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Past Lives: recuerdos intangibles y vidas prestadas

Escrito el 19 diciembre, 2023 @CesarAndreZzZ

Dirección: Celine Song.

Guion: Celine Song.

Elenco: Greta Lee, Teo Yoo, John Magaro, Moon Seung-ah, Yim Seung-min, Jojo T. Gibbs, Emily Cass McDonnell, Federico Rodriguez, Kristen Sieh, Yoon Ji-hye, Conrad Schott, Choi Won-young.

Países: Estados Unidos, Corea del Sur.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt13238346/

Past Lives. Dir. Celine Song. A24.

La palabra recordar viene del latín “recordari”, formado de “re” (de nuevo) y “cordis” (corazón), lo cual significaría “volver a pasar por el corazón”. Recordar es un ejercicio mental, consciente e inconsciente. Más allá de tener algo o alguien en la memoria, significa revivir a través de lo intangible situaciones específicas que evocan una emoción para traernos júbilo o para martirizarnos, a veces ambas cosas a la vez.

Entonces es curioso cuando dicen que el tiempo cura todas las heridas, porque si de lo emocional hablamos, el tiempo es una venda sobre una herida abierta, un tratamiento placebo o paliativo que no desaparece el dolor, sino que nos engaña y alivia para creer que es lejano. Se puede filosofar por horas sobre estos conceptos, pero difícilmente se logrará una especificidad tan abrumadora como la de Past Lives, el debut cinematográfico de Celine Song,

Esta propuesta es una obra introspectiva y empática que se nutre de cineastas como Richard Linklater y Kelly Reichardt para reformular las convenciones del romance, género escapista y manipulador por excelencia. En tres tiempos, tres personajes y tres países, Song, dramaturga de profesión, construye un relato arrebatador sobre la lucha de encontrar conciliación con nuestros recuerdos, el destino y los “qué hubiesen sido” que atormentan sin piedad en las noches desoladas.

En Seúl, Corea del Sur, los amigos Na Young (Seung Ah Moon) y Hae Sung (Seung Min Yim) son risueños e inseparables. Compiten con inocencia por quién tiene mejores calificaciones y juegan en el parque mientras sus madres conversan preocupadas sobre la separación que se aproxima: la familia de Na Young migrará a Canadá. “Cuando dejas algo atrás, ganas algo también”, dice la madre de Na Young como presagio de la esencia de Past Lives sobre el inconformismo y la frustración al controlar pocas o ninguna cosa en la vida. Na Young adopta el nombre de Nora para adaptarse a la vida occidental.

12 años después, Nora (Greta Lee) parece haber olvidado aquel tierno romance infantil hasta que el destino vuelve a atravesarse en sus planes. En Corea, el taciturno Hae Sung (Teo Yoo) terminó el servicio militar obligatorio y estudia ingeniería. Con el peso de las responsabilidades adultas respirándole en la nuca, pasa las noches emborrachándose con sus amigos, mientras escucha sus conflictos amorosos.

Otros 12 años más tarde, Nora está casada con el dramaturgo estadounidense Arthur (John Magaro). Dejó a sus padres en Canadá buscando una carrera como escritora y vive en un diminuto departamento neoyorkino. Hae Sung se graduó, atraviesa sus propias decepciones amorosas y se reencuentra con Nora durante unas vacaciones.

El guion de Past Lives explora las tribulaciones del migrante, al adaptarse a un nuevo país, idioma y cultura, entrando en un limbo identitario, y la imperfecta dualidad del amor que se muestra como una fuerza transformadora a la par de una dolorosa carga que constantemente nos deja pendiendo de un hilo psicológico por la dependencia inherente a los vínculos románticos. Song maneja estos temas con una narración digresiva. La empatía es su arma al explorar sin juicios la manera en que el concepto de amor evoluciona junto a nosotros, y que las nociones idealistas que nos hacemos en la juventud son como una carta de naipes.

El tercer acto representa la convergencia de tres personajes con un bagaje emocional específico, indagando en las crisis de añoranza, las contradicciones de sus deseos y la tensión de que todo pueda resquebrajarse con un suspiro. Se nota la madurez de Song como escritora al no temer mostrar las imperfecciones de sus personajes.

Las tres interpretaciones centrales cautivan por realistas y contenidas. Greta Lee es magnética, mostrando la inquietud típica de la adultez que nos lleva a cuestionarnos constantemente si estamos viviendo nuestra mejor vida o si estamos atrapados en un bucle de conformismo y miedo al cambio. La química que comparte con Teo Yoo se nota en un coreografiado juego de miradas y silencios. Recorren destinos turísticos neoyorquinos y conversan con la capacidad introspectiva de las películas de Richard Linklater. Mientras ella es conversadora y expresiva, él es adepto a los silencios y expresiones faciales nerviosas, embotellando sus palabras porque no sabe cómo transmitirlas. La actitud impersonal y distante de Hae Sung hace eco a la crisis existencial adulta de no saber a dónde se dirige su vida.

El rol más complicado lo lleva John Magaro, pues Arthur es un personaje que, en otras manos, pudo convertirse en el esposo mártir o el villano que se interpone en los amantes destinados a estar juntos. Su personaje es un recordatorio de que entregarnos románticamente a otra persona es una caída de confianza y solo nos queda esperar lo mejor.

Song está consciente de los clichés de historias de amor y comprende cómo los anhelos consumen nuestra vida, creyendo irrisoriamente que vivimos en un cuento romántico de Jane Austen. Al hablar del destino, el guion es ajeno al misticismo y la superchería que caracterizan a muchos de estos relatos. Nora plantea el concepto de In-yun cuando conoce a Arthur en un retiro de escritores, haciendo referencia a la idea de vidas pasadas y la conexión etérea entre individuos destinados a encontrarse, una y otra vez, sin importar las barreras.

Como todo en Past Lives, en teoría suena encantador, pero en lo práctico es demoledor. El In-yun también trae la angustia ante la imprevisibilidad de la vida y el poco control que tenemos ante los caprichos de Dios, el destino o cualquier fuerza en la que creamos.

La cinta goza de un minimalismo estético que acompaña a la narrativa y sus personajes. La fotografía de Shabier Kirchner es clínica al ejecutar travellings que observan la inmensidad de los espacios y lo diminuto de las personas. El movimiento es constante, la cámara asciende, desciende y se mueve, estableciendo encuadres ricos en lenguaje visual que representan la separación física y emocional de los personajes, ya sea en la estatua de un parque, largos caminos que se parten en dos o llamadas de Skype.

Past Lives es una joya de esas que llegan cada tanto para recordarnos que el cine, ante todo, es un catalizador de experiencias que nos impactan y cambian. Es transportadora y melancólica por su reflexión de la soledad. Con abundante inteligencia emocional, Celine Song reafirma el poder mágico de los diálogos, mostrando cómo lo único seguro y constante en la vida es el movimiento, los cambios que nos exigen comprender que la única vida que tenemos es esta y el único tiempo que importa es el ahora.

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