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La noche del terror ciego (Fantasia 2021): cine de culto ibérico remasterizado y más vigente que nunca

Escrito el 17 agosto, 2021 @bmo985

Sección: Fantasia Retro.

Dirección: Armando de Ossorio.

Guion: Armando de Ossorio.

Países: España, Portugal.

Elenco: María Elena Arpón, César Burner, Lone Fleming, José Thelman.

Palomómetro:

Más información de la película: https://fantasiafestival.com/en/film/tombs-of-the-blind-dead

La noche del terror ciego. 1973.

Tomando influencia de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) como del cine giallo producido en ese entonces en Italia – cuya cinta más conocida es Suspiria (Dario Argento, 1977) –, Armando de Ossorio filmó La noche del terror ciego en 1973. En el contexto de una España a punto de ingresar a la transición democrática, con un dictador senil y cada vez más aislado, la cinta dio pie al boom de cine de terror ibérico de esa década.

Después de una restauración mediante los negativos originales de cámara, se reestrena en el Fantasia Film Fest de este año para demostrar que, a pesar de todos los años que han pasado desde su aparición, se merece su lugar en el canon de cine de terror mundial.

La película cuenta la historia de Virginia (María Elena Arpón) y Betty (Lone Fleming), dos viejas amigas que por azar se reencuentran en Portugal y deciden, con la compañía de Roger (César Burner), viajar juntas a una casa de campo. Como podría esperarse de un filme de terror realizado en la década de 1970 y bajo la influencia del thriller psicosexual del giallo italiano, los tres protagonistas son jóvenes y hermoses. Los bikinis iniciales de Virginia y Betty, así como el pelo en pecho y los anchos hombros de Roger, anuncian que esta aventura será una tanto de muerte como de erotismo.

Cuando Virginia se muestra celosa de la dinámica coqueta que establecen Roger y Betty, decide abandonarlos a mitad de trayecto y salta del tren, dirigiéndose a unas ruinas que observa en el horizonte. Sus amigos se dan cuenta de su abandono, pero no la siguen de inmediato (a final de cuentas, ¿por qué no habrían de aprovechar su soledad?), sino que, al llegar al hotel campestre cerca de la frontera con España, aprenden que Virginia nunca llegó a casa.

Intuyendo que se dirigió a las ruinas que se divisaban desde el tren, deciden buscarla ellos mismos, a pesar de las continuas advertencias de los empleados del hotel. Estos, conocedores del horror que se esconde allí, reaccionan con lugares comunes que ahora resultan cómicos: dejan caer lo que traen en manos, se niegan a dar explicaciones de lo que saben y se limitan a tartamudear advertencias tan ominosas como incoherentes.

Mientras tanto, Virginia ha descubierto el peligro sobrenatural de aquel lugar conocido como Berzano: caballeros católicos del medioevo que hicieron un pacto con el demonio para nunca morir y que ahora deambulan los alrededores de sus tumbas para consumir a los despistados que las visitan, quienes a su vez se convierten en muertos vivientes. Todo esto suena muy bien, aunque muy cercano al cliché de cine de terror de bajo presupuesto que estamos acostumbrados, ¿cierto? En realidad, La noche del terror ciego destaca por su hábil combinación del naciente género de zombies, dl terror sobrenatural y el sofisticado thriller erótico importado desde Italia.

Utilizando la cámara lenta, planos picados y contrapicados, así como las ruinas de un monasterio e iglesia para contar su historia de ultratumba, de Ossorio demuestra la habilidad para construir suspenso aún antes de derramar la primera gota de sangre. Toda la secuencia en que Virginia huye del tren y llega a Berzano la sitúa como un personaje y no un simple objeto sexual.

La intriga suscitada por la investigación de Roger y Betty los lleva a descubrir la historia detrás del paradero de su amiga y sugiere el carácter siniestro y anticuado de las instituciones religiosas – uno podría argumentar que la corrupción de los caballeros, surgidos como una orden católica y convertidos al satanismo, simultáneamente refleja la desconfianza ante la la dupla Iglesia-Estado, así como la xenofobia fomentada por el franquismo –. De Ossorio apuesta al largo plazo, pues en lugar de fomentar un baño de sangre continuo y desenfrenado, hace escasear los asesinatos, filmando cada uno de estos para mayor impacto y deleite de la audiencia.

La influencia del giallo es inegable en el personaje de Betty, quien trabaja en una fábrica de maniquís (¡!) bajo las luces rojas del taller de letreros de neón que se supone hay en el segundo piso. Su ingenuidad y confianza en las figuras equivocadas revelan un profundo pesimismo sobre la sociedad española de entonces, cuyas figuras masculinas – y al menos una femenina – no pueden o no quieren protegerla frente a la amenaza irrefrenable de los huesudos inmortales que montan a caballo (de dónde provienen estos caballos de carne y hueso, se deja a la imaginación del espectador). Su búsqueda de respuestas por la muerte de su amiga descubre el egoísmo y la maldad de sus contemporáneos.

Es curioso que esta cinta haya tenido el éxito que tuvo a su estreno en España si tomamos en cuenta su abierta subversión: no solo por sus caballeros católicos que, tras asistir a las Cruzadas, adoptaron los ritos paganos de Oriente; sino por su asociación entre religión y corrupción; su explícito, pero refrenado amor lésbico; sus escenas de tortura, erótica y vampírica; así como el atractivo amenazante de su ensangrentada muerta viviente que se dedica a matar usando nada más que un bikini de vendas. (Me parece que este filme anticipa el “destape” del cine español tras la muerte de Franco en 1975.)

Por donde se le vea, La noche del terror ciego es un clásico, que, a pesar de lo que ahora reconocemos como lugares comunes, prefigura la época de oro del cine estadounidense de slasher (inaugurado por Halloween de 1978 y continuando en la siguiente década con éxitos como Chucky, el muñeco asesino de 1988), presentando una refrescante mezcla de géneros y convenciones de ambos lados del Atlántico.

En esta restauración resalta su excelente fotografía, cuya exploración de las ruinas españolas revela una sensibilidad siniestra y épica, así como su uso de colores primarios y atuendos a la moda (un guiño al cine itálico de la época). Algunos efectos pueden parecer cómicos para las audiencias acostumbradas al CGI, pero, a pesar de las inarticuladas manos de los asesinos, el resultado final es sobresaliente para una cinta independiente hecha con un presupuesto mínimo hace casi 40 años en un país culturalmente aislado.

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