Palomita de maíz

– Sitio independiente de cine y TV.

La chica salvaje: inerte melodrama sureño que se hunde en terreno pantanoso

Escrito el 7 septiembre, 2022 @CesarAndreZzZ

Disponible en: cines.

Dirección: Olivia Newman.

Guion: Lucy Alibar, basado en la novela “Where the Crawdads Sing” (2018) de Delia Owens.

Elenco: Daisy Edgar-Jones, Taylor John Smith, Harris Dickinson, Charlene Michael Hyatt, Sterling Macer, Jr, David Strathairn, Jojo Regina, Garret Dillahunt.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt9411972/

La chica salvaje. Dir. Olivia Newman. Sony Pictures. 2022.

Desde su concepción como novela en 2018, La chica salvaje fue un relato complaciente. Es el tipo de historia estadounidense que confronta lo peor de su sociedad con aires banales de condescendencia que apuntan a un relato de superación simplista. Su escritora, Delia Owens, recibió elogios por su elaboración de una fábula sureña de amargura y liberación, y críticas negativas por su representación estereotipada de personajes afroamericanos. A pesar de su éxito de ventas, es un libro divisivo, y su adaptación cinematográfica tenía la oportunidad de enmendar algunos de sus errores.

Lamentablemente, la película de La chica salvaje no solo replica elementos reprochables de la novela, sino que los agrava por su incompetencia de dar sinceridad a sus personajes, contexto y mensajes. La historia es un híbrido extraño de dos narrativas que no encuentran punto de convergencia.

Por una parte, es una historia de madurez tormentosa: durante los años 50, en una zona pantanosa de Barkley Cove, Carolina del Norte, Kya Clark (interpretada en la niñez por Jojo Regina y en la adolescencia y adultez por Daisy Edgar-Jones) crece en un entorno disfuncional junto a sus hermanos mayores, su madre desconectada y su padre abusivo con problemas de alcoholismo. Lentamente, la familia de Kya va huyendo de casa, primero su madre y luego sus hermanos mayores, dejándola a su suerte con un hombre inestable, negligente, quien, según Kya, tiene momentos fugaces de afecto.

La condescendencia de la historia inicia aquí, con nulas explicaciones de por qué toda la familia Clark huiría sin pensar llevarse a la menor del grupo y con una serie de infortunios tortuosos en la vida de Kya. Sus intentos por integrarse a la sociedad son frustrados por el prejuicio del pueblo. La apodan “la chica del pantano”, la juzgan por no llevar zapatos y ser analfabeta, por ser tosca y desprolija. Cualquier escena gratuita de humillación contra Kya es permitida porque su personaje está construido para que sientas lástima por ella y no empatía. Cuando crece, Kya debe valerse por sí misma después del abandono de su padre, apoyándose en Mabel y James Madison (Charlene Michael Hyatt y Sterling Macer Jr), una pareja dueña de una tienda de comestibles que solo existen para hacer sentir menos sola a la joven.

Por otra parte, el otro elemento clave de la trama es una investigación policial. Al inicio de la película, en 1969, encuentran el cuerpo de Chase Andrews (Harris Dickinson) tendido bajo una torre en el corazón del pantano. Debido a las presiones de su familia, la investigación es acelerada y termina con el arresto de Kya, quién es considerada la principal sospechosa del asesinato. El abogado Tom Milton (David Strathairn) tendrá largas conversaciones con Kya, editadas en la película como una narración flotante, en las que ella contará los traumas de su infancia, la relación que tuvo con Tate Walker (Taylor John Smith) y su implicación en la muerte de Chase.

La fusión de los dos temas centrales es torpe y ningún punto concluye con firmeza. Por un lado, la construcción de la infancia y adolescencia de Kya es artificial, no por malas interpretaciones, sino por una construcción deficiente de personajes. Ninguna de las personas que giran en torno a su vida se sienten reales, sino cabezas parlantes con una sola idea: la madre que deja atrás a su familia huyendo del abuso de su esposo es el primer recuerdo de abandono de Kya, el cual parece importante solo cuando es conveniente; los hermanos que tienen apariciones casi inexistentes y, solo al final, parece que Kya tiene un vínculo estrecho con uno de ellos; el padre atormentado que en el fondo quiere a su hija; y Tate, el encantador joven y primer amor de Kya.

La chica salvaje. Dir. Olivia Newman. Sony Pictures. 2022.

