Palomita de maíz

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Faye: humanizar la leyenda

Escrito el 23 julio, 2024 @StarcoVision

Disponible en: Max.

Dirección: Laurent Bouzereau.

Entrevistas: Faye Dunaway, Liam Dunaway O’Neill, Rutanya Alda, James Gray, David Itzkoff, Sharon Stone, Mickey Rourke.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información del documental: https://www.imdb.com/title/tt32220386/

“Sin todo ese sufrimiento, ¿habría sido tan buena actriz? ¿Habría podido conmover a tanta gente con sus actuaciones? Hay que aceptar lo bueno con lo malo. Esa es la vida.”

Liam Dunaway O’Neill en Faye (2024)

Faye. Dir. Laurent Bouzereau. HBO. 2024.

En una de las escenas finales de Network (Sidney Lumet, 1976), el personaje de Diana Christensen (Faye Dunaway) recibe la bofetada más letal de su vida: su amante, Max Schumacher (William Holden), al no ver futuro alguno con alguien tan desalmado como ella, acaba la relación. Lo más significativo de la escena no es lo doloroso de la ruptura ni el desarraigo propio del abandono, sino como él la define en una simple frase en la que enumera todo aquello que considera que la alejan de la humanidad. Salvando las distancias, la propia industria que creó a a Dunaway acabó por condenarla, desterrándola hasta casi dejarla en el olvido en un mito que engloba su persona. Difícil salir de ahí.

¿Qué llevó a una actriz tan mítica caer en el ostracismo? Faye Dunaway es leyenda (viva) del cine estadounidense. Hija del llamado New Hollywood, rozó la fama en la década de los ‘60, se consagró en los ‘70 y tuvo su estrepitoso declive en los ‘80. Su punto de partida no es ese, sino mucho más atrás, y Faye intenta recorrer los aspectos de su humilde infancia hasta los bastidores de su meteórico ascenso, sus coqueteos con el Óscar, su sesión más icónica y su transformación en culto.

A diferencia de su autobiografía, Looking for Gatsby (1995), escrita con cierta intención de reivindicarse como diva, Faye es más bien un tributo, una reflexión. Es que mientras el libro lo cuenta la leyenda, el documental da a conocer cómo la ambiciosa niña sureña creció hasta convertirse en una mujer, madre y profesional, pero, sobre todo, humana.

Morbosos, ¡abstenerse! Aquí no van a encontrar jugosas polémicas que alimenten la creencia de alguna lucha de egos entre la artista y sus coterráneos. Todo lo contrario. El documental es sobrio, íntimo. El pseudo capricho de su hijo Liam por hacer que el mundo conozca ciertas aristas que solo estaban reservadas para su fuero más íntimo. Hay algo muy particular en eso de rendirle homenaje a alguien que aún está entre nosotros, casi que roza el egocentrismo. Una leyenda de Hollywood hablando de su época dorada para que los simples mortales lo aplaudamos, ¡qué original! En este caso, más que innovador, es necesario. Había una deuda pendiente con Dunaway, con conocer su lado de la historia, con alejarla de lo fantasioso y acercarla a lo terrenal. Y no había nadie mejor que ella para saldar la deuda pendiente.

La película está contada de manera intimista, por momentos casi que se confunde con una entrevista porque, de nuevo, el foco está en aquello que Faye Dunaway quiere decir de Faye Dunaway. A diferencia de otros documentales de Laurent Bouzereau, tales como Natalie Wood: What Remains Behind (2019), aquí solo hay una verdad, la de la protagonista. Todo aquello que con Natalie Wood no se puede hacer, aquí el realizador lo enmienda, dándole voz a la persona, haciendo que orbite todo a su alrededor. La historia se complementa mediante colaboraciones de amigos, colegas y críticos, muchos de los cuales conocieron a la estrella más en su declive que en su apogeo, así como los que han quedado. Todos tienen algo que decir, sin omitir, muchas veces, el carácter aguerrido de la actriz.

Quizás lo más llamativo del relato es el mérito solapado que se le da a dos figuras del espectáculo que, desde sus trincheras, contribuyeron a que el nombre de Dunaway se escribiera con letras mayúsculas: la crítica cinematográfica Pauline Kael y el director Elia Kazan en su faceta teatral. Sin la doble K, no habría Faye Dunaway. Kazan, pese a ser hoy uno de los más ingratos personajes de la industria, supo ser el gran ventrílocuo de la actriz, transformándola de una nadie a una profesional. Kael, por su parte, le dio las muy necesarias alas para que volara en la pantalla grande. Estos detalles son los más jugosos de la historia. Como fan de Dunaway, a uno se le planta un lagrimón con las coincidencias.

Desmitificar a una estrella de Hollywood puede ser un trabajo destinado al fracaso. Sin embargo, Bouzereau lo logra principalmente porque el retrato lo hace con naturalidad, dejando que el espectador elija con qué relato quedarse. Mucho se ha escrito acerca de Dunaway, se la ha tildado de difícil y hasta se ha reservado un apartado en su biografía online nomás para desentrañarla y ponerla al nivel de cualquier político tirano y nefasto. Cabe preguntarse, ¿por qué tanta saña con una mujer? Probablemente por no querer conocer la historia completa, por juzgar un único lado del asunto.

En Faye, Dunaway ni siquiera busca victimizarse o que sientan pena por ella. Incluso, lo más explicativo de su personalidad es contado casi que al pasar, con total normalidad, así revela sus diagnósticos de depresión y bipolaridad, la maldita herencia del alcoholismo o la adopción de Liam. Cierto es que, aun en sus peores momentos, esta mujer obstinada no espera un milagro médico, ni siquiera compasión. Ella siempre se ha conformado trabajando, dando todo por su arte. Así, uno vuelve a la pregunta casi retórica que se hace Liam en un momento del documental, “¿habría Faye Dunaway sin toda esta carga?”. Imposible saberlo.

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