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Mi crimen: cuando el cinismo requiere de inocencia

Escrito el 25 marzo, 2024 @bmo985

Dirección: François Ozon.

Guion: François Ozon y Philippe Plazzo basados en la obra teatral Mon crime de Georges Berr y Louis Verneuil.

País: Francia.

Elenco: Nadia Tereszkiewicz, Rebecca Marder, Isabelle Huppert, Fabrice Luchini, Dany Boon, André Dusollier.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt20330434/

Mi crimen. Dir. François Ozon. Nueva Era Films. 2023.

Dos jóvenes, hundidas en la pobreza, deben apoyarse en su ingenio para cosechar el morbo de la prensa y del público para mejorar su posición económica, siempre y cuando nadie descubra su secreto mejor guardado: su inocencia. El último largometraje del prolífico autor francés François Ozon es una comedia situada en la París de entreguerras y, en más de un sentido, es un homenaje a las comedias de enredos que pulularon en el Hollywood de la década de 1930: los diálogos rápidos, los personajes inmorales que mienten y manipulan, una prensa poderosa que a base de titulares hace y deshace héroes y heroínas, y enredos que requieren de un segundo visionado para entenderse cabalmente.

Ozon imprime a este relato de un cinismo encantador a través del carisma de sus tres protagonistas, pues tanto Pauline Mauléon (Rebecca Marder), Madeleine Verdier (Nadia Tereszkiewicz) y Odette Chaumette (Isabelle Huppert) ponen en juego una seducción que, aún durante sus momentos más genuinos y puros (se me ocurre el convincente monólogo de Pauline que decide el juicio de Madeleine), lleva implícita una buena dosis de cinismo. Estas son mujeres en tiempos de necesidad y vaya que usan todos los recursos a su disposición para salir adelante en un mundo diseñado para impedir que lo hagan.

Pauline representa la seducción intelectual, una abogada recién admitida al gremio que aprovecha cada momento para practicar sus dotes leguleyas, que van desde la oratoria de potente crítica social, hasta la manipulación de juez, jurados, prensa y público para conseguir sus fines. Ozon coloca a Pauline en la triste posición de “la fea” en relación con Madeleine, además de que sugiere en más de un momento cierta inclinación lésbica no correspondida. No obstante, su inteligencia, arrojo y capacidad para manipular el sistema judicial a su favor y el de su amiga corrigen esta supuesta falta en su persona.

Madeleine, rubia y hermosa (la dicotomía entre rubia y castaña es uno de los muchos clichés que Ozon utiliza), es acechada por los hombres, entre los que destaca el heredero de una fábrica de neumáticos quien le declara que la ama tanto que está dispuesto a sacrificarse por ella (casarse con una mujer más rica para poder mantenerla). Madeleine es ingenua, pero sabe lo que quiere y sabe lo que no está dispuesta a hacer para conseguirlo, lo que la coloca como la principal sospechosa en el asesinato del productor de teatro cuyos agresivos y no consensuados avances rechazó apenas minutos antes de su muerte. Aunque no brillante como Pauline, Madeleine es una consumada lectora de los hombres y su carácter, manipulándolos a su gusto y convirtiendo una falsa confesión de culpabilidad sobre el crimen en una oportunidad dorada para convertirse en la actriz más solicitada del momento.

Por último, Odette es un espejo para Madeleine, ya que, al ser una actriz envejecida, venida a menos y olvidada, es un recordatorio de que los 15 minutos de fama transcurren rápidamente. Ella, al parecer sin utilidad para una sociedad machista, reclama un lugar para sí misma. Sin nada que perder, a Odette no le importa enfrentarse con el soberbio, pero imbécil juez ni con las mismas Pauline y Madeleine para reclamar lo que ella considera suyo: la gloria por el crimen que convirtió a aquella en la estrella del momento.

Renglón aparte requiere el descomunal reparto que Ozon utiliza. Por un lado, las dos estrellas jóvenes de cine francés, Rebecca Marder y Nadia Tereszkiewicz, tienen un toque sutil que las separa del resto de personajes unidimensionales y bufonescos. Por el otro, la gran Isabelle Huppert se mete de lleno en el patético papel de Odette Chaumette, destruyendo todo a su paso con su actuación de trazos amplísimos, personificando la actitud de quien nadie tiene que perder y que, por lo tanto, de nada se avergüenza. Ozon se divierte al contrastar el aparente bien intencionado feminismo de Pauline y Madeleine (cuyos bajos motivos conocemos) con la praxis de Odette, nacida puramente de la desesperación, ¡ella también quiere que la revolución le haga uno que otro favor!

Mi crimen es una comedia bien aceitada, con personajes caricaturescos y situaciones insólitas cuando se requiere, realizada por una mano firme y económica. También demuestra profundidad en el retrato de estas mujeres empujadas al límite por una sociedad donde prevalece la injusticia y las mujeres no tienen el derecho al voto. Ozon le otorga libertad a sus personajes para relacionarse con nociones de feminismo (práctico o teórico) con suficiente filo cínico como para hacer de ellas heroínas sin importar de la moralidad de sus acciones. Si nadie juega según las reglas en su mundo distorsionado, repleto de hombres estúpidos o ingenuos como para funcionar adecuadamente, ¿por qué ellas habrían de hacerlo?

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