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Femme: tensión y empatía en thriller sobre violencia homofóbica

Escrito el 1 febrero, 2024 @CesarAndreZzZ

Dirección: Sam H. Freeman y Ng Choon Ping.

Guion: Sam H. Freeman y Ng Choon Ping.

Elenco: Nathan Stewart-Jarrett, George MacKay, Antonia Clarke, Moe Bar-El, Nima Taleghani, John Leader, Aaron Heffernan, John McCrea.

País: Reino Unido.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt20114686/

Femme. Dirs. Sam H. Freeman y Ng Choon Ping. Utopia. 2023.

Hay algo de cierto en ese comentario popular que dice que los hombres con actitudes homofóbicas y transfóbicas son en realidad homosexuales o bisexuales reprimidos. Algunos estudios han tratado de probar que la violencia homofóbica (que en realidad es un odio aprendido hacia lo que se considera socialmente femenino) tiene detrás un componente de represión y evitación de la propia sexualidad. Ser empático con las personas que violentan a otros es complicado porque implica aceptar la violencia como parte de la naturaleza humana y reprimir tangencialmente el derecho al odio y resentimiento por parte de la víctima. Es por tanto espinoso adentrarse en los matices de la violencia y la discriminación sin trivializar la experiencia de los agresores y las víctimas.

Femme resulta efectiva porque huye de la condescendencia, evita la revictimización de las personas queer y propone una historia que permite dimensionar la complejidad de sus personajes. En el mundo de los clubes nocturnos londinenses, Jules (Nathan Stewart-Jarrett) es un talentoso artista de drag, apodado “Aphrodite Banks” cuando trabaja, repleto de seguridad y orgullo dentro y fuera del escenario. Es el tipo de persona que no piensa dos veces en dar una respuesta cínica a los homofóbicos que le dicen cosas en la calle. Una noche, cuando Jules está en una tienda sufre una agresión homofóbica a manos de Preston (George MacKay), un matón que responde con violencia ante los comentarios e insinuaciones jocosas de Jules sobre su sexualidad.

El tiempo pasa, pero Jules sigue igual después de este ataque: tirado en el sofá del departamento que comparte con sus amigos, jugando Street Fighter y evitando el contacto con el exterior. Las heridas físicas pueden haber sanado, pero el trauma sigue presente. Presionado por sus amigos, Jules vuelve a salir, a una sauna gay específicamente, en el que se encuentra con su agresor, Preston. Este es un homosexual reprimido que oculta sus salidas a lugares de ambiente gay. Al descubrir esto, Jules planea una venganza, aprovechando que fuera de drag su agresor no lo reconoce.

Femme es consistentemente tensa y sofocante, creando una sensación de suspenso ante la posibilidad de que el juego de venganza de Jules se le salga de las manos. Sam H. Freeman y Ng Choon Ping, dupla de directores debutantes, consiguen que sus personajes eviten los arquetipos genéricos, dando un foco nítido y maquiavélico a sus interacciones.

La dinámica que comparten Jules y Preston resulta fascinante porque explora la compleja naturaleza del deseo desde una perspectiva carente de juicios y moralidad. La sabiduría de Femme yace en retratar las estructuras patriarcales y de masculinidad toxica como las verdaderas villanas.

En la mejor actuación de su carrera, George MacKay deconstruye lo que en otras manos sería un villano acartonado y poco interesante. Preston es un hombre atormentado por la violencia pulsátil y las demandas sociales de lo que significa ser un hombre. En un juego de tira y afloja utiliza a Jules como un disfrute sexual momentáneo, evadiendo cualquier interacción que considere íntima o romántica

Es cautivante e ingenioso como Femme se pasea por los matices del deseo con tanta facilidad, describiendo a la perfección la experiencia de la represión queer a través de los autoengaños típicos de la homofobia internalizada. En todo caso, el personaje de MacKay representa cómo el verdadero enemigo de la homofobia es la feminidad, la cual asocian con lo frágil.

En contraparte, Jules es un personaje brillante porque representa la otra cara de la vivencia queer. Nathan Stewart-Jarrett es fantástico y radiante porque su personaje se mueve entre los grises insospechados del deseo gay, coqueteando con el peligro, evadiéndolo al mismo tiempo, dejando difusas sus intenciones al involucrarse con Preston. Jules muestra la manera en que el trauma por la violencia homofóbica es una experiencia compleja en el camino a la sanación.

Muchas veces, el odio y resentimiento es todo lo que le queda a alguien después de una experiencia traumática, y en el caso de Jules, ese odio se entremezcla con deseos inconscientes que lentamente se escapan de su control. La película no pierde nunca su foco principal, que es la manera en la que las víctimas de violencia homofóbica gestionan y concilian emociones complicadas en relación con sus agresores. Femme se interesa en entender a Preston y su naturaleza violenta, pero no a expensas de Jules y su turbulento camino a la sanación del trauma, o, mejor dicho, a lo que él cree le ayudar a sanar. Este juego perverso de seducción, sexo, poder, dominancia y venganza es efectivo por la química de los actores y por el compromiso del guion a nunca volverlos personajes unidimensionales.

La fotografía de James Rhodes juega astutamente con los tonos rojos y azules que representan la polarización de los personajes, ambos viviendo bajo el espectro queer de maneras distintas e igualmente trágicas. Es admirable la valentía y subversión con la que Femme estudia el deseo sexual masculino y el origen de la conducta homofóbica, así como los matices de la violencia internalizada e identidad gay, mostrando a hombres que buscan desesperadamente un sentido de pertenencia, muchas veces a expensas de su propio bienestar. Al priorizar la emocionalidad ante la racionalidad, la película cava profundo en la psiquis humana, ofreciendo un reflejo incómodo y visceral sobre el despropósito de la violencia y las máscaras sociales.

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