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Encerrado: a veces lo único necesario para torturar son cantos tiroleses y una SUV

Escrito el 13 mayo, 2025

Dirección: David Yarovesky.

Guion: Michael Arlen Ross basado en la película 4×4 escrita por Mariano Cohn y Gastón Duprat.

Elenco: Bill Skarsgård, Anthony Hopkins.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt26671996/

Encerrado. Dir. David Yarovesky. Diamond Films México. 2025.

La moralidad o la falta de esta es uno de los puntos centrales de Encerrado, producción estadounidense basada en la película argentina 4×4 (Mariano Cohn, 2019), en la que un hombre de clase alta, moribundo y harto de una sociedad que percibe como anárquica, tortura a un tonto criminal de poca monta que entró a su coche a robar. Encerrado encuentra la manera de insertarse en la coyuntura estadounidense (y occidental) al abordar asuntos como la pugna generacional entre jóvenes y no tan jóvenes, el privilegio y la ciudad como un nido de ratas que requiere un enfoque tipo Harry el sucio (Don Siegel, 1971) o Death Wish (Michael Winner, 1974).

Todo comienza cuando Eddie (Bill Skarsgård, caracterizado como si Pete Davidson estelarizara una película de los hermanos Safdie), desesperado por dinero, deambula por las calles de una ciudad estadounidense no especificada, robando carteras y comprando billetes de lotería, hasta que entra en una camioneta lujosa y pronto se da cuenta de que se ha quedado encerrado. Su captor es William (Anthony Hopkins), un médico de avanzada edad que está hasta la coronilla del crimen, por lo que aprovecha la ocasión para torturar a Eddie, tanto física como psicológicamente con la declamación de su retorcida moral individualista (vamos, que es como cuando te toca discutir con un conocido sobre la actualidad y te sale con algo sobre cómo la gente es pobre porque quiere). Sin mayor plan que hacer sufrir a su presa, uno pensaría que Encerrado se encerraría a sí misma en los confines de su propuesta hasta agotarla, pero no gracias a una dirección ingeniosa y a un Anthony Hopkins en plan de villano remoto, pero efectivo.

¿Qué quiere un médico de la tercera edad de un pobre diablo a su merced? La adaptación a cargo de Michael Arlen Ross enmarca este enfrentamiento desigual en la guerra cultural estadounidense, aunque lo mantiene en términos poco concretos como para que la película no envejezca tan mal ni tan rápido. Hopkins le pregunta a su víctima, “¿Estás indignado? (Are you triggered?)” como si se tratara de un provocador racista de la ultraderecha trumpista, pero el suyo es un villano psicópata, uno que parte del hartazgo ciudadano para una liberación violenta del yo, un poco como Michael Douglas en Falling Down (Joel Schumacher, 1993) y su catarsis se limita a las cuatro paredes de una camioneta rediseñada como una trampa. Hopkins le da su propio toque al antagonista, uno a estas alturas muy familiar para el público que seguramente extrañaba su perversa declamatoria británica y su mirada entregada a la locura homicida.

Entonces, en Encerrado no hay gato encerrado, sino algo como un Guasón en ciernes en el personaje de Hopkins (cuya Joker origin story es la criminalidad de la gran ciudad) o al menos adyacente al purpúreo payaso como lo imaginó, para nuestro infortunio, Todd Phillips en Guasón (2019), filme en el que se atrevió a preguntar si la ira masculina nacida de la frustración y la inadaptación a la sociedad podía abordarse desde la perspectiva del universo de los superhéroes (a lo que el Festival de Venecia respondió con un León de oro y los Óscares como si hubiera inventado el hilo negro). Es que Hollywood lleva al menos 30 años haciendo películas sobre hombres radicalizados frente a una sociedad hostil, ya sea en comedias clásicas como Office Space (Mike Judge, 1999), thrillers como la mencionada Falling Down o clásicos primero contraculturales y después reaccionarios como El club de la pelea (David Fincher, 1999).

El toque coyuntural de Encerrado, y por el cual funciona a ratos como comedia negra, es que aborda la aparente gresca generacional estadounidense entre mayores de 60 años (ricos, votantes de Trump, defensores del establishment, etc.) y menores de 40 (precarizados, de tendencias izquierdosas, con pronombres). Sin embargo, Encerrado no glamoriza la locura homicida del personaje de Hopkins ni enmarca su catarsis como una de justicia genuina y populachera. Más bien mira a los grandes villanos de nuestra era y su ideología de revanchismo y fuerza para concebir a un ciudadano común y corriente orillado a la violencia como lo que es: un desquiciado sediento de sangre y no una víctima. No es una celebración, sino una constatación de lo grotesco del síndrome del justiciero.

Valga todo este rodeo para señalar que Encerrado no es un ejercicio reflexivo sobre lo que orilla a un hombre a abandonar las leyes humanas, sino un trabajo de suspenso que se divierte con una premisa desquiciada sobre una camioneta diseñada para la muerte y la tortura del prójimo, cuyas llaves entrega al psicópata mejor conocido de la pantalla; una fórmula irresistible y hábilmente llevada por el director David Yaroveski y el guionista Michael Arlen Ross. A veces esto del cine es así de sencillo: presenta una camioneta expresamente para violar la Convención de Ginebra, dale las llaves a Anthony Hopkins, haz unos planos secuencia que capturen la claustrofobia de su desafortunada víctima y listo, ya estás del otro lado.

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