Palomita de maíz

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Glass Onion: A Knives Out Mystery (TIFF 2022) – regreso desconcertante de Benoit Blanc

Escrito el 17 septiembre, 2022 @bmo985

Sección: Special Presentations.

Dirección: Rian Johnson.

Guion: Rian Johnson.

País: Estados Unidos.

Elenco: Daniel Craig, Edward Norton, Janelle Monáe, Kathryn Hahn, Leslie Odom Jr., Jessica Henwick, Madelyn Cline, Kate Hudson, Dave Bautista.

Palomómetro:

Más información de la película: https://tiff.net/events/glass-onion-a-knives-out-mystery

Glass Onion: A Knives Out Mystery. Dir. Rian Johnson. Netflix. 2022.

El detective Benoit Blanc (Daniel Craig) regresa a la pantalla grande después del misterio inaugural (Entre navajas y secretos, 2019) de una saga que tiene garantizada al menos una película más en un trato multimillonario entre Rian Johnson y Netflix. Esta segunda entrega se coloca como una comedia de mordaz sátira que recupera los eventos de la actualidad.

En esta ocasión, Blanc y otros cinco peculiares personajes reciben una críptica invitación al mismo tiempo. Una gobernadora nerviosa carente de ideología (Kathryn Hahn, dispuesta a hacer el ridículo), un bruto profesional de los videojuegos de gran musculatura (Dave Bautista, encarnando el espíritu universitario estadounidense como si tuviera 25 años menos) y su novia influencer (Madelyn Cline), el jefe científico de una compañía de tecnología (Leslie Odom Jr. en un giro patético), una modelo cabeza hueca cuyas publicaciones en Twitter la meten en problemas (Kate Hudson, espectacularmente idiota) y una mujer elegante dejada fuera de la compañía que inició (Janelle Monáe en la que debe ser su consagración como actriz cómica) se reúnen para un fin de semana en una isla griega, invitados por el excéntrico millonario Miles Bron (Edward Norton).

Este es una cruza entre Steve Jobs, Elon Musk y Donald Trump, un magnate de Silicon Valley cuyo vocabulario está lleno de las palabras huecas tan de moda (a su grupo de amigos les llama “the disruptors”, una mezcla entre innovadores y rompedores del orden) y un hombre de inmensa riqueza que ha cumplido cada uno de sus caprichos. El evento, informa a sus camaradas, es resolver su propio asesinato.

Me queda claro que Glass Onion: A Knives Out Mystery es un producto del trumpismo y que debe leerse como tal. La interacción entre los personajes de Odom Jr. y Norton está marcada por la impresión que se tenía al leer sobre la Casa Blanca bajo la presidencia de Trump: de un tipo caprichoso e ignorante que requería la presencia de un adulto a todas horas. Esta relación también tiene su paralelo en el personaje de Hudson y el de su asistente personal (interpretada por Jessica Henwick).

Si el núcleo familiar anglo-protestante era el blanco de la anterior entrega, en esta ocasión la mira se coloca sobre el uno por ciento de la población que vive en el ojo público: los políticos, las personalidades de la moda, las celebridades de internet y los empresarios. En más de un sentido, Glass Onion: A Knives Out Mystery es una película hecha para y desde Twitter, lo que no es necesariamente malo, solo quiere decir que el material cómico corre el riesgo de envejecer con premura.

Por eso, esta película la disfrutarán aquellos que pasan su tiempo en esta red social, aunque como todo lo que surge de ahí, el filme de Johnson alcanza niveles discursivos que parecen declaraciones políticas, como si bastara darle retuit a aforismos sobre la naturaleza de la verdad en el siglo XXI. En más de una ocasión, las ganas de poner en la boca de Blanc una que otra manifestación sobre las vidas ridículas de estas personas tiene el efecto de provocar el hastío en la audiencia, aunque no faltará los que aplaudan estas decisiones valientes (el público del Royal Alexandra Theater fue mucho más benevolente con la película que este reseñador).

Glass Onion: A Knives Out Mystery tiene detalles que recompensan los visionados adicionales, ya sea por la inmensa cantidad y calidad de sus cameos, algunos de los cuales son de no creerse, o por la abundancia de obras de arte que adornan las habitaciones de Miles Bron. A menudo, esta grandilocuencia narrativa juega en contra de la puesta en escena, pues toda la primera mitad se caracteriza por la sobreabundancia de elementos (composición, edición, diálogos rápidos y llenos de referencias) que desembocan en una cacofonía que me provocó un dolor de cabeza. La segunda mitad, que aclara uno de los giros y prepara la resolución del principal, está mejor estructurada, pero la sencillez narrativa que Johnson presumió en la primera entrega fue sacrificada en pos de una espectacularidad que no hace más que abrumar.

El sentido de misterio presente en aquella película, cuyo plano final comunicaba una subversión ácida, no se halla aquí. Hasta el encanto sureño de Blanc tiene problemas para brillar como lo hizo la última ocasión, a menudo eclipsado por un ensamble actoral hábil, pero arrojado en un entorno caótico. Si de algo sirve Glass Onion: A Knives Out Mystery debe ser para consolidar a Janelle Monáe como una estrella de la pantalla grande, además de demostrar que más no es siempre mejor.

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