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El último duelo: peinados estúpidos, bros medievales e injusticia

Escrito el 3 febrero, 2022 @bmo985

Disponible en: Star+.

Dirección: Ridley Scott.

Guion: Matt Damon, Ben Affleck y Nicole Holofcener.

País: Estados Unidos.

Elenco: Jodie Comer, Adam Driver, Matt Damon, Ben Affleck, Alex Lauther.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt4244994/

El último duelo. Dir. Ridley Scott. 2021. 20th Century Studios.

¿Cuál es la verdad? ¿Es posible acceder a esta en el contexto de un pleito judicial? La penúltima película de Ridley Scott, una de las dos que estrenaron en 2021, aborda este conflicto sobre la verdad y su resolución a través del último duelo que se llevó a cabo en la Francia medieval en el siglo XIV.

Un matrimonio entre un veterano soldado y terrateniente, Jean de Carrouges (Matt Damon), y una bella doncella que prefiere quedarse a leer en su habitación, Marguerite de Carrouges (Jodie Comer, una revelación), se ve sacudido por una declaración. Durante la ausencia de su marido, Marguerite acusa a uno de los enemigos principales de este, antaño uno de sus mejores amigos, Jacques le Gris (Adam Driver), de haberla violado en su casa, de haberla deshonrado. En el mugrero conocido como París en el siglo XIV, el conflicto alcanza los oídos del rey (Alex Lauther), quien decide que, debido a la firmeza de ambos bandos, la única solución posible es un duelo armado en el que Jacques y Jean se enfrentarán a la muerte para así demostrar quién tiene el favor de Dios y, por lo tanto, la razón.

Esta premisa tiene implícitas dos cuestiones que al parecer alienaron a sus audiencias potenciales: la violación a cuadro de una mujer a quien pocos creen y el consiguiente combate entre los protagonistas masculinos. A primera vista–, esta narrativa parecía dejar de lado la perspectiva femenina y, acostumbrados como estamos a plantear estas historias de violencia sexual desde la subjetividad de la sobreviviente, se tomó como una ofensa a la inteligencia de sus espectadores. Sin embargo, como algunos de los pocos que acudieron a verla en la pantalla grande se dieron cuenta, el resultado no podía estar más alejado de este prejuicio. El último duelo maneja sus temas con la sutileza y el vigor necesarios, saliendo avante de la contradicción evidente de estos (espadazos brutales, historias encontradas y un retrato íntimo del abuso).

Al parecer, en su primer tratamiento del guion, el par bostoniano que se reencontró en las páginas coautoradas por primera vez desde el libreto que les mereció el Óscar (Good Will Hunting, 1997), sentía que algo le hacía falta a su revisión dramática del último duelo. La adición de Nicole Holofcener, directora (Enough Said, 2013) y escritora (Can you Ever Forgive Me?, Marielle Heller, 2018) nominada al Óscar vino a refrescar la narrativa, poniendo en la página la perspectiva femenina que tanto necesitaba.

El último duelo. Dir. Ridley Scott. 2021. 20th Century Studios.

Es así como este guion a tres manos aborda su historia mediante la subjetividad de cada uno de sus personajes centrales. Los cuatro capítulos corresponden de esta forma a la historia contada a través de Jean de Carrouges, Jacqes Le Gris y Marguerite de Carrouges, siendo el último capítulo la presentación del duelo titular. La comparación con Rashomon (Akira Kurosawa, 1950) a estas alturas resulta obvia. En aquella cinta clásica también se contaba la trama mediante historias conflictivas que daban cuenta de la intersubjetividad de la sociedad humana. Ridley Scott y sus guionistas, empero, no alcanzan las alturas de aquella debido a su claro compromiso con la perspectiva femenina, haciendo eco del movimiento #MeToo en el que creer a las mujeres que acusan las conductas criminales de los hombres poderosos de Hollywood se convierte en un artículo de fe. Es por ello por lo que, a pesar de su excelente manufactura, El último duelo acaso no esté destinada a convertirse en un clásico del séptimo arte como lo es aquella cinta de Kurosawa, simplemente porque hace explícita la verdad, aquello que Kurosawa se negó a entregar aún a sus propios actores, asegurando así cierta intemporalidad. Scott, al contrario, se inclina por atarse a su época.

