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Pobres criaturas: ¿el fin justifica los medios?

Escrito el 31 enero, 2024 @StarcoVision

Dirección: Yorgos Lanthimos.

Guion: Tony McNamara basado en la novela Pobres criaturas de Alasdair Gray.

Elenco: Emma Stone, Mark Ruffalo, Willem Dafoe, Ramy Youssef, Christopher Abbott y Jerrod Carmichael

Países: Estados Unidos, Reino Unido e Irlanda.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt14230458/

Pobres criaturas. Dir. Yorgos Lanthimos. Searchlight Pictures. 2023.

Una mujer de espaldas a la luz de la luna. Se puede apreciar como su vestido azul se fusiona con el mar que la rodea, casi como si fuese una pintura. La escena, en su trasfondo, poco tiene de bella. Esa mujer, cuya cara desconocemos, cuya historia ignoramos, está cometiendo el acto más doloroso y desesperanzador que un ser humano puede hacer: quitarse la vida. Lanthimos nos introduce a sus pobres criaturas de la manera más vil posible, con un final que en sí da lugar a un comienzo. Aunque, así y todo, nada es lo que parece.

Situada en la época victoriana, Pobres criaturas tiene como eje central a Bella Baxter (Emma Stone), una suerte de niña mujer con el desarrollo físico de una adulta, pero la mentalidad casi que de un bebé. En apariencia, Bella parece un típico caso de una persona cuyas capacidades se encuentran limitadas. Sin embargo, lejos está de ser así. Bella es casi que una Frankenstein, producto del ingenio cuasi maligno del cirujano Godwin Baxter (Willem Dafoe), a quien ella cariñosamente apoda God y que la cuida como un padre. Es que Bella es, en cierta forma, su hija, su creación.

Un día, el Dr. Godwin, le propone a uno de sus estudiantes, Max McCandles (Ramy Youssef), que sea su asistente en el proyecto personal de custodiar a esta criatura que, según dice, él ayudó a sobrellevar una lesión cerebral. Poco a poco, Bella demuestra que la torpeza de sus capacidades no es por estar limitada, mucho menos son consecuencias de una dolencia, sino más bien está en la fase de autodescubrimiento, cual una niña en sus primeros años. Bajo la tutela de Max y Godwin, Bella empieza a convertirse de infante en una fémina completa. Forja su carácter, descubre el placer mediante la autosatisfacción y hasta se vuelve intolerable. Todos signos propios de la evolución del individuo.

A medida que Max comienza a encariñarse con Bella, una pregunta le carcome: ¿quién es realmente Bella Baxter? Para sorpresa de pocos, Bella es la versión Frankenstein de la mujer del comienzo, alguien cuya vida pasada es una incógnita para Godwin. En ese afán de jugar al científico loco, el Dr. Baxter rescató a esta mujer cuasi moribunda y tomó la decisión de jugar a Dios para devolverle la vida.

El plan es tan macabro como astuto, pues la mujer no quería seguir viviendo. En una era donde la salud mental es casi que un tabú, nadie habría en detenerse a preguntar el porqué de su pesar. Tampoco es el propósito del filme, figurado como una comedia ácida que coquetea con el absurdo. El guion de McNamara rinde honores a una novela que juega con la subjetividad humana, pero, en cierta forma, podría ser hasta legado de grandes exponentes del existencialismo.

En el théâtre de l’absurde hay un afán por cuestionar los pilares del ser humano, llegando a valerse de situaciones donde las personas carecen de un propósito o que sus mecanismos de comunicación son irracionales. En la historia de la resucitada Bella Baxter también hay tintes de ese absurde. Un personaje que es capaz de llenarse de azúcar, azarosa de golpear niños y que repite toda blasfemia que se le ocurre sin ningún filtro, mucho raciocinio parece no tener. En este proceso de auto exploración, a Bella se le permite darse una patada para “conocer el mundo”, saliendo del lugar seguro que se le construyó para ensuciarse de realidad. Así como los caballos blancos una vez que salen a la carrera nunca vuelven impolutos, lo mismo sucede cuando Bella recorre Europa con el inescrupuloso Duncan Wedderburn (Mark Ruffalo). Godwin, como un padre, hace un voto de confianza en que su creación puede valerse por sí misma.

Cuando la historia comienza a revolverse en los excesos de Bella, llega la ansiada iluminación cuando se la dota de una poderosa arma: la lectura. Así, un personaje que parecía destinado a la idiotez se convierte en el más ilustrado en un mundo que, por supuesto, algo de machismo tiene. Con los libros es la primera vez que Bella  obra con astucia sin necesidad de valerse del imperio de la masculinidad, pero a no confundirse, Pobres criaturas no es una oda al feminismo. Darle esa lectura sería someter la película a un reduccionismo innecesario. El filme es muchas cosas; demasiadas, me atrevería a decir. Peca de pretenciosa y deja la sensación de hinchar al espectador con su sobrecarga. Como en todo trabajo del griego Lanthimos, hay una crítica, más que nada a la sociedad en su conjunto, al retrato de una época que fue mejor dejar en el olvido (o a la que, preferentemente, jamás llegar), pero también al conformismo.

Bella es la auto obligada prueba de fuego de Emma Stone. El personaje exige destreza física y el genio de una intérprete capaz de emular comportamientos humanos primitivos sin caer en una farsa. Baxter podría haber rozado en ser una muñeca de ventrílocuo y no estaría mal, aunque poca justicia se le haría a una actriz que sabe pujarse a los límites. Alejandro González Iñárritu en Birdman (2014) y el mismo Lanthimos en The Favourite (2018) supieron dar una probada del ingenio de Stone al público. Sí, la actriz no es nueva en la industria, pero sus exhibiciones cada vez suponen desafíos más grandes, los cuales pasa con creces.

Mención especial tiene el elenco extendido del filme. Aquí vale cambiar la acepción de secundario del español a soporte en inglés. Stone es la estrella, pero ella sería incapaz de brillar si no tuviera unos intérpretes sosteniendo y dando forma a la historia. Willem Dafoe es fascinante sobre el cual, a diferencia de lo que dice su personaje, es imposible quitar los ojos de encima. Trae a la vida a un personaje que podría caer en una mera demencia, pero que se vuelve un lugar cálido, el atípico hogar. A este le siguen Ramy Yousseff como el ingenuo, pero afable estudiante, Mark Ruffalo como un villano bufonesco como si la Commedia dell’arte burlara a los ricachones ingleses que no tienen pizca alguna de finura en su ser, y Christopher Abbott como el enemigo más típico que termina siendo abatido por la inteligencia del ser que más subestima.

Pobres criaturas es la clase de película que se disfruta más en el después que en el durante. Lanthimos juega con una estética visual que deslumbra a cualquiera, pero con una vorágine de sentimientos que deja el corazón tan acelerado que una reacción “en caliente” no es la mejor. Uno va hilando las cuestiones de lo que sucede a medida que pasan las horas, cuando la mente comienza a asimilar los sucesos y los ordena de manera más o menos sensata. A la medida de nuestra sensatez, única e irrepetible. Al final, el trabajo de Lanthimos es una experiencia que perdurará por mucho. Podrán juzgarse los medios, así como lo que hace Godwin con Bella, pero cumplirá con su objetivo, ser tema de conversación. Bravo.

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