Medusa (Cannes 2021): la represión del patriarcado en su máxima expresión

Escrito el 14 julio, 2021 @alessandra_kr

Sección: Quincena de directores.

Dirección: Anita Rocha Da Silveira.

Guion: Anita Rocha Da Silveira.

Elenco: Mari Oliveira, Lara Tremouroux, Joana Medeiros, Felipe Frazão, Bruna G.

País: Brasil.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt14821328/

Aunque el cuento mitológico de Medusa ha existido desde alrededor del siglo VIII a.C., sería el poeta romano Ovid quien establecería la versión de que Medusa fue seducida por Poseidón en el templo de Atenea, enfureciendo a la diosa. Como represalia, Atenea convertiría el cabello de la víctima en serpientes, negándole alguna futura conexión con cualquier persona, ya que ésta se convertiría en piedra al momento de ver a Medusa a los ojos.

Ésta es la versión que ocupa la directora y escritora Anita Rocha Da Silveira como referencia para Medusa, su más reciente película y parte de la selección de la “Quincena de directores” del Festival de Cannes 2021. Aquí, Medusa representa la represión sexual, psicológica y mental de las mujeres por parte del patriarcado que no las deja ser y que las vuelve las unas contra las otras. La cinta exhibe las ataduras y expectativas machistas en el Brasil de la actualidad, bajo un ojo distópico, habitado por grupos paramilitares y coros religiosos.

La historia comienza de manera estrepitosa cuando un grupo de muchachas enmascaradas ataca a una mujer que camina sola por la noche bajo la justificación de que es inmoral y que debe rendirse ante el Señor. Golpeada y asustada, la joven cede y el grupo sale victorioso.

De noche, estas jóvenes mujeres, lideradas por Michele (Lara Tremouroux) y Mariana (Mari Oliveira), se han adjudicado el deber de merodear las calles para castigar a aquellas que se atrevan a estar afuera y arriesgar su reputación. De día integran el coro religioso “Los tesoros del altar”, mientras que Michele es una “influencer religiosa”, dando tips para tomar selfies que Dios aprobaría o, peor aún, enseñando a esconder moretones en caso de que surja alguna pelea en casa. Este grupo con sus valores tradicionales es juez, verdugo y consejero de las mujeres locales, papeles que ellas mismas se adjudicaron y que prácticamente nadie más avala.

Entre ellas corre la historia de una actriz llamada Clarissa (Bruna G), quien fue quemada por otra mujer como castigo por su profesión y libertinaje. A partir de este incidente, Clarissa desapareció y la noticia se convirtió en leyenda entre estas mujeres extremistas, tomando como heroína a la mujer que le desfiguró la cara.

Obsesionada con esta historia y con el objetivo de encontrar a Clarissa, Mariana comienza a trabajar en un hospital local en el que sospecha que está internada desde hace años. Durante su búsqueda, Mariana más bien pasará por su propio proceso de maduración y despertar sexual, descubriendo y disfrutando todas esas cosas que hasta hace poco condenaba.

Mientras que la historia es difícil de digerir, Anita Rocha ofrece una envoltura visual y musical que es atractiva y estimulante. Marcada por colores neón, canciones pop que ahogan todo ruido adicional para ofrecer montajes musicales, y escenarios oníricos que contrastan con la realidad de la protagonista, Medusa es sencilla de disfrutar por su propuesta creativa. En cada paso de la historia, la directora introduce una sorpresa narrativa que llama la atención.

Además, el diseño de arte a cargo de Dina Salem Levy crea un ambiente tenebroso y espeluznante. La historia no es una de terror, pero se maneja un ambiente de expectativa y sospecha que produce intranquilidad. Esto es reforzado en las escenas del hospital al ser un edificio viejo y con apariencia de abandono, con todos los pacientes inconscientes y Mariana persiguiendo su propia teoría de conspiración. La realidad se mezcla con la fantasía y la protagonista tiene un encuentro con una fuerza extraña. Aunque cosas sin explicación le suceden, la historia está en esa fina línea entre el terror y suspenso de crítica social. En su parte técnica, Medusa es simplemente atractiva.

Mari Oliveira como Mariana presenta una actuación fuerte e inmersiva como la radical que poco a poco cambia camino. En su cara esconde emociones a la vez que descubre el deseo y la tentación. Para el final es completamente diferente, anunciando su nueva perspectiva con sus ojos y sonrisa.

A pesar de que comanda el filme, el personaje más interesante es el de Michele, pues mientras que Mariana daba el beneficio de la vida con algunos silencios, Michelle era la líder y cara de las ideas extremas. Pronto aprendemos que esto solo era un acto, pues sus secretos personales la relacionan más con las personas a quienes lastima que a quienes protege. Lara Tremouroux inspira odio al inicio y comprensión al final.

Da Silveira da una crítica fuerte y destapada sobre los grupos extremistas de Brasil, enfocándose en la manera en que la iglesia evangélica controla a la juventud, los hombres paramilitares controlan a sus novias – para después vender al público la idea de que son la pareja perfecta –, y las mujeres aceptan y promueven ideas retrógradas de lo que significa ser mujer.

No obstante, la cineasta ofrece un desafío de empatía al situar su historia de represión dentro de un grupo tan odioso de extrema derecha. Esto parece ser un guiño dirigido al conservadurismo y extremismo alentado por el ahora presidente brasileño Jair Bolsonaro, lo cual nos hace cuestionar nuestras lealtades y simpatías por estas mujeres, pues prácticamente estamos viendo a las villanas de decenas de niñas acosadas tener su proceso de despertar mental.

¿Son dignas de liderar esta historia? ¿Por qué deberíamos interesarnos por sus problemas y despertares? Este enfoque más bien funciona para situarlas como víctimas del patriarcado. Aunque ellas victimicen a otras mujeres, también son víctimas por pensar cómo piensan y aguantar la mísera vida que tienen marcada por la religión evangélica que practican y el machismo que envuelve sus vidas. Aunque noble, esta aproximación también es frustrante, pues ¿hasta qué punto es aceptable hacer cosas terribles simplemente por tu ignorancia y opresión? Da Silveira pide empatía por las personas menos empáticas.

A pesar de que se distingue el camino de comprensión de estas mujeres – el cual es egoísta, pues comienzan a cambiar sus modos hasta que experimentan la alternativa (Mariana) o sus problemas personales se vuelven abrumadores (Michelle) –, esa espinita de malestar no se va. Además, el filme explora varias historias adicionales que se olvidan inesperadamente.

Por esto, el final sumido en el caos y la rebeldía se disfruta a medias, pues mientras que se sienta cierta victoria por el camino que Mariana y Michele cruzan, no se siente igual paran el resto de las mujeres, quienes despiertan al mismo tiempo y sin ninguna motivación o razón aparente. Aun así, es extremadamente satisfactorio ver a mujeres decir “nunca más”.

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