países: Canadá.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt13456340/

Riceboy Sleeps. Dir. Anthony Shim. Game Theory Films. 2022.

Hay un momento en la vida en el que nos detenemos a deconstruir la imagen de nuestros padres. Entendemos que existen antes y después de nosotros, que el concebir es la experiencia formativa definitiva para cualquier persona, y que los cambios en su vida después de tenernos fueron inhóspitos y aterradores. Es difícil, sino casi imposible, entender la especificidad de la vivencia paterna, así como el vínculo de dependencia y la naturaleza intransigente de la crianza.

En Riceboy Sleeps encontramos una película que, además de tener claro su estilo y puesta en escena, es una obra sublime que reflexiona sobre la esencia de ser hijo y padre, con una experticia que recuerda a Andrei Tarkovksy en la magistral Mirror (1975), al adentrarse en los amargos pasajes de la memoria con una transparencia tal que sentimos que nos habla directamente a nosotros y a nuestra historia, aunque nuestras circunstancias de vida difieran de los personajes.

En su segundo largometraje, el director, guionista y actor Anthony Shim rememora sus experiencias para trazar una fábula introspectiva de la vivencia del migrante y la fragilidad de la estructura familiar. Riceboy Sleeps se asemeja a Minari (Lee Isaac Chung, 2020), narrando desde la perspectiva infantil la adaptación de una familia coreana en un nuevo país. No obstante, ambas películas difieren conceptual y geográficamente, pues mientras que la de Chung está situada en la rural Arkansas, Estados Unidos, la de Shim se ubica en los suburbios de Vancouver, Canadá.

En un cautivante prólogo, observando la puesta de sol y los paisajes montañosos, un narrador cuenta la historia de So-Yong (Choi Seung-yoon), una mujer surcoreana que, luego de vivir una serie de infortunios, incluyendo el suicidio de su esposo mientras estaba embarazada, decide escapar de su país, cortar contacto con su familia y aventurarse en Canadá para empezar de cero con la esperanza de dar las oportunidades que nunca tuvo a su hijo, Dong-hyun.

En los años 90, Dong (Dohyun Noel Hwang) es un tímido niño de siete años que se rehúsa a ir a la escuela. Sus lentes gruesos, rasgos físicos, nombre y la comida coreana que lleva de almuerzo son motivo de bullying por parte de una mayoría de niños blancos. So-Yong tiene sus propios problemas en el trabajo: la barrera del idioma, jefes xenofóbicos y compañeros que acosan sexualmente a las mujeres.

Ante la indiferencia de la directiva para frenar los comportamientos racistas de los niños, Dong usa la fuerza bruta para defenderse de sus acosadores y es temporalmente suspendido de la escuela. Aquí recibe una lección por parte de su madre que se quedará grabada en su memoria: “un hombre solo puede llorar tres veces en su vida: cuando nace, cuando muere su madre y cuando muere su padre”.

Con aquella moraleja sobre masculinidad y coraza emocional, la película salta en el tiempo, contemplando a un Dong adolescente (Ethan Hwang). Se tiñe el cabello de rubio y usa lentes de contacto azules, en parte para rebelarse ante la autoridad de su madre y en parte por su desesperación de pertenecer y ser aceptado por los adolescentes blancos de los suburbios canadienses. So-Yong no ha dejado de ser la madre helicóptero devota a las necesidades y preocupaciones de su hijo, ni siquiera la aparición de un nuevo interés romántico, Simon (interpretado por el mismo Shim), la aleja de ser una madre que antepone a su hijo por sobre sus necesidades afectivas y sexuales.

A pesar de que el punto de giro de la película implica malas noticias para la familia, lo que más impresiona de Riceboy Sleeps es como evita el melodrama y los facilismos. Es una cinta alérgica a las simplificaciones, solapándose en un guion que cava con paciencia las capas de sus personajes, llegando al núcleo de las heridas familiares más comunes y desgarradoras.

La interpretación titánica de Choi Seung-yoon se refuerza por la exquisitez del guion de Shim y la irresistible química que comparte con el elenco. En So-Yong está la representación de una maternidad abnegada e imperfecta. Evita el tema del padre de Dong, para protegerlo del trauma, y es tosca al relacionarse con un adolescente insolente, poniéndose a su nivel en ocasiones. Lo que queda claro, sea en la niñez o la adolescencia, es que está dispuesta a entregar cuerpo y alma por su hijo.

Pocos personajes transmiten con tanta visceralidad el dolor de ser madre, bajo la consciencia de que uno o varios seres humanos dependen de ti en todos los sentidos imaginables, y que, por más amor y dedicación, no hay garantías de bienestar para ellos. Lejos de idealizar estas concepciones romantizadas, la película confronta el desgaste emocional de la maternidad sin caer en señalamientos triviales.

La película no sería tan descarnada y desgarradora de no ser por cómo Seung-yoon construye y deconstruye a So-Yong: desde el embotellamiento de sus emociones, pasando por la resistencia de confrontar la simbiosis que ha formado con su hijo, hasta los momentos de cómica espontaneidad con sus compañeras de trabajo. Es una interpretación con tantos matices que asombra maniobre con tal perspicacia entre ellos.

El resto del elenco mantiene el nivel actoral. Como Dong niño, Dohyun Noel Hwang es una dosis de ternura sincera y vulnerable, tratando de definir su lugar en una escuela simbólica de la sociedad, con acosadores en cada esquina y autoridades indiferentes. Ethan Hwang, como Dong adolescente, transmite el ensimismamiento egoísta de la edad, soberbio, amargado y conflictuado por su sentido de pertenencia; como migrante, al igual que su madre, siente que debe desaprender y aprender cosas para reafirmar su identidad nacional.

En Riceboy Sleeps encontramos algunas de las discusiones madre-hijo más naturales que se hayan puesto en una película. Shim es un maestro para elaborar las dinámicas hogareñas y las tribulaciones del vínculo entre Dong y So-Yong; son trasparentes a un punto en el que parecen un ataque personal, y nos confronta con la crueldad y apatía con la que a veces tratamos a nuestros padres.

La fotografía de Christopher Lew es extraordinaria, recordando al cine de Terrence Malick por el lirismo y armonía con la que crea imágenes deslumbrantes. El encuadre y los delicados movimientos de cámara flotan en estado de gracia por las habitaciones. Además de registrar los gestos y las voces, se enfoca en los objetos, los detalles que conforman la cotidianidad de la familia. La música de Andrew Yong Hoon Lee es sobrecogedora e íntima, da la sensación de que en cualquier momento explotará con estridencia, pero es parte del clima implosivo y sofocante de la historia.

Se queda en mi mente la escena en la que So-Yong narra un cuento hermoso y desolador que permite dimensionar los secretos sofocantes que los padres guardan creyendo que protegen a sus hijos. Riceboy Sleeps es minimalista en estética y maximalista en emociones, ofreciendo un viaje que abruma por su compasión y humanidad. Shim desnuda sus memorias creando una obra maestra sobre las dinámicas familiares inconscientes, la identidad del migrante y los ecos del amor materno imperfecto.

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