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La habitación de al lado: ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Escrito el 21 octubre, 2024 @StarcoVision

Dirección: Pedro Almodóvar.

Guion: Pedro Almodóvar, basado en la novela What Are You Going Through de Sigrid Nunez.

Elenco: Tilda Swinton, Julianne Moore, John Turturro, Alessandro Nivola, Juan Diego Botto, Melina Matthews y Victoria Luengo.

País: España.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt29439114/

“Nadie tiene derecho a imponerle a otro que se quede entre los vivos. A aferrarlo y decirle: seguí sufriendo porque yo necesito que sigas viviendo.”

Ope Pasquet, diputado uruguayo durante la sesión legislativa del proyecto de ley que despenaliza la eutanasia y el suicidio asistido (6 de octubre de 2022).

La habitación de al lado. Dir. Pedro Almodóvar. Warner Bros. 2024.

En pleno siglo XXI, apenas siete países consideran a la eutanasia una práctica legal. Es el gran debate de nuestra era que las normativas constitucionales dejen de calificarla como “homicidio por piedad” para darle su correcta consideración: verla como la voluntad de un individuo de anticiparse a lo inevitable, de poder morir con dignidad. Se traza aquí la delgada línea entre lo moral y lo humano, ¿qué se puede hacer cuando se es demasiado débil para vivir, pero aún fuerte como para fallecer? La espera es incierta, el algún día se torna una constante agonía que deja a personas sufriendo mientras ruegan porque les llegue el momento del juicio final.

La habitación de al lado sigue a Ingrid (Julianne Moore), una celebrada novelista quien, en ocasión de la firma de uno de sus últimos libros, recibe la noticia de que una amiga suya, Martha (Tilda Swinton), a quien no ve hace casi 20 años, padece cáncer de cuello uterino en fase avanzada. Ingrid, venciendo su propio pánico hacia la muerte, visita a una Martha convaleciente, pero esperanzada porque pese a que la prognosis no es alentadora, ella todavía cree que tiene mucho por vivir.

A medida que rememoran sus épocas de periodismo, las historias personales de Martha y sus anécdotas como corresponsal de guerra, recibe la dura noticia de que la enfermedad ha derivado en metástasis. Debido a esto, Martha decide quitarse la vida con una píldora que compró por la deep web, pero le pide a su amiga que la acompañe, en la habitación de al lado, mientras ella prepara el momento para cruzar el puente hacia la eternidad.

Quienes seguimos el cine de Almodóvar estamos acostumbrados a su ingenio como realizador, su estilo característico, su refinado gusto por los colores cálidos, sus conquistadores primeros planos y sus personajes tan complejos como elaborados. En casi cinco décadas de carrera, Pedro ha construido una suerte de culto alrededor de él, cuyos integrantes están dispuestos a ser constantemente sorprendidos. Es que, pese a que ha erigido su figura en la reivindicación del género melodramático, apela a dejar un mensaje que permita a su público usar su inteligencia. Nadie sale de ver una de sus películas sin sentirse interpelado, y La habitación de al lado no es la excepción.

En una de las escenas más trascendentales, Martha le dice a Ingrid que los enfermos de cáncer están obligados a librar una batalla que no eligieron, mucho menos se prepararon. Aquellos que viven son vistos como mártires, mientras que los que mueren son acusados de no luchar lo suficiente. Es que el cáncer sigue siendo una de las más crueles enfermedades que pueden aquejar al ser, y aunque somos conscientes de que la ciencia ha tenido una merecida progresión, no se logran aminorar sus consecuencias. Recibir un diagnóstico de estos, por menos agresivo que sea, es un golpe duro. El primer pensamiento del enfermo como de quienes lo rodean es que la batería vital se va agotando en un mismo instante. “¿Qué esperanza hay?” parece ser la pregunta más recurrente o la que todos, sin excepción, seguro se hacen.

De aquí en más, la relación de Ingrid y Martha pasa de ser la de viejas confidentes a asemejarse a lo vertiginoso de la amistad de Thelma y Louise, coqueteando con lo prohibido. La división entre los vivos y los muertos, entre lo moral y lo indecoroso, entre el raciocinio y la absoluta locura. Inevitables los guiños al Robert y Vera de La piel que habito (2011) o el Ricky y la Marina de Átame (1990), esa suerte de vínculo pecaminoso que termina uniendo a los opuestos. Sin embargo, Almodóvar usa esa suerte de conexión y le da un toque distinto, puesto que entre las protagonistas no hay un deseo que se consume en lo carnal, sino más bien en el éxtasis de jugar a ser Dios. Martha se quiere ir a su modo e Ingrid quiere cumplir con su promesa, mientras es la testigo atormentada de un acto que la sociedad ve como criminal.

Pedro quería sacarse el gusto de trabajar en inglés por lo grande, de mantenerse fiel a sí mismo, pero permitiéndose salir de su zona de confort. Es que, aunque todo orbite en lo estadounidense, es inevitable no sentir la esencia madrileña al servicio de gran parte de las escenas. Parte fundamental de que el desafío se supere con creces radica en el dúo de Tilda Swinton y Julianne Moore, lo que hace pensar en el pecado mortal que era el no haberlas tenido compartiendo pantalla antes.

Chicas Almodóvar ha habido muchas a lo largo de la historia y todas han sabido ostentar el título cual condecoración de la casa real. Ser parte de este mundo de actrices es tanto un honor como una responsabilidad porque la vara cada vez se pone más alta. Sin embargo, ni Swinton ni Moore se amilanan.  Es cierto que, en términos de guion, Swinton es quien se lleva los laureles, además de notarse la confianza que Almodóvar ya le tenía. Moore aborda un rol de compañera y confidente haciendo uso de su exquisita sensibilidad. Es imposible que el exigente público del manchego no caiga rendido ante su poderío.

Tener un dúo de actrices que sobrepasan los 60 años al frente de un filme que, aún cuanto duro, no las victimiza ni las avejenta, parece casi que utópico. Sin embargo, es una realidad. Hoy más que nunca, vale recordar que, hace casi una década Cate Blanchett afirmó en su discurso de Óscar que las películas con mujeres en el centro no son experiencias de nicho, y Almodóvar tenía que contribuir a reafirmar esa hipótesis.

A modo de corolario, La habitación de al lado viene a demostrar que el laureado realizador sabe interpelar a nivel político sin, necesariamente, hacer política. El cine es entretenimiento, pero también es el reflejo de la visión y destreza de sus autores. Esta cinta no es la excepción. En tiempos donde la intolerancia abunda, este tipo de filmes invita a la reflexión con identidad social desde la experiencia. Citando al propio Pedro, quien al recibir su premio honorífico en Donostia dijo: “mi mensaje político es la libertad.”

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