Inventando a Anna: la fascinación con la ideología “girlboss” continua

Escrito el 9 febrero, 2022 @alessandra_kr

Disponible en: Netflix.

Creadora: Shonda Rhimes.

Elenco: Julia Garner, Anna Chlumsky, Katie Lowes, Arian Moayed, Alexis Floyd, Anders Holm, Jeff Perry, Laverne Cox.

Duración: 9 episodios de 60 minutos cada uno.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la serie: https://www.imdb.com/title/tt8740976/

Inventando a Anna. Julia Garner como  Anna Delvery en el episode 104 de Inventando a Anna. Cr. Nicole Rivelli/Netflix © 2021

Para estas alturas ya quedó clara la fascinación que Hollywood tiene con el concepto de “Girlboss”. Este término, que se refiere a aquellas mujeres empoderadas (por lo general caucásicas y con educación superior) que han podido distinguirse en un mundo dominado por hombres y creado sus propios imperios feministas, fue utilizado por primera vez en 2014 por la emprendedora Sophia Amoruso. Sin embargo, en estos ocho años las cosas han cambiado, reflejando la evolución social en la transformación desafortunada y drástica del término. Mientras que al momento de su gestación se interpretaba como algo aspiracional y positivo, ahora es difícil encontrar un neologismo más tóxico e indeseable que este.

La selección de películas y series sobre las mujeres que representaron esta ideología parece ir en ascenso. En 2017, Netflix lanzó Girlboss (serie basada en la historia de éxito de Amoruso que fue cancelada antes de exponer sus múltiples polémicas de cultura organizacional y la bancarrota a la que se enfrentó su compañía). En 2020, llegó I Care a Lot (J Blakeson), una sátira que se enfoca en una mujer empoderada, con pocos valores y mucha decisión que roba a los ancianos bajo su cuidado. Por último, Elizabeth Holmes, la líder de Theranos que hace poco fue declarada culpable por fraude criminal, será el sujeto de dos proyectos: una serie de Hulu con Amanda Seyfried y una película con Jennifer Lawrence.

Sin embargo, justo ahora tenemos la llegada de Inventando a Anna, serie original de Netflix que presenta la historia real de Anna Sorokin (Julia Garner), mejor conocida como Anna Delvey, quién se hizo pasar por una heredera alemana y se inmiscuyó en la crema y nata de la sociedad neoyorkina. La serie, a lo largo de 10 episodios, explora la subida y bajada de la joven a través de los ojos de la periodista Vivian (Anna Chlumsky), quien se entera del caso criminal de la joven cuando su juicio comienza y que se obsesiona con ella para escribir un artículo.

Si proyectos como Succession, por ejemplo, nos hacen desarrollar cierta obsesión e interés por las personas más ricas del planeta, igualmente deplorables como penosas, Inventando a Anna falla descomunalmente. En aquella serie de HBO, mientras más riqueza y poder tienen sus personajes, más patéticos se vuelven ante nuestros ojos con sus traiciones y delineamientos patéticos. En cambio, aquí se presenta una historia igualmente superficial y frívola como su sujeto de estudio que quiere conquistar nuestra atención con demostraciones vacías de riqueza, poder (en el sentido de ir a una tienda y comprar mucha ropa bonita, o presumir de haber cenado con tal o cual persona despreciable, pero famosa) y relevancia social.

Quedo incierta si el “desparrame” de estatus y dinero que se presenta debe funcionar como condena, burla o evidencia, pues lo que Inventando a Anna termina demostrando es lo patéticos y superficiales que son las personas más ricas del mundo. Como ejemplo perfecto está el plan de la protagonista y que funciona de motor para sus artimañas: la creación de la “Fundación Anna Delvey”, un lugar seguro e ideal para los más ricos de Nueva York que quieran pasar el rato y disfrutar de sus riquezas entre amigos y conocidos. Si no fuera porque la serie está basada en hechos reales, diría que es la historia más floja del mundo.

Inventando a Anna. Anna Chlumsky como Vivian Kent en episode 105 de Inventando a Anna. Cr. David Giesbrecht/Netflix © 2021

Aunque Inventando a Anna quiere apantallar el ojo, más bien funciona como efectivo disuasivo de siquiera querer tener una pequeña fortuna en esta vida, pues si algo hace es dejar mal parada a la gente millonaria con su credulidad y arrogancia, incluso más allá de la confabuladora y fraudulenta protagonista. Aun así, la serie no maneja un mensaje de eat the rich, ni Anna es moldeada como una heroína à la Robin Hood. Ella y todos a su alrededor son increíblemente ambiciosos, egoístas e ilusorios, ahogados en su propia burbuja de privilegio. La serie únicamente se para ahí, ensimismada, admirando los lujos extravagantes.

En este aspecto, la serie no sabe qué postura tomar sobre Anna, más bien recargándose en el beneficio de la duda. En ocasiones se le pinta como una mujer inocente que de verdad creía en sus planes y que jugaba con su estatus para ganar tiempo, mientras que en otros se presenta como una maestra del engaño, utilizando tarjetas y cheques bancarios sin fondos, manipulando a sus amigos para que ellos pagaran o usando aplicaciones que cambian la voz para obtener créditos bancarios. Con el uso de algunos reproches feministas (hola, epítome de girlboss) como “¿me tratarían así si fuera hombre?” o “una mujer tiene que comportarse así para lograr algo en su vida”, Delvy justifica sus acciones e Inventando a Anna esquiva un mensaje concreto.

Esto también se siente en el personaje de Vivian, una periodista embarazada, sin escrúpulos, humillada públicamente por un artículo que fue un fracaso (y del que supuestamente tiene culpa su editor), y que constantemente demuestra flexibilidad en su ética periodística. ¿Acaso la serie es una celebración o una condena de la cultura “girlboss”? La historia de Anna podría parecer lo segundo, pero los juegos de Vivian conducen a lo primero. La serie no contiene ni un solo personaje del que nos podamos sujetar para mantener el interés y soportar la toxicidad de todo lo que sucede (o bueno, quizá el esposo de Vivian es el indicado, quién tiene que aguantar sus malos tratos y las quejas constantes de su embarazo).

Shonda Rhimes, creadora de la serie, llena la historia de caras conocidas de sus múltiples trabajos previos, todos dando actuaciones comprometidas (mención especial merece Katie Lowes interpretando a una veinteañera que, aunque actúa estupendamente en un episodio central, se siente terriblemente errónea para su rol). Aun así, son Julia Garner y Anna Chlumsky las fuerzas motoras de la serie. La primera, usando un acento extranjero que toma tiempo en acostumbrarse, es críptica, voluble y controlada. La segunda es escandalosa, exagerada y expresiva.

Inventando a Anna es ciertamente entretenida. Excusada con una leyenda al inicio de cada episodio que dice que “toda esta historia es completamente verdadera. Excepto por aquellas partes que son completamente inventadas”, uno esperaría que fuera más emocionante o decidida con lo que quiere decir, pues avienta mensajes encontrados, aspiraciones huecas y bobas, y un razonamiento general que deja la duda de ¿cómo diablos es que Anna Delvey pudo estafar a tanta gente rica y supuestamente “brillante” por tanto tiempo?

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