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Los reyes del mundo: rebelarse para existir

Escrito el 1 noviembre, 2022 @JuanRod_52

Dirección: Laura Mora Ortega.

Guion: María Camila Arias, Laura Mora Ortega.

Elenco: Carlos Andrés Castañeda, Davison Florez, Brahian Acevedo, Cristian Campaña, Cristian David Duque.

Países: Colombia, Luxemburgo, Francia, México, Noruega.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt15399372/

Los reyes del mundo. Dir. Laura Mora Ortega. 2022.

Imaginen que transitan por una carretera que atraviesa las cordilleras de los Andes en Colombia, a un lado está la montaña tallada que da paso al hombre y al otro la berma que lo separa del abismo, una marea verde infinita que se hunde para perderse en las corrientes del río, “la sangre del mundo que el mar ansioso espera”. En su punto más alto, este paisaje se oculta en la niebla y todo se vuelve un vacío blanco que baila al ritmo del viento. A duras penas se ve la luz de otro carro. De repente, escuchan el ruido de una bicicleta a toda velocidad que no tiene frenos, su paso dura menos de un segundo, pero en el aire flota el sonido de las ruedas contra el asfalto y la risa de su jinete. Probablemente los pasajeros de carros y buses queden incomodados por un “loco” que no valora su vida, esperando que jamás lo vuelvan a encontrar y recordar su existencia.

La “existencia de los locos” es la esencia de Los reyes del mundo, de Laura Mora, ganadora de la Concha de oro en la 70ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que sigue la travesía de cinco chicos de las calles de Medellín al bajo Cauca, al sur, para reclamar tierras que fueron despojadas en medio de la violencia. Mora vuelca la mirada a los márgenes de la sociedad para responder a la pregunta de qué les pasa por la cabeza y mostrar que la gracia de la vida de los “locos” es encontrar libertad en la rebeldía ante un mundo que constantemente los humilla y despoja, resistiendo en la búsqueda por un lugar donde “nadie tendrá más que nadie y nadie será más que nadie”.

Esta película de carretera es una mezcla maravillosa entre lo crudo y lo onírico. Secuencias épicas que siguen a las bicicletas en el descenso se mezclan con bailes en cuartos bañados en luces de neón al ritmo de un piano desafinado y cumbias villeras, que, en minutos, dan paso a la euforia de una revuelta en la carretera atravesada por una trinchera en llamas. Por momentos, la imponencia del paisaje colombiano llena la pantalla y captura una belleza hipnotizante, para en un instante espabilar con la violencia que irrumpe la paz natural del territorio, la cual no se compara con la desolación y desespero que ocurre en una oficina mal amoblada del estado donde los sueños son destrozados. Es un relato tan fantástico y disruptivo que amerita nombrar su propio género: el “épico-punk”, en palabras de su directora.

Los protagonistas son actores no profesionales que vienen de los contextos retratados en la película, cuyo talento y carisma irradia una energía punkera, rebeldes con causa. Estos chicos hacen de Rá (Carlos Andrés Castañeda), Culebro (Cristian Campaña), Sere (Davison Florez), Winny (Cristian David Duque) y Nano (Brahian Acevedo), símbolos de la resistencia desde la desobediencia, necesaria para gozar la vida, saltando las cercas y puertas que les dicen “acá no perteneces”, irrumpiendo con risas y cantos, desafinando de cara a la muerte para sentir plenitud, destruyendo e incendiando, motivados por el odio de una sociedad que los ha exiliado por no tener nada en un mundo donde todo tiene dueño. Los personajes forman una coralidad sobrecogedora, combatiendo los prejuicios que cargan las palabras de “vándalos”, “pobres”, “mendigos” y “locos”, escogiendo ser reyes camino a su reino.

La tierra prometida

Desde la perspectiva marginalizada se crea una puerta para explorar uno de los ejes fundamentales del conflicto armado en Colombia: la propiedad de la tierra. Durante el conflicto, más de siete millones de personas fueron obligadas a dejar sus hogares, empacar la vida en un saco y adentrarse en las fauces de las grandes ciudades. Tras 50 años de violencia incesante, el país ahora tiene la oportunidad de levantar la mirada para reconocer las consecuencias de la indiferencia, con el arte jugando un papel fundamental en la reconstrucción del tejido social.

Los reyes del mundo se une al repertorio de cintas que comenzaron a dimensionar la humanidad detrás de las cifras – otros ejemplos son La primera noche (Luis Alberto Restrepo, 2003) y Los colores de la montaña (Carlos César Arbeláez, 2011) – con la particularidad de estar en el marco del posconflicto, pues ya no se trata de huir, sino de volver. La película tiene un carácter testimonial al ser un recordatorio que la reparación no ocurre con decretos y que la guerra no se reduce a estado contra grupos armados. Detrás siempre están los intereses del mercado capitalista, prestos al mejor postor. En esta historia, incluso cuando la rabia los empuja al crimen, los protagonistas insisten en recuperar el terreno legalmente, persistentes en obtener un papel con su nombre para asegurarse de que nadie los volverá a expulsar de su reino.

El baile de los que sobran

Los reyes del mundo. Dir. Laura Mora Ortega. 2022.

Los reyes del mundo marca un contraste entre aquellos que rechazan a los jóvenes y quienes los ayudan en el camino, seres que también son considerados parias sociales. Los momentos más bellos ocurren en medio de esta solidaridad, como la llegada a un burdel decadente en medio de la montaña, habitado por trabajadoras sexuales viejas, mal maquilladas, con peinados extravagantes y vestidos baratos, combatiendo el olvido y haciendo de la precariedad algo hermoso. Ellas abrazan a los chicos en baile lento como muestra del amor maternal que perdieron. Mora configura este espacio como una alegoría de Colombia, una madre generosa que, a pesar del maltrato, siempre tiene espacio para sus hijos.

Otro refugio aparece al final del segundo acto, esta vez en la figura de un hombre que cuida perros callejeros y vive en un cambuche oculto entre la niebla. Su aparición es breve, pero cautivante al ilustrar el misticismo de alguien que ha escogido vivir en el margen, que se apropia de los prejuicios y la locura para asegurar su libertad, lejos de una sociedad que asfixia con las expectativas del buen vivir. Sobre todo es muestra de que la generosidad no depende de la riqueza, sino de la voluntad. Dónde otros ven una amenaza, él ve niños que buscan un hogar.

No obstante, el mejor ejemplo de la alianza marginal es la hermandad de los reyes, quienes hacen de su compañía una riqueza infinita, encontrando felicidad en lo sencillo y lo atrevido. Una secuencia que encapsula perfectamente este sentimiento se da en un bar al ritmo de Tren al sur de Los prisioneros. A pesar de estar rodeados por miradas que juzgan y muestran desprecio, ellos acaparan la pista de baile para saltar y cantar a todo pulmón las palabras que dicen “Y no me digas pobre por ir viajando así. ¿No ves que voy contento? ¿No ves que voy feliz?”

***

Los reyes del mundo es un hito para el cine colombiano. Es una fantasía visual y sensorial que reinventa el lente con el cual se habla de la realidad social en el marco de la vulnerabilidad, contexto en el que es fácil recaer en la exageración y el sufrimiento. La película es una oda a la resistencia, a la rebeldía de aquellos que luchan para que no borren su existencia y, al final, resuena como un grito que dice, con la fuerza de la indignación, “recuerden que yo también soy parte de este mundo”.

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