Festival de Málaga 2021: Live is Life es un caballo de troya

Escrito el 8 junio, 2021 @Medichiello

Dirección: Dani de la Torre.

Guion: Albert Espinosa.

Elenco: Raúl del Pozo, David Rodríguez, Adrián Baena, Javier Casellas, Juan del Pozo, Marc Martínez, Sílvia Bel.

País: España.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt12923028/

Con el paso de los años, el cine ha evolucionado y se ha convertido en un arte multidisciplinario. Sirve para el entretenimiento, concientizar, hacer denuncias sociales, visibilizar y experimentar, entre otros. Pero, sobre todo, el cine en todo su abanico es un arma de doble filo. Las películas pueden ser objeto de propaganda, de mentiras y demás utilidades con las que manipular y hacer reaccionar a los espectadores. En In the Mouth of Madness, John Carpenter demuestra lo importante que es tener conciencia de un producto, de lo que la gente va a leer, escuchar o ver. Por eso, Live is Life, por inofensiva que parezca, es una película deleznable.

La historia nos traslada al verano de 1985, en un pueblo de Galicia, España. Como cada año, Rodri (Adrián Baena) se reúne con sus amigos para las vacaciones. Hacen una ruta por las montañas gallegas y celebran la noche de San Juan fuera de casa, en la oscuridad del bosque. En este camino, la “pandilla” se encuentra envuelta en varias aventuras que el director Dani de la Torre recuerda de su infancia. La película trata temas como bullying, cáncer y drogadicción.

¿Por qué una película con una premisa tan simple resulta tan peligrosa para los espectadores? El motivo está en las personas que la realizan, en su mirada hacia los protagonistas y su uso de problemas sociales como conducto narrativo sin tener ni el más mínimo ápice de empatía.

Al principio del filme, Rodri huye despavorido de un grupo de adolescentes que buscan pegarle. Estas escenas están acompañadas de una banda sonora que traslada al cine de aventuras y diversión. Más tarde, ocurre lo mismo en el pueblo. Mientras Rodri pasea tranquilamente en bicicleta, un grupo de delincuentes de poca monta con motos lo tiran al pantano de una patada y, de fondo, música de aventuras. Para De la Torre y el guionista Albert Espinosa, pareciera que el bullying es motivo de diversión, de una vida emocionante, y de afrontar los miedos sin repercusiones.

Más tarde, se presenta al quinto integrante del grupo, Álvaro (Juan del Pozo), un joven con cáncer avanzado. En sus múltiples intervenciones, nunca es tratado con respeto ni como persona, sino como artefacto narrativo. Su único rasgo de personalidad es tener cáncer y aprovechar la enfermedad para salir airoso de las situaciones en las que se encuentran, incluyendo otro enfrentamiento con los delincuentes.

Todo lo que se muestra en pantalla sobre el cáncer son ventajas: no recibir palizas, recibir helado gratis, ver el lado bondadoso de la gente o recibir un trato especial en todos lados. Para De la Torre y Albert Espinosa, tener cáncer es algo bueno, repleto de beneficios sociales.

No obstante, lo peor sucede cuando el grupo de amigos llega a “la zona riesgosa”, un barrio pobre devastado por la droga representado de la forma más atroz que he visto en mucho tiempo. En esta breve escena, vemos al quinteto cruzar el barrio con gente peleando, tirada en la calle o drogándose de fondo.

Lo realmente deplorable viene cuando escuchan a un bebé llorar y deciden adentrarse en una iglesia. Dentro ven a un bebé en el brazo de una mujer aparentemente muerta de sobredosis, a quien le pegan para ver si reacciona. Cuando ven que no se mueve, deciden raptar al nene en lugar de llamar a la policía o a una ambulancia para socorrer a las personas a su alrededor. Todo esto narrado de la forma más frívola posible, con la aventura por delante.

Para De la Torre y Albert Espinosa, robar bebés es un acto heroico del que sentirse orgulloso. Prácticamente un deber social si el bebé reside en uno de estos barrios.

Todo esto y más ocurre en la cinta. Los adolescentes roban, cometen allanamiento de morada, provocan explosiones y muchas cosas más que, según la lectura de esta película, son cosas de niños: la aventura veraniega que ya no se puede vivir. Al respecto, en la rueda de prensa del Festival, el director decía que “la película sirve para valorar cosas que hemos ido perdiendo.” ¿Qué cosas? ¿Robar? ¿El bullying? ¿No socorrer a personas en peligro? ¿Carecer de empatía hacia las personas que te rodean?

En dicha conferencia, pregunté al director sobre la falta de empatía al momento de presentar temas tan serios en su historia, a lo que él respondió “todo forma parte de un juego […] no estamos viendo cine social, estamos viendo cine de aventuras.” Después de los aplausos del público, De la Torre concluyó que “no hay que ser tan políticamente correctos y tan ofendidos.”

Sí estoy a favor de tratar las enfermedades terminales con positividad y sentido del humor, siempre y cuando se haga desde el respeto hacia las personas que las padecen. Lo mismo va con el resto de los temas sociales tratados aquí, incluso si la película no es “cine social”.

Cuando una película abandona por completo cualquier índice de empatía por los temas que trata, se convierte no sólo en una mala cinta, sino en trabajo quebradizo. Live is Life es un caballo de troya: presenta un exterior de aventura y añoranza a los años 80, mientras que en el interior oculta mensajes negativos y peligrosos.

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