Nosotros (TIFF 2026): violencia y amor en Guatemala
Dirección: Joaquín Ruano.
Guion: Joaquín Ruano.
Elenco: Jozef Coxaj, Lola Vásquez, Mayra Salvador.
País: Guatemala.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt43702206/

Nuestras sociedades latinas afrontan diferentes formas de violencia. La más conocida, por su representación y explotación mediática, es la violencia del crimen organizado. Cientos de historias y relatos, unos mejores que otros, se han contado sobre las dinámicas intimidantes y opresivas del narcotráfico y el sicariato en pueblos abandonados por sus políticos, muchas veces a merced de los propios políticos cómplices del crimen.
Un tipo de violencia que no se ve tanto en pantalla es la violencia estructural, sistemática y patriarcal que crece como una bola de nieve que destruye y deshumaniza a su paso. Dicha violencia se sostiene por ideales patriarcales, que reducen a la mujer y al hombre a roles estrictos, y quienes pagan las consecuencias de no encajar en los estándares de masculinidad y feminidad impuestos.
Resulta fascinante entonces que Nosotros, largometraje debut del director mexicano-guatemalteco Joaquín Ruano, estrenado en la edición 2026 del Festival de cine de Toronto, integre de manera elocuente y compasiva un examen de estos dos tipos de violencia, abordando cómo los carteles y las maras aterrorizan las comunidades rurales de Guatemala. A la par, comprende que, entre los malestares sociales del país centroamericano, se encuentra una violencia patriarcal sistemática que vulnera a grupos marginalizados, principalmente mujeres, comunidades indígenas y/o miembros de la comunidad LGBTQ, sumidos en un sistema que no solo no les garantiza protección, sino que avala y perpetua las vulneraciones de derechos humanos que se comenten en su contra.
La historia inicialmente sigue a Romero (Jozef Coxaj), mototaxista de un tuctuc en las altas tierras de Guatemala, viviendo con su esposa Jacinta (Mayra Salvador) y su hijo. Durante una de sus jornadas nocturnas, se involucra en una extorsión por parte del crimen organizado de la localidad. Esto lo lleva a tomar la decisión de migrar a la capital, la ciudad de Guatemala, con la esperanza de conseguir un trabajo como guardia de seguridad y eventualmente enviar dinero a su esposa e hijo para que los tres vivan juntos en un lugar más seguro.
Sin embargo, su estadía en la capital es todo menos idílica. Por una parte, sus compañeros de trabajo son la representación típica del machismo latino, ejercido entre los comentarios sutilmente degradantes hasta actos vergonzosos de acoso. Asimismo, Romero conoce a Nubia (Lola Vásquez) en el centro comercial en el que trabaja. Ella es dueña de una tienda de artículos tecnológicos y es una mujer transgénero que vive del día a día para mantenerse a sí misma y a su padre enfermo.
Inevitablemente, Romero y Nubia empiezan una relación romántica y sexual en la clandestinidad: él para protegerse de la homofobia rampante de sus compañeros, cuidar su trabajo y su residencia, además de mantener oculta su infidelidad y su propia naturaleza sexual; para ella, la protección y el secretismo es aún más vital. Aunque Ruano no se molesta en darle un trasfondo complejo ni un pasado trágico a Nuria, es sencillo intuir que busca protegerse a sí misma de la opresión y violencia sistémica que afronta su comunidad (Guatemala es uno de los países latinoamericanos con más actos de violencia trans y transfeminicidios registrando 439 casos en 2025).
Ruano apremia la economía de diálogos y aprovecha al máximo la evocadora y elegante dirección de fotografía de Paolo Girón para retratar los pasajes urbanos de Guatemala como un reflejo de las crisis internas de los protagonistas. Las tomas concentran la alienación emocional y social de los grupos socialmente oprimidos, así como el avance sofocante del capitalismo y la urbanización en un país demacrado. Con sutileza, construye una atmósfera amarga e inquietante que captura a la perfección el sentimiento de estar en el centro de la violencia patriarcal sistémica como un espectador silencioso que eventualmente se convierte en víctima.
Para Romero es el ambiente laboral, caracterizado por “chistes” y burlas que sacan a relucir las actitudes machistas y homófobas del hombre latino promedio. En ese sentido, la actuación de Coxaj destaca por el silencio y la discreción, transmitiendo contradicciones humanas complejas, a veces, sin decir una palabra.
Aun así, el mayor acierto de la película recae en la caracterización de Nubia. Vásquez es maravillosa, tanto porque es una actriz virtuosa y natural, como porque el guion le permite no ser simplificada como una mártir indefensa o una heroína valiente e implacable. Por el contrario, Nubia existe en límites morales ambiguos y, al tener poca información sobre su pasado, podemos definirla de manera más humanista, apreciando su sentido del humor como la noción inquietante de que vive en un país donde no hay garantías para sus derechos y seguridad.
Más allá de eso, Nosotros es una historia de amor y autodescubrimiento, pues en el romance clandestino de Romero y Nubia, aparte de ser bastante creíble y compasivo gracias a la química de los actores, simboliza los peores temores del conservadurismo y el patriarcado: que dos personas vulnerables, pertenecientes a realidades reprimidas por las dinámicas del poder tradicional, encuentren refugio, deseo y libertad entre ellos mismos.
Si bien Nosotros cae en algunos de los estereotipos del cine queer de hombres cisgénero que redescubren su identidad sexual a través de la infidelidad, la ópera prima de Ruano triunfa por su madurez narrativa, evitando juicios morales hacia las decisiones de sus personajes y subrayando una realidad inquietante sobre Latinoamérica: nuestras distintas formas de violencia perpetuadas por el statu quo, los gobiernos y el poder son caras de un mismo dado, y la mayoría de nosotros estamos más cerca de ser víctimas que victimarios.

Psicólogo desde 2018, cinéfilo de toda la vida. Me apasiona el cine independiente, los documentales y la animación. Entre mis cineastas favoritos se encuentran Michael Haneke, Abbas Kiarostami, Richard Linklater, Ken Loach, Kelly Reichardt y Céline Sciamma por su sinceridad y humanismo al entender los complejos matices del ser humano. Quizá fue la película Boyhood (Linklater, 2014) la que me hizo dar cuenta de la capacidad de belleza que tiene el cine como un medio para transformarnos a partir de historias que conecten a nivel emocional, reflejen o no nuestras experiencias de vida. Desde entonces, muchas películas han cambiado mi perspectiva no solo del séptimo arte sino de la vida en general.
