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Las olas: un bello cascarón para una película estereotipada

Escrito el 20 febrero, 2020 @alessandra_kr

En dónde la puedes ver: cines

Director: Trey Edward Shults

Elenco: Taylor Russell, Kelvin Harrison Jr., Sterling K. Brown, Alexa Demie, Lucas Hedges, Renee Elise Goldsberry, Clifton Collins Jr., Bill Wise.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt8652728/

A primera vista, Las olas es una estilizada cinta sobre la experiencia afroamericana de vida, las tragedias que a veces nos azotan y la manera en que lidiamos con ellas. No obstante, en una examinación más profunda, se cae el entendimiento de que en realidad la película es engañosa, pues la manera en que Trey Edward Shults – director y escritor de la cinta – trata a sus protagonistas es injusta e insensible.

Precisamente en películas como ésta, el tema de la raza y la interrogante de quién puede contar historias sobre minorías vienen a la mente como puntos que no se pueden ignorar. Cargada de mucha trama y drama como para formar dos películas independientes, Las olas tiene la ambición de ser trascendental, con un aire de un video musical colorido y cool. No obstante, la primera parte es agotadora y la segunda llega muy tarde.

Las olas inicia con Tyler (Kelvin Harrison Jr.), un adolescente afroamericano que tiene la vida perfecta: popular en la preparatoria, destacado luchador en ruta a obtener una beca para la universidad, con una novia cariñosa (Alexa Demie) y una familia comprensiva formada por un padre, una madrastra y una hermana menor. De hecho, tanta perfección y felicidad se siente incómoda desde el principio, en especial en lo que se refiere a su padre, Ronald (Sterling K. Brown), un hombre que ha hecho su fortuna con base en su extrema disciplina y su laboriosidad sin descanso.

Un día, la vida de Tyler se ve descarrilada por completo. Las presiones por parte de su padre – acompañadas de un sermón, que, aunque real, se siente estudiado y repetitivo -, noticias inesperadas por parte de su novia y la explotación excesiva de su cuerpo, lo llevan a un punto de descontrol y transformación total. Ahora vemos a un hombre tóxico y violento, quien nunca recibe de nuevo voz propia, mirada gentil o humanización de su carácter.

En cuestión de minutos, Edward Shults lo deshumaniza por completo y arruina la historia en la que invertimos interés en la hora pasada. Precisamente en este punto es en dónde la película emprende un rumbo completamente inesperado y dramático, pasando de ser una mirada de un hombre en formación a una mirada de una joven relacionada con el monstruo que antes era su hermano.

De esta manera, la segunda parte de la cinta se centra en Emily (Taylor Russell), hermana menor de Tyler que debe lidiar con los efectos secundarios de la primera parte de la película (el hecho de que Tyler ya no salga en pantalla es incomprensible). Una joven introvertida y socialmente aislada, su personaje es adorable y lista para crecer, pues, Shults pone la atención y sensibilidad que esperábamos con anterioridad.

Emily se enamora de Luke (Lucas Hedges), el único personaje blanco de la cinta, quien casualmente tiene sus propios demonios, los cuales logra conquistar de manera catártica. A pesar de la increíble actuación de Hedges, es incómodo que el personaje más complejo sea el único individuo blanco de la película.

En este tema es en dónde recaen mis conflictos principales con la película: Shults, a través de una estética bonita, presenta una historia de afroamericanos que hemos visto una y otra vez en pantalla. Al inicio engaña a la audiencia, para terminar con clichés y estereotipos raciales. Al analizar lo que se exhibe en la película y la manera en qué se desarrolla, es imposible no juzgar con dureza al cineasta blanco que trata con tanto descuido a sus protagonistas afroamericanos y latinos.

Shults intenta emular al trabajo de reconocidos cineastas como Barry Jenkins (las comparaciones injustas con Moonlight han sido inevitables) o Terrence Malick. La ambición se nota en el tono de la cinta, la minuciosidad de sus tomas, la selección de sus sonidos, la fotografía y la sensibilidad de las tomas y diálogos. No obstante, Shults se queda corto al no tener algo valioso que comentar.

En cuanto a la actuación, los actores salen limpios de este desastre. En especial, Taylor Russell, quien brilla como Emily y participa en la mejor parte de la película. Asimismo, Kelvin Harrison Jr. y Lucas Hedges se comprometen con sus papeles y ofrecen todo lo que sea que el director les pida.

La película es increíblemente inconsistente a lo largo de sus pesadas dos horas y quince minutos. El hecho de que la historia más interesante suceda en la segunda parte únicamete garantiza hartazgo y cansancio para cuando se llega a ella. Shults pide mucha confianza y paciencia para llegar a lo mejor de la película.

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