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La guerra del mañana: acción futurista con un Chris Pratt tieso

Escrito el 8 julio, 2021 @bmo985

Disponible en: Prime Video.

Dirección: Chris McKay.

Guion: Zach Dean.

País: Estados Unidos.

Elenco: Chris Pratt, Yvonne Strahovski, J.K. Simmons, Sam Richardson, Betty Gilpin.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt9777666/

¿Una película de una guerra futurista con enemigos alienígenas implacables cuya trama tiene como punto central el viaje en el tiempo? Aunque así parezca, no estamos hablando de Al filo del mañana (Doug Liman, 2014), sino de La guerra del mañana, del director de animación Chris McKay. Aquella joya del cine de acción y ciencia ficción, injustamente ignorada por las audiencias del momento y ahora convertida en objeto de culto, veía a Tom Cruise y Emily Blunt luchar por el futuro de la humanidad en un formato tomado de Groundhog Day (Harold Ramis, 1993), en donde el tiempo cíclico era la clave para salir avante.

En La guerra del mañana, McKay y su guionista Zach Dean presentan una invasión alienígena que pone en peligro la sobrevivencia de la humanidad, por lo que desde el año 2051 se envían emisarios al año 2022 para pedir refuerzos que peleen en el futuro. Los gobiernos globales acceden y deciden instituir la leva internacional, reclutando a hombres y mujeres de todo el mundo. Entre ellos se encuentran Dan (Chris Pratt) y Charlie (Sam Richardson). Lo que encuentran al viajar al futuro es desesperanzador, pues queda claro que la humanidad lucha su última batalla.

La guerra del mañana tiene sus mejores momentos cuando no se toma a sí misma seriamente, tarea para la que el personaje de Pratt no abona mucho. La inclusión de actores cómicos en papeles secundarios y terciarios revela esta clara intención del director, cuyo trabajo más destacable es LEGO Batman: la película (2017) y la serie televisiva de stop-motion Robot Chicken (2005 –).

Mary Lynn Rajskub, Mike Mitchell y Richardson tienen la encomienda de aligerar la primera mitad de la cinta y, en gran parte logran su cometido, aunque el potencial de Richardson para el protagonismo se desperdicia posteriormente. Chris Pratt, no obstante, es quien sufre de un severo déficit de carisma, pues habiendo sido relevado de un rol cómico, le toca cargar con el aspecto serio de la cinta, revelando algunas flaquezas. Su expresión de gravedad lo hace parecer que ha perdido las gafas y necesita entrecerrar los ojos para ver bien.

Comparando esta cinta con la de Liman, Pratt no posee la determinación, locura y adicción al movimiento de Tom Cruise, quien puede desplegar todo su encanto con tan solo una carcajada. Queda la impresión de que aquí, McKay no ha utilizado correctamente al actor. Sus dotes como estrella de acción son casi indiscutibles, pero me queda la duda de que pueda cargar con toda la película a sus espaldas en un rol dramático. Su personaje, un científico que estuvo en el ejército, es poco creíble.

Pratt ha desarrollado una reputación como un bruto juguetón (Parks & Recreation y la primera mitad de Pasajeros) o como un ladronzuelo encantador (Guardianes de la galaxia, en la cual, si somos honestos, hace una buena imitación de Han Solo), pero ambas situaciones lo encontraban como un niño-hombre que agradaba por su ingenuidad o apariencia atractiva. En esta ocasión se le corta el potencial cómico, colocándolo como el centro de una cinta de acción en donde el comic relief es proporcionado por otros actores.

Este problema puede verse claramente en su interacción con la coronel Muri Forester (Yvonne Strahovski) [The Handmaid’s Tale], la líder guerrera del futuro, cuyo monólogo de fuerte componente emocional es declamado ante la mirada tiesa de Pratt. Betty Gilpin (GLOW), quien interpreta a su esposa – y a quien, en un mundo justo, hubiéramos visto en el protagónico de esta cinta – transmite mayor emotividad y urgencia en el momento en que le propone a su esposo huir tras enterarse de que éste ha sido reclutado en la guerra del futuro, que Pratt a lo largo de toda la película. Este actor no se coloca en piloto automático, pues eso implicaría que algo de su carisma y presencia se viera en pantalla, sino que, al contrario, parece fuera de su elemento y resulta la parte más floja de la cinta.

Entre lo que destaco de la cinta es el diseño de las criaturas, las cuales solo son mostradas en su totalidad hasta el final del primer tercio de la película. Su aparición provoca una de las mejores secuencias de acción en las ruinas de la ciudad de Miami, la cual desafortunadamente no marca el ritmo para el resto de la cinta.

Estos seres, a la mitad entre los bichos espaciales de Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1998) y los zombis ágiles de Guerra Mundial Z (Marc Forster, 2013), disparan aguijones afilados, planean por los cielos, se desplazan con rapidez por las ruinas de la ciudad, consumen humanos como si fueran botana y a menudo parecen inmunes a las balas. La película incluye elementos que sugieren la construcción de un mundo propio, cosa que siempre se agradece.

El hallazgo al final de la cinta se siente como un guiño al desenlace de Prometheus (Ridley Scott, 2012) y bien puede ser que lleve a una o más secuelas que exploren esta guerra intergaláctica. Por último, entre sus aciertos está el de haber atenuado la consabida vertiente nacionalista del cine de acción estadounidense. No hay discurso del presidente gringo o no se refrenda el excepcionalismo americano como la ideología de la victoria. Aquí, tan solo son tipos matando extraterrestres que comen gente, y aprecio esa falta de ambición.

En algún momento de la historia, llega el momento en que uno quiere ver más acción trepidante contra las bestias infernales que mastican gente, pero en cambio se nos ofrecen largas escenas de compenetración emocional entre Dan y la coronel Forester. McKay demuestra un buen entendimiento de la acción con una ágil edición – no excesivamente rápida –, lo que en última instancia hace que la película funcione.

A pesar de sus fallas, La guerra del mañana deja con buen sabor de boca gracias a sus escenas de acción, diseño de producción y efectos especiales. Su elenco de reparto ayuda a elevar la interpretación de su protagonista, quien opera en un solo nivel (una expresión de confundida seriedad).

La intención de ser una película de acción que se sabe ridícula se queda en el tintero, pues a menudo uno tiene la noción de que bien podría haber apuntado con mayor énfasis hacia esta dirección (¿qué mejor ocasión para ello que tomar a J.K. Simmons, aquí en plan musculoso, ponerle cananas sobre el pecho y una ametralladora gigantesca? Es preocupante lo subutilizado que se encuentra el ganador del Óscar.)

Si uno está dispuesto a soportar a su protagonista y una subtrama irrelevante sobre vínculos filiales, La guerra del mañana ofrece una experiencia palomera y divertida. Su final de notas gore los hará agradecer de que no haya sido producida por el estudio del ratón malévolo.

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