Hechizo de amor: la magia continúa – el verdadero conjuro sigue siendo el vínculo entre mujeres
Dirección: Susanne Bier.
Guion: Alice Hoffman, Akiva Goldsman, Georgia Pritchett.
Elenco: Sandra Bullock, Nicole Kidman, Joey King, Maisie Williams.
País: Estados Unidos.
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Más información de la pelicula: https://www.imdb.com/title/tt32588798/

En su novela Yo, Tituba, la bruja negra de Salem, Maryse Condé retrata un instante profundamente conmovedor: en medio de la frialdad de una celda y el juicio inquisidor por sospechas de brujería, Tituba encuentra consuelo y refugio en una mujer encerrada con ella. En medio del calvario, el miedo y la condena pública, la verdadera salvación no proviene de la magia o los conjuros, sino de la comprensión mutua y la sororidad. Históricamente, la brujería en la ficción y en la realidad siempre ha sido una excusa para juzgar el poder femenino, pero también el pretexto para construir redes de cuidado inquebrantables.
Es precisamente esa esencia lo que toma la autora Alice Hoffman en la saga de las brujas Owens: no busca crear un viento de hadas con varitas mágicas, sino honrar la resiliencia del linaje femenino y la complicidad entre hermanas frente a las adversidades de la vida. En Hechizo de amor: la magia continúa, Hoffman vuelve a plantear que el amor más poderoso no es el romántico, sino el maternal y fraternal.
Más de dos décadas después de convertirse en un hito noventero, las hermanas Gillian (Nicole Kidman) y Sally Owens (Sandra Bullock) regresan acompañadas por una nueva generación: las hijas de Sally, Kylie (Joey King) y Antonia (Maisie Williams).
En esta secuela, la maldición que impide que las mujeres de la familia Owens puedan enamorarse sin consecuencias trágicas vuelve a ser el eje central de la historia. Cuando una de las jóvenes se enamora, se desatan eventos que obligan a las hermanas —especialmente a Sally— a retomar el camino de la magia familiar.
El guion resulta sumamente interesante. Si bien la primera entrega se atrevió a tocar temas como la sororidad y la violencia de género, esta secuela roza aspectos complejos de la vida adulta, incluyendo la eutanasia y la forma en que los adultos mayores deciden encarar su partida. La cinta no busca ponerse densa ni pretende abordar un debate sociológico, simplemente esboza estas ideas para que el espectador las reflexione. Aun así, para aquellos que no se enganchan con ese trasfondo, la historia se sostiene perfectamente como un entretenimiento emocionante, mágico y ligero.
La principal falla en la narrativa es la prisa en la representación de la nueva generación. Mientras que Sally y Gillian ya estaban perfectamente estructuradas desde la entrega original y entendíamos a fondo sus razones para ser como son, el retrato de las hijas flaquea. Se les presenta de prisa y apenas da tiempo de empatizar con ellas.
Además, la historia otorga la mayor parte del peso protagónico al personaje de Kylie (King), dejando participaciones bastante reducidas para Maisie Williams. Al cargar con tanto peso narrativo, Kylie resulta sumamente irresponsable frente a las consecuencias de sus actos; sin embargo, si la actuación genera esa molestia y cuestionamiento significa que cumple su cometido de mover emociones.
De igual forma, el filme tropieza en la forma en que detona su conflicto, pues carece del desarrollo paulatino que sí tuvieron las hermanas Owens en la cinta original. Si bien Bullock y Kidman acaparan la mayor parte del tiempo en pantalla, el eje narrativo depende de las decisiones de Kylie, cuyos impulsos enamorados mueven la trama. Esto genera un doble desequilibrio: por un lado, se le otorga una responsabilidad desmedida a su personaje mientras se desaprovecha al de Maisie Williams; y, por el otro, se rompe la esencia del modelo original, donde la dinámica entre las hermanas fluía como un co-protagonismo sólido.
Por su parte, la química entre Kidman y Bullock se mantiene impecable. Ambas llevan la carga de la película y sacan a relucir su lado más cómico en las escenas que lo exigen, compensando los momentos en los que la historia se extiende.
Antes de que el término «sororidad» se volviera parte de nuestro vocabulario cotidiano, las hermanas Owens ya nos estaban dando una lección de acompañamiento, protección y sanación entre mujeres frente a la violencia y el duelo. Hechizo de amor: la magia continúa cumple con esta idea y trae de vuelta a sus protagonistas en una etapa de madurez y evolución. La cinta está repleta de misticismo, rituales y magia visual, pero su mayor acierto radica en su mensaje emocional: al final, el verdadero hechizo nunca ha sido el amor romántico, sino ese lazo indestructible que une a las mujeres de una familia.

Ale Stardust (como Ziggy de David Bowie) ama el cine y las series más que la comida. Fueron ellos quienes la acompañaron la mayor parte de su infancia y ahora le regalan un escape de la vida adulta. Fan de Harry Potter, los tatuajes, la lucha libre, creyente de la magia y de las películas de Hugh Grant, después de haber querido ser chef, historiadora y Power Ranger, se decidió por Ciencias de la Comunicación (por supuesto en la UNAM). Ahora pasa sus días intentando escribir sobre lo que ve y soñando con ser como Jo March.
