Gambito de reina: Anya-Taylor Joy brilla en este drama de época

Escrito el 23 octubre, 2020 @alessandra_kr

Creadores: Scott Frank, Allan Scott.

Elenco: Anya Taylor-Joy, Thomas Brodie-Sangster, Harry Melling, Moses Ingram, Marielle Heller, Bill Camp, Millie Brady, Marcin Dorocinski.

País: Estados Unidos.

Duración: una temporada de siete capítulos.

Palomómetro:

Más información de la serie: https://www.imdb.com/title/tt10048342/

Gambito de reina, la nueva propuesta televisiva de Scott Frank y Allan Scott para Netflix, y basada en la novela del mismo nombre escrita por Walter Tevis en 1983, es una historia victoriosa, tanto en ejecución como mensaje, que cuenta la historia de una niña prodigio que pasa de tener nada a absolutamente todo y que no sabe cómo lidiar con este cambio de vida.

Dirigida en su totalidad por Frank (escritor de películas como Logan, Minority Report y Out of Sight) y escrita por Walter Trevis, la serie sigue a Beth Harmon, una huérfana que encuentra el ajedrez por accidente en el sótano del orfanatorio en el que vive. A partir de ahí, su vida da un vuelco una vez que el juego conquista su vida. La relación que Beth desarrolla con éste es de casi obsesión, reflejando su talento sin igual y los múltiples problemas psicológicos y sociales que conviven con la genialidad.

Como buen personaje torturado, la carga emocional con la que Beth lidia es demasiada. Su padre no la reconoce y su madre sufre de depresión, quien, por cierto, ofrece los mejores discursos feministas de la serie. Esta mujer sufre y no puede con la responsabilidad de ser madre, pero en sus momentos de reflexión da consejos de supervivencia y resiliencia que después ayudarán a Beth a caminar por su mundo de manera solitaria.

Una vez que llega al orfanatorio y descubre el ajedrez, Beth inicia una adicción con pastillas que le abren un nuevo panorama de análisis del juego. A partir de aquí, vemos cómo es que nuestra protagonista batalla con la droga, así como con el alcoholismo. Para el final de la serie, esta joven adulta ya vivió varias vidas en un lapso de tan solo 10 años.

Tanta soledad y desafío la vuelven una mujer fría, pero educada; desafiante, pero cautelosa. Beth tiene tantas capas en su intelecto y maduración emocional que no es sencillo definirla. Aunque no es siempre agradable, nunca pierde la simpatía del espectador. La dicotomía en su personalidad se aprecia claramente en la relación que desarrolla con su “nueva” mamá, Alma Wheathley (Marielle Heller), otro personaje trágico y necesitado de amor que justo encuentra a Beth cuando más se necesitan. Más amigas que madre e hija, entablan una relación extraña marcada por sospechas, pero con una necesidad profunda de cariño.

A la vez que Beth debe lidiar con sus propios demonios, también debe enfrentarse a las ya conocidas presiones de ser una mujer en Estados Unidos en la década de los 60. Presiones por tener pareja, así como miradas mitad deseosas, mitad incrédulas por parte de sus contrincantes masculinos únicamente ayudan a fortalecer su temperamento de piedra. La manera en que esquiva preguntas misóginas o políticamente descaradas son ejemplos ideales para aquellas figuras públicas que intentan enfocarse únicamente en su oficio, aunque algunas de sus posturas públicas incluyen acciones sutiles de rebeldía.

Sin sorpresa, el ajedrez juega una parte importante de la historia. Ya sea que los personajes jueguen, lean o hablen de él, la historia expone acertadamente las numerosas y complicadas jugadas que existen, el alto nivel de intelecto que requiere y, principalmente, el nivel de obsesión que desarrollan los personajes a su alrededor. Aquí, jugar ajedrez es lo mejor del planeta, sentimiento que se contagia al televidente a través de secuencias emocionantes y el compromiso de los jugadores que vemos en pantalla.

Aun así, sorpresivamente, los juegos más importantes son omitidos. Más bien, son presentados a través de narraciones entre los personajes. Más que el juego, lo importante es el proceso de maduración de Beth y la conquista desde abajo del mundo del ajedrez. La serie presenta satisfactoria, pero lentamente, los inicios modestos de Beth como jugadora y niña, hasta llegar al perfil más alto del mundo del ajedrez, ya convertida en mujer.

Muchos de los logros de la serie se deben principalmente al elenco que la conforma. El personaje de Beth es interpretado por tres actrices dependiendo del momento de su vida – Annabeth Kelly, Isla Johnston y Anya Taylor-Joy –, cada una de ellas de manera estupenda. Las partes dramáticas más complejas caen en los hombros de Taylor-Joy, quien ofrece su mejor interpretación a la fecha. Misteriosa, caprichosa y magnética, su Beth es una fuerza que repele y atrae por igual a todos quienes la rodean.

Asimismo, las buenas interpretaciones de los personajes secundarios a cargo de Harry Melling, Moses Ingram, Thomas Brodie-Sangster como Benny (con un acento americano que tarda en asentarse), Marielle Heller y Bill Camp hacen complicada la elección de un favorito. Camp, con un papel clave como el conserje Mr. Shaibel ofrece algunas de las escenas más emotivas de la serie. Por su parte, los capítulos más sólidos son en los que aparecen Melling como Harry Beltik – uno de los primeros contrincantes de Beth – e Ingram como Jolene – su primera y única amiga.

El equipo creativo detrás de cámaras siempre presenta lo que vemos en pantalla a través de un ojo apreciativo y encantador. La serie es disfrutable simplemente por sus logros técnicos, incluyendo el increíble diseño de producción; el gusto inmaculado en los vestuarios usados por Taylor-Joy (de hecho, la obsesión con ropa bonita es una de las principales críticas que recibe en el mundo machista en el que se desarrolla); y una banda sonora en la que destaca el chelo y el piano que siempre acompaña de manera perfecta lo que vemos en pantalla.

Hasta el mismo director Scott Frank parece estar enamorado de los logros visuales de la serie, pues en muchas ocasiones destina mucho tiempo a la apreciación del entorno en detrimento del ritmo de la historia. De hecho, al considerar que la historia recorre un círculo narrativo (crisis emocional – torneo de ajedrez – crisis emocional – torneo de ajedrez), no se justifica la existencia de siete capítulos en la serie. Aun así, cada episodio ofrece algo memorable que alimenta el interés.

Aunque la serie retrata ampliamente los vicios y múltiples barreras emocionales con las que Beth lidia, en su último capítulo más bien afianza su tema principal: la familia que se crea a través de lazos emocionales y no necesariamente sanguíneos. Alrededor de Beth, se crea un grupo fuerte que la admira y ayuda, incluso cuando ella no lo merece. Personajes como Mr. Shaibel, Cleo, Harry y Benny son personas solas y rotas que se unen a través de su relación con Beth. Además, todos parecen trabajar con un solo objetivo en mente: ayudar a la joven prodigio en hacer historia como la mejor jugadora de ajedrez.

La serie triunfa al presentar personajes que se sienten reales. Ninguno es lo suficientemente sutil como para perder nuestro interés, pero sí lo suficientemente complicado como para distinguir y valorar sus luchas silenciosas. Prácticamente todos los personajes ofrecen algo memorable, desde Beth y sus dos madres, hasta su contrincante mayor, el ruso invencible Borgov (Marcin Dorocinski). Esto, acompañado de una producción de ensueño, hacen de Gambito de reina una de las mejores propuestas originales de Netflix.

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