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Juego limpio: entre la alcoba y el mercado financiero

Escrito el 9 octubre, 2023 @Kenny_DiazPR

Disponible en: Netflix.

Dirección: Chloe Dumont.

Guion: Chloe Dumont.

Elenco: Phoebe Dynevor, Alden Ehrenreich, Eddie Marsan, Rich Sommer, Sebastian de Souza, Patrick Fischler.

País: Estados Unidos

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt16304446/

Juego limpio. Dir. Chloe Dumont. Netflix. 2023.

El mundo despiadado de Wall Street ha sido retratado en el cine casi siempre desde una mirada masculina. Películas como Margin Call (J.C. Chandor, 2011), Arbitrage (Nicholas Jarecki, 2012), The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese 2013) y The Big Short (Adam McKay 2015), todas dirigidas y protagonizadas por hombres, reflejan una realidad: la escasa presencia de mujeres (sobre todo en puestos de dirección) en los mercados financieros de Estados Unidos. Una excepción notable es Equity (2016), escrita por Amy Fox y dirigida por Meera Menon, promovida como “el primer drama de Wall Street protagonizado por una mujer” (Anna Gunn llevó el rol principal). Sin embargo, la propuesta más interesante y novedosa hasta el momento es quizá Juego limpio, el primer largometraje de Chloe Dumont que recién se estrenó en Netflix.

Emily (Phoebe Dynevor) y Luke (Alden Ehrenreich) son analistas en un fondo de cobertura de Nueva York. Ambos mantienen una relación apasionada a escondidas de sus compañeros de trabajo. Luke le propone matrimonio a Emily durante la boda de su hermano y ella acepta felizmente. Al día siguiente, en el trabajo, despiden a uno de los gestores de cartera de la empresa. Este momento de tensión expone el carácter incierto de la profesión: hoy estás y mañana ya no; las cabezas ruedan con facilidad; siempre hay que estar atento y competir ferozmente.

Emily escucha a sus colegas mencionar que están considerando a Luke como un reemplazo y le pasa la noticia. Los dos celebran esa noche. Sin embargo, el director ejecutivo de la empresa, Campbell (Eddie Marsan), convoca a Emily a una reunión a altas horas de la noche para decirle que es ella quien recibirá el ascenso. Emily le da la noticia a Luke a regañadientes, pero él le expresa su apoyo.

Entonces se desata una batalla campal que amenaza con destruir a la pareja. Aunque Emily obra con la intención de asegurarle una promoción, Luke no tarda en sentirse menoscabado en su condición de hombre, cuestionando (veladamente en un principio) los méritos de su prometida para lograr el ascenso. Ambos descienden en un juego peligroso donde lealtades y ambiciones personales son puestas a prueba.

Juego limpio analiza las complicadas relaciones de género tanto en el espacio privado como público. La pareja, que antes gozaba de una vida sexual activa, ahora se distancia progresivamente a causa de los celos y la desconfianza. Mientras Emily es presionada por su madre con el asunto de la boda, Luke ni siquiera le ha comentado a sus padres sobre el compromiso.

La película encapsula perfectamente, a través de un montaje a veces frenético, el estado creciente de ansiedad de los personajes, en consonancia con el ritmo maratónico de la ciudad de Nueva York. Ella se refugia en el alcohol y las salidas nocturnas con colegas cuyas agresiones machistas no conocen límites. Él se empapa desesperadamente de material didáctico para no verse aún más rezagado en el trabajo.

Juego limpio. Dir. Chloe Dumont. Netflix. 2023.

Hay algo audaz en la construcción del personaje femenino. ¿Cómo visibilizar la opresión de la mujer sin reducirla al papel de víctima? Dumont presenta a un personaje complejo que, aunque no es emancipador en el sentido de la palabra, reclama una y otra vez el control de su propia narrativa. Rodeada de depredadores y expuesta a diferentes formas de abuso, Emily camina sobre aguas profundas. Cualquier error podría acabar con su carrera, y aun cuando a veces comete el error de confiar en Luke, cuya capacidad es cuestionada una y otra vez, no le queda otra opción más que aprender a jugar el juego del amo.

Aunque Juego limpio no es exactamente un thriller erótico, el deseo sexual tiene un rol importante y, nuevamente, va de la mano con el personaje femenino. ¿Cómo exponer el carácter volitivo del hombre y la agresión (ya sea física, sexual o psicológica) sin anular a la mujer como sujeto sexual que desea y reclama agencia sobre su cuerpo? En los ojos de Emily, Luke es muchas cosas a la vez: enamorado, cómplice, amante, colega, empleado, competencia, enemigo… La lista es larga.

A pesar del riesgo constante de ser sexualizada, la protagonista no duda en utilizar las armas de la seducción para obtener lo que desea en la intimidad. “Prometo ayudarte en tu carrera si me lames la vagina”, le propone a Luke. Las salidas nocturnas con los directivos y colegas son otra provocación. Una vez más, el guion astuto de Dumont nos lleva entre los límites de lo privado y lo público. Las prácticas eróticas de la intimidad suben a la superficie ante las presiones laborales.

El personaje de Luke es más simple. Representa sin complejidad el patetismo del hombre una vez que su masculinidad ha sido deslegitimizada. No está en control de nada y por eso deviene en pánico. Ese estado de pánico desemboca en violencia. Aquí no hay justificación a su comportamiento. De hecho, no es hasta que ha sido confrontado con la misma violencia que ejerce que por fin reconoce su error. El arrepentimiento es cuestionable.

Dynevor y Ehrenreich tienen una química incuestionable. En esta batalla de los sexos, capturan juntos momentos de amor y odio, pasión e indiferencia. A través de sus intercambios, cada vez más agresivos, añaden capas a esta relación de pareja. Son la representación de la complejidad de la naturaleza humana con sus impulsos y decadencias.

Dumont dirige con precisión. La cámara está siempre donde tiene que estar en una configuración espacial limitada al apartamento y la oficina. En ocasiones, la efervescencia de la ciudad nocturna. El derroche y las apariencias. Todo perfectamente calibrado. Sin embargo, lo que más destaca es la escritura. Al mantener siempre en el centro narrativo a la pareja, la cinta evita subtramas innecesarias y logra una perspectiva novedosa.

Navegando entre el microcosmos de la alcoba y el universo del mercado financiero, Juego limpio ofrece un estudio provocador sobre género y poder.

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