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Fallen Leaves (BIFF 2023): el proletariado también se enamora

Escrito el 16 octubre, 2023 @JuanRod_52

Sección: Masters.

Dirección: Aki Kaurismäki.

Guión: Aki Kaurismäki.

Elenco: Alma Pöysti, Jussi Vatanen.

Países: Alemania y Finlandia.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt21027780/

Fallen Leaves. Dir. Aki Kaurismäki. 2023.

En las comedias románticas del cine hollywoondense pareciera que las preocupaciones y realidades de la cotidianidad estuvieran suspendidas, como si el estar enamorado automáticamente suprimiera todas las cargas de la vida o el estado decadente del mundo. Si bien la euforia de conocer a alguien puede causar que se dejen cosas en segundo plano, la realidad es que eso poco cambia las responsabilidades que la mayor parte de la población tiene que asumir, como trabajar para comer y tener un techo. Además, en este cine los personajes dicen cosas sobre sus empleos y trabajos, pero en ningún momento se intuye un interés por retratar la realidad social de lo laboral.

No es de esperar que en la epítome del capitalismo se interese en representar la precariedad laboral, sumidos en una idea del cine como “escape de la realidad”, por lo que no se aborda la manera en que la mayor parte de la población trabaja para sobrevivir y no para “triunfar espectacularmente” tras exponer una propuesta ante una sala llena de ejecutivos. No se habla de que renunciar no es una posibilidad incluso ante el peor maltrato y no se piensa como romántico el trabajo de mano de obra y las labores no especializadas. En general no se le da protagonismo a la clase obrera porque no es un espacio en el cual se pueda idealizar el “amor romántico” que promueve el capitalismo.

Fallen Leaves, la nueva película del director Aki Kaurismäki, demuestra lo contrario al presentar una de las mejores comedias románticas, con el proletariado como protagonista. El filme  presenta la historia de Ansa (Alma Pöysti) y Holappa (Jussi Vatanen). Ella es una mujer solitaria con un contrato de cero horas en un supermercado y él es un alcohólico que trabaja y vive en un sitio de construcción. Ansa tiene que desconectar los aparatos electrónicos porque no puede costear los recibos y Holappa se queda dormido en las bancas del transporte público cuando se embriaga. Su cruce casual en un bar de karaoke desenlaza una encantadora serie de eventos llenos de tragedias absurdas en un contexto que parece contrario a todo lo que el cine define como romántico, pero que, justamente por eso, es el escenario perfecto para resaltar la importancia del amor y la conexión con otros como la gracia de la vida.

Kaurismäki es uno de los directores más importantes en Europa y también un completo extraño por fuera de la cinefilia. El finlandés realizó una trilogía del proletariado a finales del siglo XX y anunció su retiro en 2017, decisión que cambió con el estreno de esta película completada en menos de un año. No obstante, no se necesita conocer su historia para saber que se está ante el cine de un autor seguro de su estilo. A partir del minimalismo, el cineasta retrata a Helsinki, su ciudad natal, en planos simétricos de tonos fríos y desde la experiencia de la clase obrera, con un tono sardónico que se burla del capitalismo desde lo absurdo y rescata la humanidad en espacios usualmente ignorados. Sus personajes tienen una apariencia y entonación estoica, perfecta para dar un toque de humor negro a diálogos llenos de franqueza y reflexiones sobre el carácter, a veces brutal y otras amable, del mundo y sus habitantes.

Lo que hace extraordinario este relato es su fijación en lo ordinario, en los lugares más comunes de la vida y menos comunes en el cine, dotándolos de una gracia particular. No hay un desentendimiento de las realidades del mundo, la guerra está presente en la radio y las desigualdades son causa de angustia para los protagonistas, por lo que sus vidas no se concentran en la relación, pero, al mostrarlas en este contexto, se hace más importante su lazo y es fácil involucrarse en la búsqueda de esta. Ans y Holappa nos emocionan con sus pequeños roces y provocan angustia cuando los azares del destino los separan.

En su retrato de lo cotidiano, Kaurismäki encuentra el escenario ideal para rendir un homenaje al cine, haciendo  de la cinta un deleite para los cinéfilos. Las referencias abundan, ya sea a través de pósteres o de menciones de filmes de Bresson, Chaplin, Godard y Jarmusch. El cine es el punto de encuentro vital de los protagonistas, un espacio donde se fortalece su lazo por medio de las historias proyectadas en las pantallas que, además, dan material para chistes ácidos sobre las pretensiones de la cinefilia. Todo esto recuerda que esta no historia no se acomoda a los estándares y fórmulas del romance en el cine y, aun así, por su estilo encantador, es el único lugar donde puede existir.

Pöysti y Vatanen dan actuaciones simpáticas que destacan gracias a ese carácter directo y honesto de los personajes de Kaurismäki. En gestos sutiles, como el cruce de miradas y sonrisas tímidas, transmiten la emoción de encontrar a alguien con quien compartir y hacer sus días más ligeros. Todo esto en un guion que es eficaz y, en tan solo 81 minutos, enamora al reírse de las tragedias de la vida y recordando que todo mal es pasajero.

Fallen Leaves es un triunfo porque es entretenida, amena y fácil de ver, especialmente cuando se acude al cine para levantar el espíritu. Rompe con los estándares de la comedia romántica al llevar lo cinematográfico a la vida proletaria para retratar la humanidad fuera del espectáculo o lo pomposo, recordándonos que el sentido del amor es lograr una conexión con alguien para aligerar nuestras vidas. Por último, es la introducción perfecta a la filmografía de un gran realizador o la celebración de la misma con lo que se ha acordado es uno de sus mejores trabajos. Poco más se le puede pedir al cine; hacerlo sería avaricia.

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