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Los Cuatro Fantásticos: primeros pasos —con el pie izquierdo

Escrito el 30 julio, 2025 @Jaime_CR2

Dirección: Matt Shakman.  

Guion: Josh Friedman, Eric Pearson, Jeff Kaplan, Ian Springer.  

Elenco: Pedro Pascal, Vanessa Kirby, Joseph Quinn, Ebon Moss-Bachrach, Ralph Ineson, Julia Garner. 

País: Estados Unidos. 

Palomómetro:

  

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt10676052/  

Esta reseña contiene spoilers.  
Los Cuatro Fantásticos: primeros pasos. Dir. Matt Shakman. Marvel Studios. 2025.

Pese a sus reiterados fracasos cinematográficos en 1994, 2005 y 2015, los Cuatro Fantásticos ocupan un lugar central en la mitología de Marvel y en el imaginario colectivo de generaciones no solo entre lectores de cómics, sino también entre niños y jóvenes que crecieron fascinados por su iconografía. Después de todo, este equipo pionero inauguró una nueva era en la que los superpoderes se entrelazaban con dilemas íntimos y vínculos familiares.

Reed Richards, el científico de intelecto elástico; Sue Storm, la mujer invisible de férrea sensibilidad; Johnny Storm, la impetuosa Antorcha Humana; y Ben Grimm, el melancólico coloso pétreo, conforman una constelación de personalidades complementarias, teniendo como núcleo la noción de familia. A diferencia de otros grupos de héroes unidos por una causa común, ellos lo están por lazos afectivos, lo que convierte sus relatos en odiseas que oscilan entre lo doméstico y lo cósmico, entre la ciencia ficción y la emoción.  

Dirigida por Matt Shakman —reconocido por su trabajo en WandaVision (2021), donde conjugó la experimentación estética y la emoción depurada—, Los Cuatro Fantásticos: primeros pasos parte de una premisa que, en teoría, replantea el origen del grupo con una sensibilidad íntima y reflexiva. La historia sitúa a los protagonistas en un universo paralelo, uno donde la exploración científica se confunde con la utopía política, y donde la formación del equipo no obedece tanto a un accidente cósmico como a una búsqueda existencial. En este sentido, Los Cuatro Fantásticos: primeros pasos se inscribe en la línea trazada por James Gunn en su más reciente versión de Superman al prescindir del relato fundacional para enfocarse en los valores que definen al personaje —la bondad, la compasión y el genuino deseo de hacer el bien— y que hoy contrastan por su tono casi anacrónico en el imaginario heroico. 

No obstante, lo que podría haber sido una reformulación audaz termina por diluirse en un relato disperso, sin verdadera tensión ni sentido de urgencia. Desde sus primeras escenas, la película revela una alarmante propensión a la elipsis mal ejecutada. La formación del grupo —instancia fundacional en toda mitología heroica— es despachada en un montaje tan torpe como esquemático que ni siquiera muestra el accidente espacial que les otorga sus poderes. Prescindir de su transformación explícita sería válido solo si, a cambio, se construyeran con solidez sus identidades individuales y colectivas. Ahí radica el principal reparo: de manera abrupta y sin transición, los personajes aparecen ya como superhéroes consumados, inmersos en una narrativa que aspira a la épica sin haber cimentado sus bases.  

Para ilustrar con mayor claridad las deficiencias en la construcción de personajes y en la arquitectura narrativa de la película basta con remitirse a la escena inicial: Sue (Vanessa Kirby) y Reed Richards (Pedro Pascal), en la intimidad del baño de su hogar, descubren que esperan un hijo. Un instante que debería marcar un punto de inflexión en sus vidas y en el relato mismo, aquí se presenta sin contexto, sin un desarrollo previo y, lo más preocupante, sin que el espectador tenga el menor motivo para involucrarse. Antes de saber quiénes son, cómo se vinculan o qué los define como individuos y como pareja, la película exige una conexión emocional que no ha cultivado. Todo transcurre con precipitación, y cuando finalmente intenta resumir sus trayectorias para legitimar el vínculo con el público, ya es demasiado tarde: el orden narrativo ha tropezado antes de dar su primer paso.  

La película rara vez se detiene a conceder el espacio necesario para que los arcos dramáticos de los personajes respiren o para que su interacción como familia adquiera densidad y autenticidad. Los intentos de comicidad de Ben Grimm (Ebon Moss-Bachrach), por ejemplo, resultan anecdóticos y fácilmente prescindibles; Johnny Storm (Joseph Quinn) insinúa un interés romántico por Shalla-Bal (Julia Garner), contraparte del mítico Silver Surfer que nunca se consolida, y Reed carece tanto de peso escénico como de una caracterización intelectual convincente que respalde la presunta genialidad científica que se le atribuye. La dinámica grupal —núcleo identitario de toda encarnación de los Cuatro Fantásticos— apenas se esboza mediante diálogos rudimentarios y escenas inconexas que jamás articulan una cohesión emocional que dé sentido a su supuesta unidad.  

El mismo patrón se repite con los personajes secundarios, particularmente con Shalla-Bal, cuya aparición se reduce a una mera función expositiva carente de profundidad. De manera similar, Galactus (Ralph Ineson) se ve despojado de todo misticismo e imponencia, reducido a una figura de motivaciones arbitrarias y convencionales. Su amenaza —centrada en exigir a Franklin Richards, hijo nonato de Sue y Reed, como precio por perdonar a la Tierra— se sustenta en un supuesto “semidiós” que nunca consigue potencia simbólica ni resonancia emocional. En todo caso, remite involuntariamente a Jack-Jack, el bebé de Los Increíbles (2005), sátira animada de Pixar que aborda los conflictos familiares con mayor lucidez, y que, paradójicamente, sigue siendo la representación más sólida y memorable de una familia superheroica.      

La irrupción de Galactus y su interés por el hijo superpoderoso de los Richards conduce a un desenlace artificioso que recurre al amor maternal como salvación en un giro sentimental y forzado. Esta resolución, además de incongruente, contradice de forma irónica el supuesto propósito de la película: reivindicar la esencia del heroísmo en una era marcada por el cinismo hacia los valores tradicionales. Aunque la intención es clara, su ejecución roza lo absurdo y deriva en una comicidad involuntaria, producto de la escasa elaboración narrativa que impide al espectador implicarse en el peso moral de la historia.   

Lo cierto es que la película carece de una confrontación ideológica o moral significativa, inclinándose en cambio hacia una solución de trámite que ni cuestiona ni conmueve. Incluso cuando intenta abordar dilemas éticos —como la presión mediática ante la posibilidad de sacrificar al bebé Franklin en nombre de la humanidad— lo hace de manera expedita y superficial. A fin de cuentas, todo converge en una fórmula recurrente del cine comercial: la voluntad de complacer al espectador.  

Tal vez por eso, y a pesar de promocionarse como una historia independiente que no exige familiaridad con el Universo Cinematográfico de Marvel, Los Cuatro Fantásticos: primeros pasos se percibe como la secuela velada de una película que nunca existió. Su estructura se apoya en referencias implícitas a los cómics y en vínculos con un multiverso de sentido pleno solo para quienes han seguido su cada vez más difusa cronología. El resultado es un filme que avanza a trompicones, sin atmósfera, clímax o un sentido narrativo consistente, evidenciando el agotamiento de una maquinaria creativa que se pierde entre conexiones insustanciales y promesas vacías de grandeza.   

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