Palomita de maíz

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Kingdom of the Planet of the Apes: el mundo después de Caesar

Escrito el 16 mayo, 2024 @ECinematografo

Dirección: Wes Ball.

Guion: Josh Friedman

Países: Estados Unidos.

Elenco: Owen Teague, Freya Allen, Peter Makon, Kevin Durant, William H. Macy.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt11389872/

Kingdom of the Planet of the Apes. Dir. Wes Ball. 20th Century Studios. 2024.

Este año, dos blockbusters de ciencia ficción especularon sobre los peligros del fanatismo religioso. Duna, parte 2 nos posicionó en los zapatos de un “mesías” que fomenta una cruzada santa para someter al universo. Kingdom of the Planet of the Apes empieza 300 años después de la muerte de Caesar (Andy Serkis), un simio que, durante su trilogía, regaló a su especie la habilidad de comunicarse y organizarse dentro de una autocracia. Dado que nunca se presentó como un santo o maestro, esta cuarta entrega propone un mundo donde su legado tiene resultados que jamás planeó.

El director Wes Ball (The Maze Runner) y el guionista Josh Friedman (Avatar: el camino del agua) heredan la  franquicia revivida por los escritores Rick Jaffa y Amanda Silver, y los directores Rupert Wyatt y Matt Reeves. Su enfoque puede describirse como un paisaje post apocalíptico construido con elementos del western, las épicas bíblicas y los videojuegos de aventura. La producción nos hace viajar a través de sociedades autosuficientes y aisladas, un campo de esclavos que parece sacado de Ben Hur (William Wyler, 1959) y escenarios urbanos invadidos por la naturaleza como en The Last of Us.

Kingdom of the Planet of the Apes es una producción que se sostiene por sus propios méritos. Los efectos especiales y el motion capture utilizado para presentar a estos simios generados por computadora son perfectos, mientras que la dirección de Wes Ball es interactiva, funcionando como un videojuego de aventuras.

En cada nivel de la historia, Noa (Owen Teague), el nuevo simio protagonista, percibe nueva información sobre un mundo que cree dominar y conoce nuevos compañeros para el resto de su viaje. En los niveles más sencillos, Noa controla sobre su entorno y cultura. Nos emocionamos cuando obtiene los elementos para un complicado ritual en su cultura, pero sufrimos cuando su entorno falla en prepararlo para la invasión por parte de simios fundamentalistas que asesinan en nombre de alguien del cual no había escuchado antes, Caesar.

A través de Noa, el espectador casual se lanza en una historia sobre los peligros de la obsesión con íconos religiosos, mientras los seguidores de la franquicia exploran las ramificaciones del legado de Caesar. La narrativa presenta los desenlaces positivos y negativos de su leyenda. En primer lugar, vemos cómo la liberación de los simios condujo a una fragmentación de la sociedad simia a nivel global, con cada grupo estableciendo sus propias normas culturales, a pesar de tener una historia común. Noa pertenece a un clan pacífico que se distingue por criar águilas y enseñar a sus jóvenes el cuidado y el respeto hacia otras especies, ignorando la influencia del simio que inspiró la solidaridad que ve a diario.

Saltarse 300 años de historia es una decisión fascinante. Esta entrega encuentra libertad al no retomar la trama de los personajes de antaño, sin olvidar que el desenlace “feliz” de la trilogía anterior es ahora un asunto preocupante para los nuevos rostros de la franquicia. Aunque Noa se identifica fuertemente con su cultura, criado en aislamiento de otros clanes, encuentra difícil cuestionar las leyes de su pueblo, así le generen angustia y acentúen sus daddy issues. 

El siguiente nivel muestra la propagación y perversión del ejemplo de Caesar a través de dos vertientes del culto a su nombre. La aventura de Noa lo lleva a conocer a Raka (Peter Makon), una especie de devoto que vive en soledad, cultivando su fascinación por la literatura y las enseñanzas políticamente correctas de la historia de Caesar, incluyendo su empatía experimental por aquella especie peligrosa que solía dominar el planeta Tierra. La ingenuidad de este orangután resulta en la adición al séquito de una humana muda y desamparada llamada Mae (Freya Allen).

Más adelante, Noa encuentra un maestro que trata el legado del Caesar con un vicio terrible: el rey Proximus Caesar (Kevin Durand). Proximus es la inversión más cruel de la curiosidad de Raka. Este simio está versado en la historia humana y se identifica solo con aquellos pasajes que lo ayudan a justificar su poder sobre su reino de simios. Este simio utiliza códigos religiosos para convencer a sus esclavos de participar en su plan de apropiarse de la tecnología que los humanos dejaron atrás y justificar un código de violencia militar que contradice preceptos de Caesar como “simio no mata simio”.

El tratamiento de Josh Friedman se siente como la progresión natural de la historia de la trilogía de Caesar (2011-2017), así como una sátira de su mito. El mejor regalo hacia los seguidores de la franquicia es la incómoda certeza de que saben más que los protagonistas de esta entrega. Caesar no está presente en la historia, pero su sombra se convierte en el motor de personajes que siguen el ejemplo de su recuerdo, si bien ignoran totalmente los matices de sus hazañas. 

Proximus, el más ilustrado de los simios, jamás comparte el verdadero mito de Caesar, sobre todo el hecho de que tuvo que reconsiderar su liderazgo en respuesta a terribles acontecimientos, incluyendo su propia capacidad para la violencia. En cambio, guarda todo tipo de memorabilia en su habitación para decidir la Palabra oficial que compartirá con sus seguidores. El Caesar que conocimos jamás tuvo la intención de ser un ícono religioso y jamás hubiera consentido que se masacraran o esclavizaran simios en su nombre. 

Finalmente, si bien la narración de la película se siente rígida, es exitosa en medida que permite apreciar la madurez que va ganando Noa. Mientras aumentan los enredos, más vemos a Noa considerar diferentes alianzas sin tener el tiempo de evaluar la posibilidad de traiciones o manipulaciones. Sus interacciones con Proximus y Mae terminan en alianzas o rivalidades cuyos desenlaces no puede evaluar inmediatamente. Ya cuando el caos a su alrededor supera sus capacidades, debe tomar decisiones. De este modo, Noa se revela contra los designios de una tradición oral incompatible con su vida y valores, siendo un protagonista que promete igualar la dimensión emocional de Caesar sin ser su réplica.

***

Por supuesto, en Kingdom no se cierran todos los cabos de su historia (hay que dejar espacio para la nueva trilogía); no obstante, como blockbuster y entrega independiente, refresca nuestro paladar y evidencia la relevancia de una propiedad intelectual que sigue cautivando después de más de 50 años de existencia. Con la voz distintiva de su director y colaboradores, nos sumergimos en una combinación de fanatismo religioso despiadado y la transformación personal de un joven que renuncia a su ingenuidad en aras de madurar y fortalecer a su comunidad.

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