Palomita de maíz

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La madre del blues: Chadwick Boseman y Viola Davis apantallan en drama musical

Escrito el 18 diciembre, 2020 @alessandra_kr

Disponible en: Netflix.

Director: George C. Wolfe.

Guionista: Ruben Santiago-Hudson.

Elenco: Chadwick Boseman, Viola Davis, Taylor Paige, Colman Domingo, Glynn Turman, Jeremy Shamos, Michael Potts, Dusan Brown, Jonathan Coyne, Remington Synclair.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:    

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt10514222/

Es una pena que La madre del blues sea la última interpretación que tendremos de Chadwick Boseman, actor multi-talentoso que murió el verano pasado. No obstante, con su interpretación en esta película, Boseman ofrece la mejor actuación de su carrera, incluso inspirando predicciones para ganarse un Premio Óscar a mejor actor de manera póstuma.

La película se basa en la obra de teatro Ma Rainey’s Black Bottom, escrita por el dramaturgo August Wilson, como parte de su serie The Pittsburgh Cycle. Ésta retrata la experiencia afroamericana en el Estados Unidos del siglo XX a través de 10 obras distintas. Específicamente, La madre del blues explora la explotación de los artistas Negros a manos de productores blancos.

La historia es sencilla en su escenario, pero densa en su contenido. En 1927, Ma Rainey (Viola Davis) y su banda se reúnen en un estudio musical de Chicago para grabar un nuevo disco. Mientras ella llega – tiene fama de ser diva, conjetura que poco a poco se desmenuza – la banda de músicos tiene conversaciones acaloradas en el cuarto de ensayo.

De entre ellos destaca Levee (Boseman), el trompetista con sueños ambiciosos de tener su banda, tocar sus propias canciones y conquistar el mundo del entretenimiento. Su relación con Ma Rainey está en un momento difícil debido a sus constantes cuestionamientos y su actitud retadora. Si no fuera porque es tan talentoso, ya no estaría en el grupo.

El chacoteo entre Levee y el resto de los músicos – Slow Drag (Michael Potts), Toledo (Glynn Turman) y Cutler (Colman Domingo) – tiene sus altibajos. Mientras que en muchas ocasiones bromean y ríen mientras dan a conocer sus perspectivas musicales y de vida, en otras se presenta hostilidad y actitudes amenazantes a través de la exploración del trauma.

En este punto, Boseman es la pieza fundamental de la historia al ser el catalizador de cambios de tono, la personificación de la ambición viendo con desdén a aquellos que no quieren más, y la representación apasionada de la experiencia Negra en Estados Unidos. Burlas discretas son suficientes para que Levee salte y cambie por completo la atmósfera del lugar. La exploración de los sentimientos del personaje es explosiva, pasando de la broma, al enojo y al llanto en cuestión de segundos.

Chadwick Boseman es el alma de la película al ofrecer una interpretación vulnerable y seductora. El actor canta y toca la trompeta de manera admirable, y aunque para muchos esto sería suficiente para apreciar su compromiso con el rol, lo más memorable es la manera en que recita monólogos escalofriantes e identificables en la realidad estadounidense con una sentimentalidad conmovedora. Con este rol, Boseman nos recuerda la inmensidad de su talento y lo mucho que nos hará falta verlo en pantalla.

Del otro lado de la moneda, Viola Davis ofrece una interpretación irreverente y retadora como Ma Rainey. Mucho menos en pantalla de lo que originalmente esperaría – por días hubo un debate cuestionando si más bien su personaje debería ser considerado como secundario –, su aparición en escena es memorable.

Su actitud es desafiante y pesada: llegando tarde, parando la grabación del disco hasta que le consigan su Coca-Cola, exigiendo que su sobrino haga la introducción en su canción más popular – Black Bottom – aunque éste tartamudee, o simplemente reprendiendo a su agente blanco (Jeremy Shamos), pronto aprendemos que más bien sus exigencias y actitudes son un juego de poder. A través de una conversación esencial con Cutler (Colman Domingo ofreciendo una actuación discreta y pragmática), entendemos la complejidad racial y el racismo sistémico del negocio musical de la década de los 20 que sigue hasta nuestros días.

La fuerza de la película recae en sus actuaciones. En sí, existe para que los personajes principales brillen con sus monólogos e inviten a la meditación personal a través de sus experiencias de vida. La adaptación a cargo de Ruben Santiago-Hudson guarda la esencia teatral del libreto original de Wilson – prácticamente toda la acción sucede en una sola locación –, pero se ve fortalecida por el dinamismo de sus estrellas.

Con un diseño de producción que favorece el estilo industrial, deprimente y oscuro de los 20’, así como vestuarios que nos transportan a la época, La madre del blues logra la introspección y empatía a través de momentos de incomodidad, incredulidad y desnudez emocional. Aunque la música es parte importante de su historia, más bien las palabras desafiantes de los artistas Negros son las que perduran en nuestra mente una vez que los créditos comienzan a rolar.

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