La noche de la desaparición: ¿alguien quiere pensar en los niños?
Dirección: Zach Cregger.
Guion: Zach Cregger.
Elenco: Julia Garner, Josh Brolin, Alden Ehrenheich, Austin Abrams, Benedict Wong, Cary Christopher, Amy Madigan.
País: Estados Unidos.
Palomómetro:![]()
Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt26581740

En lo que es una larga tradición, el género de terror suele proponer una perspectiva única sobre las infancias. Pasa por la mente la novela y las adaptaciones de IT (Eso) en las que los traumas de la infancia tienen repercusiones siniestras en el mundo de los protagonistas adultos. El clásico Hansel and Gretel, de los hermanos Grimm, se centra en niños abandonados por sus padres y dejados a la merced de una bruja. La reciente Longlegs: coleccionista de almas (Oz Perkins, 2024) explora cómo el verdadero peligro está dentro de las mismas familias mientras que las comunidades temen a movimientos y personas enajenados de la sociedad.
Ahora, con La hora de la desaparición, Zach Cregger examina los orígenes de la corrupción social y las consecuencias del abandono e individualismo que rigen al mundo actual. En un pueblo semi rural estadounidense sin nombre, todos los alumnos de una clase desaparecen tras salir de sus casas a las 2:17 am y correr hacia la oscuridad. En medio de este caos se encuentran Justine (Julia Garner), la maestra de los niños; Archer (Josh Brolin), el padre de uno de los niños desaparecidos; Paul (Alden Ehrenreich), un policía del pueblo; y Marcus (Benedict Wong), el director de la escuela.
La película está dividida en secciones en las que se ven las perspectivas de múltiples personajes un mes tras la desaparición. Gracias a este estilo narrativo se crea una buena ambientación de misterio e intriga. Lo que en un principio parece una decisión que lleva a la película a detenerse para desarrollar su trama, en su lugar permite al espectador contemplar a los personajes y al mundo en el que viven. Este está lleno tanto de humor como de tensión, creando un sentido de comodidad que se rompe al tiempo que el reparto revela poco a poco las distintas capas detrás del misterio de los niños desaparecidos y la corrupción del pueblo.
Desde su anuncio, La noche de la desaparición causó curiosidad. A sabiendas de la trama y de su título en inglés (Weapons), se creó anticipación por su posible “mensaje” relacionado con los tiroteos escolares tan comunes en Estados Unidos. A pesar de no tratarse directamente sobre esto, Cregger crea un filme en el que el impacto y las causas de estos eventos sobreponen al hecho en sí: las causas y las consecuencias de la desaparición son el punto de enfoque. Es así como el cineasta convierte a este pueblo en un referente con el mundo actual. Todas las personas reaccionan a todo, cada quien tiene su opinión, todo el mundo está enojado, pero, sobre todo, cada quién está perdido en sus vidas.
Justine ahoga sus penas y las amenazas que recibe en la bebida. Archer convierte el luto por su hijo en ineptitud social y en una obsesión insana por descifrar los sucesos de aquella noche. Paul se encuentra en una relación y en un trabajo sin salida, con problemas típicos de su profesión. La única excepción es Marcus, quien solo “avanza con su vida” a pesar de los eventos catastróficos que sucedieron en su escuela. De hecho, no hace falta decir que incluso él se ve envuelto en la trama siniestra y se convierte en un ejemplo de cómo es inviable ignorar sucesos como estos.
Sin entrar en detalles es pertinente afirmar que hay un antagonista físico en el filme como representante de los males que afligen al pueblo. En su estado metafórico, este personaje representa una maldad antigua, pero potente, un ente que, a pesar de tomar forma humana, no puede ser humanizado ante su interminable hambre de poder y control. Similar a lo que presentó en Bárbaro (2022), en la que lo malévolo provenía de influencias del pasado, Zach Cregger revive el pasado en el presente, un pasado conformado por valores individualistas y aisladores en el que los niños no son nada más que un conducto para que sus padres puedan vivir a través de ellos; donde los niños “están bien”, aunque en realidad no lo están; y donde la jerarquía social sobrepone las necesidades de las personas con poder sobre los más vulnerables.
En La noche de la desaparición los niños dicen más a través de su ausencia que su presencia; su silencio dice mil palabras. El malvado ente de la historia entra en la vida de los involucrados por medio de un acto de bondad y la empatía por ayudar a alguien. Al darle entrada a esta entidad, cuya influencia, poder y presencia son obvias, el pueblo sin nombre se convierte en una víctima más de movimientos sociopolíticos que engañan a la sociedad con buenas intenciones (así como Pennywise toma la forma de un payaso en IT, la bruja tiene una casa de dulce en Hansel and Gretel y la religión se introduce como la perdición disfrazada de salvación en Longlegs).
La noche de la desaparición es una excelente cinta de terror por parte de Cregger, quien demuestra que las partes más filosas y terroríficas de Bárbaro solamente era una probada de su comentario social. En este filme, el terror proviene desde dentro, de los lugares menos esperados, haciendo agonizar a cada uno de los protagonistas y llevando al espectador a un viaje que difícilmente superará.
Nacido en un pueblo pequeño sin cine, Carlos se enamoró del séptimo arte de manera gradual, llegando al apogeo en medio de su adolescencia. Fanático del cine de género, su pasión por el cine no conoce límites, pasando a medios televisivos y literarios, películas clásicas y modernas, ganadoras del Óscar, y las peores del año. Su segunda pasión es escribir sobre las cosas que le gustan y celebrar estas pasiones con gente que las comparta.
