Pienso en el final: el mundo imaginario de un alma desolada

Escrito el 9 septiembre, 2020 @alessandra_kr

Disponible en: Netflix

Director: Charlie Kaufman

Elenco: Jessie Buckley, Jesse Plemons, Toni Collette, David Thewlis, Guy Boyd, Hadley Robinson, Gus Birney, Abby Quinn, Colby Minifie.

País: Estados Unidos

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt7939766/

 *Esta reseña contiene spoilers, así que sugiero que la lean después de haber visto la película.

No me sorprendería si su primera reacción sobre Pienso en el final, la nueva película de Charlie Kaufman, es de confusión y rechazo. Incluso ahora, mientras escribo esta reseña, es difícil definir si en verdad me ha gustado la película o si más bien admiro la destreza de Kaufman por hacer algo tan arriesgado e introspectivo. Creo que la respuesta yace en medio, aunque he de confesar que la aprecié después de días de reflexión.

Esta película puede tener interpretaciones diferentes, pues como típico proyecto de Kaufman, el director / escritor deja ahí las pistas para que el espectador llegue a sus propias conclusiones. Se puede saber mucho de una persona por la manera en que la interpreta. Por esto, como alguien que constantemente crea escenarios ideales en su mente, mentiría si dijera que esta cinta no causó revuelos emocionales.

Adaptada por Kaufman a partir de la novela del mismo nombre de Ian Reid (aunque con cambios significativos que dejan un desenlace más ambiguo), la película está compuesta por decenas de detalles y guiños a otras obras, auxiliada por una fotografía nítida y lúgubre por parte de Lukasz Zal, y un maquillaje clave hacia el final.

Pienso en el final sigue a una mujer (Jessie Buckley) que se dirige a visitar a los papás de su nuevo novio, Jake (Jesse Plemons, no creo que el hecho de que ambos actores se llamen igual sea coincidencia). En el camino, somos testigos de su monólogo interior en el que reflexiona que quizá es momento de terminar las cosas con Jake. Poco a poco, y a través de interacciones bizarras entre la pareja, así como con los padres del novio – Toni Collette y David Thewlis con excelentes interpretaciones – entendemos que esta historia es la cosa más extraña de la existencia.

El esqueleto de la película es el arte que marca a cada ser humano. En esta ocasión, la persona que alimenta la historia es Jake, traído a la vida por Jesse Plemons. Constantemente vemos guiños a aquellos proyectos que definieron su vida: ya sea películas – A Beatiful Mind –, obras de teatro – Oklahoma! –, libros – A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again de David Foster Wallace –, reflexiones –una crítica verbatim de Pauline Kael sobre A Woman Under the Influence – o poemas – Rotten Perfect Mouth de Eva H.D. – a través de la “personalidad” de la novia.

Plemons exuda una vibra peculiar e incómoda que justamente da sentido a la evolución de su personaje al del conserje solitario y nostálgico presentado alternativamente en la película. Una vez que se hace el clic en cuanto a la relación entre ambos personajes, las cosas comienzan a cobrar sentido.

Aun así, precisamente la comprensión es uno de los obstáculos principales de la historia. Queda claro que estamos viendo algo extraño, pero hilar todas las peculiaridades en pantalla es el gran reto. Esto no debería resultar sorpresivo, pues precisamente Charlie Kaufman ha cimentado su reputación a partir de los grandes dolores de cabeza que ha creado como escritor – Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Adaptation, Being John Malkovich – o como escritor / director – Synecdoche, New York o Anomalisa. Por eso, esta película requiere una observación meticulosa y quizá, múltiples revisiones.

La película se construye poco a poco a partir de la introducción de la mujer, interpretada magistralmente por Jessie Buckley, con todos sus cambios de humor, adaptaciones a los cambios de la historia, explosiones de emociones o momentos de duda y tensión. Ella se llama Lucy, o bueno, Louisa, o Yvonne, o quizá Lucía. Ella es científica, o no, es pintora, o más bien es estudiante de física cuántica o de gerontología, no no, más bien es poeta, o no, olvídenlo, es crítica de cine. El hecho de que continuamente cambie su ropa o estado de ánimo confirma que algo raro está sucediendo. A pesar de todas estas inconsistencias, algo queda claro: está pensando en terminar las cosas con su novio y le urge regresar a casa, entrando en una terrible odisea provocada por un Jake que se rehúsa a dejarla ir.

Lentamente, o quizá días después, comprendemos que estas inconsistencias se deben a que la historia del viaje para visitar a los padres de Jake no es precisamente real. Más bien, se forma en la mente del conserje que vemos de vez en cuando con base en el arte que devoró de pequeño, los sueños creados a partir de una vida solitaria y deseosa, y sus experiencias como conserje de una preparatoria.

Como pista evidente destacan los pequeños detalles absurdos que desconciertan a la audiencia. Ya sean los múltiples cambios en la identidad de la novia, los atajos mentales que eliminan detalles insignificantes – el hecho de que en el momento en que la mujer comienza a desesperar por el trayecto tan largo, lleguen al destino deseado, o que no haya apariciones y desapariciones extrañas de los personajes– o los arranques de furia por parte de Jake ante imprecisiones incómodas, el creador de este escenario ni siquiera parece decidirse sobre lo que está imaginando. Más bien, va cambiando de parecer conforme avanza la historia, dejando ver sus numerosos problemas con su familia y él mismo.

Quizá lo más perturbador y trágico es que ni siquiera este escenario imaginado es alentador. Constantemente se sienten actitudes pasivo-agresivas, interacciones hostiles y silencios incómodos entre Jake y la joven (su pareja ideal). Además, los comentarios abusivos de Jake hacia su madre o la actitud volátil de él demuestran que no todo está bien. ¿Por qué tu escenario amoroso imaginado incluiría una pareja que está pensando en dejarte? Es aquí donde entran los cuestionamientos existenciales y las reflexiones de autoconocimiento y satisfacción. Aquí cae la realización de la deprimente y nostálgica vida de este hombre.

Con un tono claustrofóbico – la mayor parte de la película se desarrolla en un carro, con un par de personas discutiendo apasionadamente – y un sentimiento continuo de que las cosas están mal, Pienso en el final es prácticamente la desenvoltura de los miedos y arrepentimientos de un ser solitario. Además, la película cuenta con elecciones narrativas bizarras – incluyendo una sección animada y la rendición de una bella coreografía inspirada en Oklahoma – que ofrecen múltiples capas existencialistas y absurdas que quedarán a la interpretación personal del observador.

A pesar de todos sus aciertos e interrogantes, el final de la película es el único defecto, pues después de tanto laberinto emocional y mental, se presenta un cierre limpio y drástico que invita a cuestionar la continuación de la creatividad exhibida previamente. No obstante, el valor principal de esta película recae en su historia, así como en los cuestionamientos que inspira entre la audiencia. Comprendan o no, esta película los hará sentir cosas y cuestionar su vida, ¿qué más podríamos esperar de un nuevo proyecto de Charlie Kaufman?

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