Dicho lo anterior, que no es de ninguna forma un desdén, este compromiso con la perspectiva femenina a través de la mirada de Jodie Comer, hace que el filme de Scott se transforme en una diatriba demoledora contra los hombres y sus instituciones. Tómese, por ejemplo, el tono satírico con que la figura de Jean de Carrouges, encarnada por Damon, se transforma de heroica y solemne a patética y santurrona en los capítulos subsecuentes. Jean se ve a sí mismo como un importante señor, uno que administra sabiamente a sus tierras, que toma lo que quiere – porque todo son objetos para él – y que es respetado por todos, con la excepción del despreciable Le Gris. Qué sorprendente es cuando los siguientes narradores lo pintan como un hombrecillo que desobedece las órdenes en el campo de batalla, que no sabe lo mínimo sobre agricultura y ganado, y que es el objeto de escarnio de sus pares.

Lo mismo sucede con Le Gris, interpretado por Driver: un caballero guapo que salió de la pobreza mediante su arrojo e ingenio que se especializa en la seducción de doncellas inocentes resulta ser un patán arrogante que literalmente no conoce el significado del “no.” Estas diferencias sutiles hacen que El último duelo sea una de esas películas que se pueden ver una y otra vez para notar la manera en que los hechos tienen detalles distintos cada vez que se narran desde otra perspectiva.

A pesar de todo esto (o tal vez debido a todo esto), son los personajes los que hacen que los 153 minutos de duración transcurran con agrado. Desde su diseño en maquillaje y vestuario, cada uno está perfectamente definido como figuras satíricas cuyo patetismo es sumamente entretenido. Ben Affleck como el conde Pierre D’Alençon, señor de Jean de Carrouges y Jacques Le Gris, pero amigo íntimo de este último, es fabuloso en su ridiculez. Su blonda cabellera, estúpida barba de chivo y relajienta actitud, siempre dispuesta a la fiesta, es uno de los retratos más memorables de la realeza. Es a través de él que Scott plantea su puesta en escena como de un anacronismo chévere que no cae en la solemnidad hollywoodense que insiste en que en todo tiempo pasado se hablaba con acento inglés. Esta decisión dota a la cinta de una actualidad indiscutible.

El último duelo. Dir. Ridley Scott. 2021. 20th Century Studios.

La última narradora y a la que se le da todo el peso dramático, a través de quien vemos caer los ídolos construidos previamente, es Marguerite de Carrouges. Esta mujer de extraordinaria inteligencia se vuelve el objeto de la codicia de los brutos que la rodean: su esposo que la compra como si se tratara de ganado (con todo y una mezquina negociación) y Le Gris, quien se enamora de ella a primera vista y cree ser correspondido. Sujeta por estas fuerzas contrarias, la vemos florecer en la ausencia de su marido. Sensible, curiosa y bondadosa, Jodie Comer la interpreta con ojos abiertos y amable disposición, sugiriendo una mente activa obligada a la escasez de palabras que trata de hacer lo que puede en su situación.

Esta se refiere no solo a un matrimonio antes de que este requiriera el amor pasional, sino a su posición acomodada como señora de un terrateniente, una que conlleva lujos y prebendas, pero que está definida por la sumisión absoluta a su cónyuge, no solo por la costumbre sino porque como mujer, carece de personalidad jurídica. Comer comunica una rica vida interior que planta cara al presente al aplicar su inteligencia a las tareas del hogar y a saciar su curiosidad con lecturas, pero también anhela un escapismo nostálgico a su juventud, lejos de su marido troglodita al que no le puede dar hijos.

La trama coloca a Marguerite en una encrucijada en la que no puede más que sufrir porque así se diseñó su entorno: la violencia sexual, la humillación de una acusación pública, la falta de credibilidad por su género y la pena potencial en caso de que se descubra que mintió (es decir, que su marido pierda el duelo). Lo increíble es que esta cárcel intangible que rodea a la protagonista sea tan similar a la que encierra a las mujeres del siglo XXI.

Desestimada como otra cinta sobre la violación producida por el patriarcado blanco y vetusto, El último duelo fue uno de los experimentos narrativos más interesantes de 2021, si bien esa calificación es parcialmente cierta. Vigorosa en su representación de la violencia climática (que contraria a la que nos tiene acostumbrados Marvel, es brutal y vistosa porque nos hace sentir el peso de cada golpe), delicada en su subjetivo recuento de los hechos y comprometida con la verdad de Marguerite, uno no puede más que expresar decepción de su estrepitoso fracaso en la taquilla. Aunado al sufrido por Steven Spielberg y Guillermo del Toro, antiguos titanes del blockbuster, todos víctimas del conglomerado Disney (quien adquirió Fox y por consiguiente estas cintas), nos queda claro que los títulos originales y arriesgados están allí, pero la industria y las audiencias se refugian en lo regurgitado de lo familiar.

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