En este último punto, hay poca química entre Taylor John Smith y Daisy Edgar-Jones, lo que hace que su relación sea difícil de creer. A eso se suma el hecho de que su vínculo nace a partir de la benevolencia de Tate por proteger y cuidar a Kya, enseñándole a leer y escribir, así como su afición por la naturaleza. El encanto de “chico bueno” del sur que emana Tate y la inocencia risueña de Kya son los únicos elementos que hacen que la relación exista. Los diálogos entre ellos son incómodos, con obvias intenciones poéticas que se sienten fuera de lugar y perpetúan la sensación de que todo lo que vemos es artificial: una construcción plástica de lo que alguien de ciudad cree que es la vida en una zona rural.

Por otro lado, las secuencias del juicio contra Kya se mantienen vivas gracias a la vivaz interpretación de David Strathairn, quien hace magia con las pocas apariciones que tiene. De resto, se fundamenta en escenas genéricas de corte, con la audiencia jadeando ante revelaciones de poco o ningún impacto y previsibilidad exagerada. La aparición de Harris Dickinson en el segundo acto de la película no cambia nada, por contrario, hunde la narrativa más. Su personaje, al igual que el resto, es un cliché unidimensional: un villano blando que se puede leer por completo con su primera escena, en la que desborda de red flags.

La película quiere afianzar con desesperación varios temas obvios que, por su falta de sutileza, se sienten como un sermón. Explora el prejuicio y marginación social, confrontando la realidad de que el pueblo de Barkley humilló a Kya. Ella se interpreta como una consecuencia de lo que las sociedades se quejan y condenan después de haber privado de oportunidades a estas personas. El pueblo es una horda que estaba esperando la más mínima equivocación para reafirmar sus prejuicios, y ahora con una sospecha de asesinato, la tienen.

El problema con este discurso es que todos los involucrados son unidimensionales. No hay motivaciones, trasfondo o contexto para sus acciones: las llevan a cabo porque así lo dice el guion. Los personajes son buenos o malos, no hay puntos medios. Daisy Edgar-Jones nunca se siente creíble como una joven propensa a las crueles humillaciones sociales que recibe. En la fantástica serie Normal People demostró su capacidad de meterse en personajes aparentemente callados, pero que tienen un mar de pensamientos que son expresados en lo sutil. Con Kya, la actriz no conquista puntos medios porque el personaje o tiene espontáneos arranques de ira o se mantiene en un silencio paciente y desesperante, aun en una situación que la podría privar de su libertad.

Resultan risibles los intentos de la película de hacer gaslighting al espectador, vendiendo con torpeza la idea de que Kya es una heroína astuta e idealizada por la cual tenemos que apostar y confiar con ojos cerrados. La realidad es que, las inconsistencias del desarrollo de su personaje hacen difícil que exista algún interés en su destino: tan excesivamente ingenua por momentos, como valerosa, firme y temeraria por otros.

Entre los puntos positivos de la película, destaca que la directora de fotografía Polly Morgan filma la belleza opaca de las zonas pantanosas estadounidenses, y presenta transiciones astutas entre el pasado y el presente de Kya. Asimismo, David Strathairn como el apacible abogado, y Jojo Regina, interpretando con realismo el temor al abandono y la angustia por la marginación social en la infancia de Kya, ofrecen el par de interpretaciones memorables.

La chica salvaje no puede salvarse de los propios males que arrastra de su novela. Mientras que la película predica más sobre la relación que los humanos tienen con los animales, para bien o para mal, más se desconecta de su público. “Cada criatura hace lo que debe para sobrevivir”, es una frase que es lanzada en dos ocasiones como si fuese lo más inteligente que jamás se haya dicho. Este es uno de los muchos momentos que buscan ocultar el hecho de que su historia y personajes son demasiado superficiales como para transmitir alguna emoción o idea.

2 thoughts on “La chica salvaje: inerte melodrama sureño que se hunde en terreno pantanoso

  1. He leido con detenimiento su articulo , me sorprende su análisis de la pelicula , mas para mi que soy alguien del comun y que alguna vez en mi vida hice teatro , creo que mucho discurso , negativismo o análisis innecesario, si no le gusta sencillamente se apaga y se va , de lo contrario trata de disfrutar , las telas se venden por los gustos, ademas veo que varias paginas que he revisado al respecto de esta pelicula ha tenido una aceptacion del 80% , entonces no es tan mala como usted piensa.

  2. Te ha faltado decir que lo salvaje en la protagonista solo está en el título de la peli. La imagen de urbanita niña de papá no se la quita de encima ni embarrada en el pantano. Buen comentario cinéfilo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Palomita de maíz participa en el Programa de Afiliados de Amazon, diseñado para que el sitio gane comisiones a través de enlaces con Amazon. Esto significa que cuando compren alguna película, serie de televisión o libro en Amazon a través de los enlaces establecidos en el sitio, Palomita recibirá un porcentaje del precio ese producto.