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Paul Dood’s Deadly Lunch Break (Fantasia 2021): humor negro, baile y mucha sangre

Escrito el 4 agosto, 2021 @bmo985

Sección: Selección oficial.

Dirección: Nick Gillespie.

Guion: Brook Driver, Nick Gillespie y Matt White.

País: Reino Unido.

Elenco: Tom Meeten, Kris Marshall, Johnny Vegas, Katherine Parkinson, Kevin Bishop, June Watson.

Palomómetro:

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Más información de la película: https://fantasiafestival.com/en/film/paul-doods-deadly-lunch-break

Paul Dood’s Deadly Lunch Break. 2021.

Un trabajo mal pagado. Una audición fallida. Humillación pública. Una lista de personas en su lista de venganza. Este hombre de alrededor de 40 años que vive con su madre ha tenido suficiente. No, no estoy hablando de Joker (Todd Philips, 2019), sino de la comedia negra Paul Dood’s Deadly Lunch Break, parte de la selección oficial de Fantasia Film Festival 2021.

Esta cinta del director Nick Gillespie (su primer largometraje Tank 432 debutó en este festival en 2015), cuenta la historia de Paul Dood (Tom Meeten), un hombre cuya ambición por el estrellato en una plataforma de redes sociales se trunca por una serie de personas odiosas. Apoyado incondicionalmente por su madre y enfocado en su sueño de fama, Paul no cae en cuenta del profundo patetismo de su vida: tiene un trabajo sin futuro, vive con su madre, su terapeuta es una charlatana y nadie toma en serio sus talentos. Es hasta que su soñada audición se convierte en una odisea de frustración y humillación que Paul decide vengarse de aquellos que, con o sin intención, obstaculizaron su camino.

Paul Dood’s Deadly Lunch Break es una sátira que se regocija en su protagonista patético y su posterior búsqueda de venganza contra el mundo. Paul es un hombre apegado a su madre (June Watson), convencido de que es una triple amenaza: baila, canta y actúa. Su miserable existencia es mitigada por el amor de ella, una anciana que lo apoya sin dudar. La interacción entre ambos está marcada por la dulzura y la ingenuidad, y cuando aparecen juntos a cuadro, no parece que la vida de Paul sea tan mala.

Sin embargo, el mundo es un lugar cruel para un hijo de mami como Paul. Una colección de cretinos serán los destinatarios de su furia después de su fallida audición. Es entonces cuando el filme de Gillespie se convierte en un festín sangriento. Sin embargo, Meeten no transforma a su personaje en un asesino múltiple, sino en uno que, al cabo de accidentes y coincidencias macabras, acumula una montaña de cuerpos a su paso. Su situación se complica porque Paul transmite en vivo por Internet su aventura furibunda. Pronto tiene a todo el departamento de policía de su localidad en alerta.

Paul Dood’s Deadly Lunch Break. 2021.

Gillespie encuentra el humor mediante una colección de personajes deleznables e igual de patéticos que Paul: un burócrata obsesionado con seguir las reglas, el dueño de una casa de té sin clientes, un cura y su asistente – ambos salidos de una novela del Marqués de Sade –, el anfitrión vanidoso del programa de talentos en el que pone sus esperanzas y su propio compañero de trabajo, cruel e indiferente. La inconcebible racha sangrienta de Paul es marcada por la torpeza, la ingenuidad y el choque de la fantasía con la realidad.

Gillespie hace uso de mucha sangre falsa para representar las muertes a cuadro, acentuando el carácter satírico de la andanada de violencia. Es una oportunidad de su protagónico para salir de su ensimismamiento. Este subgénero de venganza, más que remitir al personaje de John Wick, debe relacionarse más de cerca con el Guasón de Joaquin Phoenix.

En ambas películas, el protagonista es un hombre castrado, limitado por el mundo que lo rodea e incapaz de cumplir la promesa de la masculinidad. Falling Down (Joel Schumacher, 1993) y Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) podrían considerarse como las entradas paradigmáticas. La violencia caracteriza a estos filmes, y la cinta de Gillespie, a pesar de ubicarse como una comedia, no es la excepción.

Sin embargo, más que presentarla como una fuerza restitutiva utilizada por el protagonista, Paul Dood’s Deadly Lunch Break destaca la ingenuidad continua de Paul, quien, a pesar de ser sospechoso de múltiples homicidios, se mantiene adorable y empático. Paul no toma la píldora roja – símbolo que ha venido a representar la radicalización masculina hacia el movimiento de Internet racista y sexista –, pues no pasa de ser un hijo de mami a un asesino consumado.

De esta forma, Gillespie subvierte nuestras expectativas al nunca permitir que su protagonista pierda la inocencia que demostró en la secuencia inicial, a pesar de que lo veamos blandir una katana hacia la segunda mitad del filme. Cuando llega su momento de redención, Paul captura nuestras simpatías, ganadas a pulso mediante su estupidez encantadora, aun en sus momentos más oscuros.

Paul Dood’s Deadly Lunch Break. 2021.

Recordando a Rupert Pupkin interpretado por Robert De Niro en The King of Comedy (Martin Scorsese, 1982), Paul Dood también anhela la fama. Solo que, mientras que Pupkin soñaba con aparecer en el programa de televisión del personaje de Jerry Lewis, aquí Paul sueña con su equivalente del siglo XXI: cantar y bailar en un programa de talentos transmitido por Internet.

Respetando las distancias con esa joya subapreciada de Scorsese, Gillespie ha actualizado la historia central de aquella cinta: la fama como símbolo de estatus social y la manera en que la obsesión con alcanzarla provoca el desquiciamiento de su protagonista. Hacia el final de la cinta queda la reflexión de la gente que anima su vendeta, señalando el grado de insensibilización hacia la violencia en que estamos inmersos.

En el fondo, Paul no es una mala persona, pero aquellos que lo vitorean por las razones equivocadas, tal vez lo sean. Hay un juego metatextual cuando nosotros como audiencia vemos la reacción de la audiencia de las transmisiones de Paul. No solo es gracioso, sino que obligara cierta introspección en la manera en que consumimos y reaccionamos a este tipo de contenido.

Paul Dood’s Deadly Lunch Break es una comedia oscura que, mediante sangre y humillación pública, oculta un corazón de oro. La venganza no impulsa a Paul, sino el vínculo con su madre. No es un drama que se tome en serio, sino una comedia bien lograda. En caso de que algún distribuidor quiera traerla a Latinoamérica, no dudo que pueda encontrar un público que se deleite con su soundtrack ochentero, su comedia inglesa apegada al absurdo solemne y salpicaduras ocasionales de sangre.

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