Kontinental ‘25 (43FCIU): la culpa como enemiga del impune y el terror del inocente
Dirección: Radu Jude.
Guion: Radu Jude.
Elenco: Eszter Tompa, Gabriel Spahiu, Adonis Tanța, Oana Mardare, Șerban Pavlu, Annamária Biluska.
Países: Rumania, Brasil, Suiza, Reino Unido, Luxemburgo.
Palomómetro:![]()
Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt35492581/
“¿Sabes por qué es lindo este mundo? Porque es una maqueta. ¡El original es un desastre!”
-Mafalda (Joaquín Salvador “Quino” Lavado”, 1964-1973)

¿De qué manera pueden repercutir en uno las decisiones de los otros? La modernidad ha supuesto el caos total en los individuos, quienes se han convertido en esclavos de la inmediatez, regidos bajo el imperio del lucro. Los líderes han aumentado su poderío a merced de las clases trabajadoras, trasformando a las sociedades en egoístas e insensibles. Nadie se detiene ante nada, todos –sin excepción– somos inmutables ante el dolor ajeno hasta que, en efecto, nos trastoca a nosotros. Solo cuando osan corromper nuestro edificio tomamos consciencia acerca de la fragilidad del universo.
Radu Jude enmarca su sátira en la región de Transilvania, siguiendo a Orsolya (Eszter Tompa), una agente judicial encargada de realizar desalojos. Un día, uno de sus tantos desahucios termina con el suicidio de Ion (Gabriel Spahiu), un prodigioso ex atleta rumano quien ha caído en desgracia y vive como indigente. Consumida por una culpa inexistente, así como víctima de un escarnio público, Orsolya comienza a cuestionarse sus decisiones personales y profesionales. En este desesperado intento de redención, la mujer transita una suerte de viaje mental que, seguramente, no tendrá ningún resultado en su vida real.
Ligeramente inspirada en Europe ’51 (Roberto Rossellini, 1952), Kontinental ‘25 ironiza sobre la realidad y critica todos los aspectos de la vida moderna, desde la economía post-socialista hasta el concepto de humanismo, el cual, muchas veces, solo esconde una falsa empatía. En esta cinta que roza el absurdo sin parecer una utopía todo está puesto en tela de juicio.
El filme sigue una línea argumental mas o menos caótica, donde la protagonista poco a poco sucumbe. Orsolya es esa clase de mujer que ha llegado a la adultez cumpliendo con las pautas establecidas para alcanzar la estabilidad, pero no así la plenitud. Sobrevive como una cierva de la hipócrita burocracia, ejecutando órdenes que forman parte de su quehacer diario y que terminan por arruinar a los desalojados. Así, el suicidio del indigente es un punto de inflexión para esta mujer recta, desdibujando la línea que separa su exterior con sus creencias personales. Es la primera vez que sus preguntas dejan de tener respuesta.
En este viaje por el autoconocimiento, Orsolya se ve interpelada por todo y todos aquellos a su alrededor. Los vínculos que tiene establecidos no solo no la llenan, sino que hasta la irritan. Se encuentra en una sociedad descreída, incapaz de ponerse en el lugar del otro, que se ríe de los migrantes, que solapa actitudes de políticos fascistas y que cree que ganará un lugar en el cielo por tirar monedas a los más necesitados. Aunque hilarante, por momentos hasta apabullante, el filme presenta una realidad transfronteriza, no solo de Rumania y sus vecinos. El espectador es testigo de esto apenas mirando a quienes rodean a esta mujer en una ciudad de apenas unos 300 mil habitantes. ¿Qué pasará en las grandes metrópolis? Cosas peores.
El poderío de la cinta radica, por supuesto, en su laureado guion. Jude abofetea, una vez más, a todos aquellos que creen que el multitasking en el cine es innecesario. Solo él mismo podía llevar su propio escrito a la pantalla grande porque solo él comprende a cabalidad su premisa. Coquetear con el género satírico es un gran desafío, más cuando se quiere hablar de la realidad sin citar hechos verídicos o personajes reales (la única mención de un político actual es la del húngaro Viktor Orbán). Kontinental ’25 rescata ese tipo de cuestionamiento sin señalar a nadie que bien inmortalizó Paddy Chayefsky en The Hospital (Arthur Hiller, 1961) y Network (Sidney Lumet, 1976).
El mensaje del Kontinental ‘25 es bastante claro, hasta triste si se pone uno a pensarlo con detalle. Los pequeños alivios cómicos están puestos para que recordemos la estupidez de la época en que vivimos. No obstante, bajo la ironía del planteo hay una intención de interpelar hasta al más escéptico: ¿qué solución hay para una sociedad tan vil? Para el pesimista, ninguna, y para el optimista, el aferrarse a la creencia de que una mano invisible regulará el universo. Vaya uno a saber. A modo de redondeo, bien está volver a citar a la mítica Mafalda, porque uno sale de la sala del cine pensando, “Paren el mundo que me quiero bajar”.

Made in Uruguay, a Valentina el corazón le pertenece a sus raíces eslavas como las que retratan Pawlikowski en Cold War y Kusturica en When Father Was Away on Business. Firme defensora del Óscar de Faye Dunaway por Network, fanática del Almodóvar de Tacones Lejanos y fundamentalista de Vanessa Kirby. Cuenta los días para que The Academy salde su cuenta pendiente con Bradley Cooper. Ah, y para entretenerse, un cartón dice que es internacionalista.
