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Priscilla (LFF 2023): la desmitificación del amor engrandecido

Escrito el 16 octubre, 2023 @alessandra_kr

Sección: Special Presentations.

Dirección: Sofia Coppola.

Guion: Sofia Coppola, Sandra Harmon, Priscilla Presley.

Países: Estados Unidos, Italia.

Elenco: Cailee Spaeny, Jacob Elordi, Dagmara Dominczyk.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt22041854/

Priscilla. Dir. Sofia Coppola. 2023.

¿Acaso hay alguien más apta para capturar la pérdida de la inocencia femenina que Sofia Coppola? Filme tras filme, la cineasta estadounidense demuestra una sensibilidad y tacto que representan fielmente la revolución emocional, mental y psicológica que sucede tras las bellas e inocentes caras de sus protagonistas. Ya sea unas adolescentes creciendo en un suburbio estadounidense (The Virgin Suicides, 1999); una mujer solitaria en Tokio (Lost in Translation, 2003); o una integrante de la nobleza, incomprendida y alejada de la realidad (Marie Antoinette, 2006), Coppola conoce y reconoce los matices que suceden detrás de los rostros de perfección, tradición y refinamiento que tanto le atraen.

Con tal experiencia en su amplia filmografía, no es sorpresa que su más reciente esfuerzo directoral dé un vistazo a la vida de Priscilla Presley, inmortalizada por cautivar al rey del Rock, Elvis Presley, y por vivir el sueño de toda joven del siglo XX. Para poca sorpresa de aquellos conocedores de sus intereses, lo que se obtiene de esta exploración íntima es la desmitificación de las apariencias glorificadas en la cultura popular para descubrir a la joven detrás del cabello gigante, el delineador perfecto y el semblante angelical. Al hacer esto, Coppola mata dos pájaros de un tiro, pues también se adentra en la intimidad de la máxima estrella de la música para presentar a un hombre lleno de caprichos, machismos y juegos mentales que están lejos de la persona enigmática y adorada en público (y ni qué decir de la imagen dañada y victimizada presentada en la reciente Elvis).

Priscilla está exclusivamente interesada en explorar la vida de la protagonista a partir de su aproximación con Presley, iniciando cuando ambos se conocen en una base militar estadounidense en Alemania. Ella (Cailee Spaeny) es una jovencita de 14 años que vive aburrida, sin realmente conectar con nadie. Él (Jacob Elordi) es Elvis Presley. Cuando un día un soldado se le acerca a Priscilla invitándola a una fiesta con la presencia del cantante, ella por supuesto que hace hasta lo imposible por convencer a sus padres de que la dejen ir.

Así inicia una relación aparentemente platónica, aunque con una desigualdad de poder evidente que se extiende por años. Él viaja alrededor de Estados Unidos, filma películas, graba discos y es el foco de chismes de espectáculo, mientras que ella espera, espera y espera la reaparición del hombre que podría tener a cualquier mujer que quisiera a su lado, pero que la eligió. Esta apreciación existe a lo largo de la película, primero como un milagro fortuito y después como una piedra difícil de eliminar. En estas circunstancias sucede la maduración y emancipación de la joven, su crecimiento sucediendo como parte de una relación abusiva, con un poder desbalanceado y en su contra.

Aunque nunca se aborda la vida profesional de Elvis, Coppola está interesada en la realidad de la vida a puerta cerrada de los famosos. De nuevo, esto ya es parte del ADN de su filmografía (The Bling Ring, Marie Antoinette y Somewhere son ejemplos perfectos). En esta cinta, mientras que hay fanáticos y fotógrafos a todas horas afuera de Graceland, adentro es una prisión de cristal en donde Priscilla pasa días únicamente acompañada de su mascota a la espera de Elvis. Una vez que este reaparece, la joven vive para él, respondiendo y alimentando sus voluntades y necesidades, y negando las suyas, las cuales cada vez se vuelven más evidentes e incuestionables. Aunque al inicio estas actividades son más que suficientes para la joven enamorada, pronto el ciclo se vuelve cansado, aburrido y desesperanzador. ¿Será que esto es lo único que le espera?

Cailee Spaeny como Priscilla ofrece una interpretación ingenua y tenue que refleja la inexperiencia de la joven que debe lidiar con cosas de adultos. Cual muñeca, siempre controlada, y la mayoría de las ocasiones insatisfecha, su voz baja y dulce nunca cambia, incluso cuando su crecimiento la lleva lejos de Elvis. Spaeny carga con la película, sin nunca desaparecer de escena y ofreciendo una interpretación tan suave y controlada que fácilmente se podría dar por sentada, haciendo más impresionante su labor.

Elordi, haciendo buen uso de su ahora encasillada persona de novio temperamental y abusivo, no se preocupa por personificar a Elvis, únicamente adecuando su voz, pero sin interesarse en “convertirse” en la persona. Nunca se olvida que estamos viendo al actor, pues no hay una transformación radical; no obstante, su presencia va más allá de esto: Elordi o Elvis, se entiende la fascinación que Priscilla tiene hacia él, pues se presenta a un ser igualmente cautivador como dominante. El ideal inalcanzable está presente y no es necesaria una transformación física para divisarlo y comprenderlo. Su interpretación va más allá de lo tangible para enfocarse en lo emocional y lo mental.

La maestría de Coppola recae en que no maneja ningún discurso condescendiente ni aleccionador. Los mensajes de sus películas relucen a través del subtexto y Priscilla no es la excepción. A través de montajes de cambios de look, de Priscilla alistándose con su nuevo maquillaje y cabello, grabaciones caseras de fiestas en la piscina o una mirada adorada – potencializada por una cámara lenta usada sabiamente – de la joven hacia Elvis es que se entreven las rajaduras y abusos en la relación. Comentarios microagresivos, actitudes desdeñosas y posesivas, encabezados de revistas sobre infidelidades que nunca son aclaradas hasta momentos de violencia física y emocional poco a poco oscurecen la relación aparentemente perfecta e idealizada por la muchacha.

La desmitificación de la relación se lleva a cabo de la manera más hermosa posible. Priscilla es un encanto visual y sonoro, marcada por colores pastel y texturas suaves, gracias al diseño de producción de Graceland, capturando cada rincón pulcro y extravagante; los vestuarios a cargo de la colaboradora recurrente de Coppola, Stacey Battat; la fotografía que refleja el lujo y el estado alucinado en el que ella vive, solo para oscurecerse en los momentos de duda e intranquilidad; y la curación de la música con clásicos románticos de la época que en ocasiones pareciera que observamos un comercial del ideal estadounidense al que todo mundo aspira.

Priscilla es un recordatorio (no que hiciera falta) de la agudeza creativa de Sofia Coppola para ir más allá de las apariencias y presionar los botones necesarios para desmitificar a los dioses modernos. Así, la imagen intocable de los Presley se desvanece para dejar en su lugar a dos personas, unidas por un amor ilusorio de un lado, y tóxico del otro, caracterizado por la manipulación, el control emocional y la decepción afectiva. Por eso, esta historia llega a su clímax emocional cuando la joven al centro de la historia se despierta e inicia su largo camino a la emancipación, dejando atrás el cuento de hadas y abriéndose a las posibilidades de la vida real.

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