Guasón: río para no llorar con esta película pretenciosa y vacía

En dónde la puedes ver: cines

Director: Todd Phillips

Elenco: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Zazie Beetz, Frances Conroy, Brett Cullen, Shea Whigham, Bill Camp, Glenn Fleshler, Leigh Gill.

País: Estados Unidos

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt7286456/

La expectativa que creó Guasón ha sido tal que semanas antes de su debut ya contaba con fervientes admiradores y críticos decididos. El hecho de que haya ganado el León de oro en el pasado Festival de Venecia, y la existencia de comentarios salidos del Festival que la calificaron como una “obra maestra”, parecían garantizar un éxito rotundo – y desesperadamente necesitado – para DC y Warner. De hecho, ya son bien conocidos sus intentos por ofrecer una adaptación buena de sus personajes, y el hecho de que éste sea el tercer Guasón en un lapso de 11 años no ofrecían buenas señales.

Ahora que por fin pude ver la película, lo único que me queda por preguntar es ¿¡qué es lo que vieron en Venecia como para que haya recibido tanto revuelo!? Honestamente, me impacta que hayan caído por esta farsa de complejidad y oscuridad. Guasón pretende ser algo que nunca llegará a ser, dañado por la arrogancia y pretenciosidad de los involucrados en hacerla, volviéndola más intolerable y vacía.

La cinta se centra en Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un payaso que sufre de múltiples enfermedades mentales, incluida una condición que hace que se ría sin control en los momentos en los que entra en pánico social. Su vida es patética, rodeado por compañeros del trabajo que lo molestan, una madre dependiente y consentidora, y de su crush del edificio en el que vive a la que acosa descaradamente. La ciudad Gótica presentada, que sin duda alguna es Nueva York, tiene un lente pesimista y deprimente, en dónde la crueldad, la maldad y la decadencia están a flor de piel: la atmósfera perfecta para que cualquiera se convierta en villano. Además, el hecho de que Fleck se ahogue en sus propias penas y autocompasión, no ayuda nada al respecto.

Desde el inicio de la cinta, se nos intenta manipular y sentir pena por Fleck, a quien le pasan desgracias tras desgracias, sin importar si tienen sentido o no. Lo importante es desarrollar empatía y lástima por el pobre protagonista, y no comprender si es factible que estas situaciones se presenten o si es entendible que se desarrollen de tal forma. Todd Phillips y Scott Silver –escritores de la película – se encargan de hacer a Fleck una víctima, y no un personaje complejo de carne y hueso. Desde el inicio y hasta el final, Fleck es un mártir en una sociedad que simplemente no tiene tiempo ni humor como para aguantar sus bromas sin gracia o sus lloriqueos de autocomplacencia.

Ya sea a través del ataque descontrolado y aleatorio de un grupo de jóvenes, el regalo de un arma por parte de sus colegas, o la incomprensión por parte de su psicóloga, Guasón presenta una apología a las acciones de este personaje, y no un entendimiento empático de las personas que lidian con enfermedades mentales o con obstáculos agotadores en sus vidas. Todd Phillips – también director de la cinta – toma atajos mentales y creativos para crear momentum en las decisiones de Fleck y para convertirlo en un símbolo de un movimiento sin sentido e inverosímil.

Como ejemplo perfecto, tenemos la manera en que Fleck mata a sangre fría a tres hombres en el metro después de que estos lo molestan y hostigan. De la nada, y sin sentido alguno, este hecho se convierte en el estandarte perfecto en la batalla de Gótica entre los ricos y los pobres, engrandecida por los comentarios estúpidos y cero estratégicos del político rico de la ciudad, Thomas Wayne (Brett Cullen). Phillips pareciera tener en mente los puntos a los que quiere llegar, pero no el camino a través del cual quiere cubrirlos, evidenciando un guion flojo y débil.

Una cinematografía excelente, un actor comprometido como protagonista y una banda sonora elegante no son suficientes para salvar la película. Al revés, la vuelven más insoportable. Mucho se ha dicho de lo increíble que está Joaquin Phoenix, y no se puede decir nada negativo al respecto. No obstante, al igual que en muchas instancias de la película, pareciera que la cámara se enfoca en la superficialidad de su personaje – por ejemplo, su delgadez – únicamente para impactar y recordar todo el esfuerzo que hizo, y no para ofrecer algo importante.

Por su parte, el resto del elenco es efectivo, todos actuando brevemente dado que este proyecto le pertenece casi en exclusiva a Phoenix. En especial, vale destacar a Robert De Niro como Murray Franklin, el ídolo de Fleck que es cruel y burlón con su máximo fan. Su participación es tan breve y efímera, que se vuelven más interesantes los conflictos detrás de cámaras que hubo entre él y Phoenix. Su personaje únicamente funciona como un ejemplo más de la crueldad que Phillips quiere mostrar para estimular la decadencia de Fleck.

A pesar de que se presentan múltiples circunstancias que supuestamente llevarán a la locura a Fleck, ninguna de ellas es válida y aceptable como para explicar el nacimiento de uno de los máximos villanos de la cultura popular. Aburrida y ridícula como para ser digna receptora de la atención e impacto social que ha recibido, Joker es más bien el perfecto ejemplo de lo que sucede cuando a hombres empoderados y mediocres se les ofrece un poco de atención.

Deja un comentario