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El sonido de la caída (24vo Festival de cine alemán): escapar de la mirada ajena

Escrito el 8 octubre, 2025 @andreamarserr

Dirección: Masha Schilinski.

Guion: Louise Peter, Masca Schilinski.

Elenco: Hanna Heckt, Lena Urzendowsky, Susanne Wuest, Luise Heyer, Laeni Geiseler, Lea Drinda, Florian Geißelmann, Gode Benedix, Bärbel Schwarz, Lucas Prisor, Konstantin Lindhorst, Martin Rother, Filip Schnack, Ninel Geiger, Greta Krämer, Luzia Oppermann, Zoë Baier, Anastasia Cherepakha.

País: Alemania.

Duración: 149min.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt28690468/

El sonido de la caída. Dir. Masha Schilinski. 2025.

Este año, el tema del Festival de cine alemán fue “controversial” y no se me puede ocurrir una mejor palabra para describir El sonido de la caída (cuya traducción literal del alemán sería más bien “Mirando al sol”), el segundo largometraje de la directora alemana Mascha Schilinski. La película tiene tanto qué decir sobre lo que retrata, que resulta imposible desempacar todo después de un solo visionado, además de que deja al espectador con más preguntas que respuestas.

El sonido de la caída retrata las vidas de cuatro jóvenes —Alma (Hanna Heckt), Erika (Lea Drinda), Angelika (Lena Urzendowski) y Lenka (Laeni Geiseler)— en diferentes periodos de tiempo, pero todas unidas por un factor en común: habitan la misma casa en una en una granja en Altmark, Alemania. Digo “habitan” porque la película cambia de temporalidad sin mucha ceremonia y va entretejiendo las vidas de las protagonistas a lo largo de su duración, develando diversos episodios en sus vidas. Todas experimentan los efectos de vivir en Alemania durante varias décadas, empezando en 1920 y culminando en la época actual.

Hay tanto ocurriendo alrededor, como el reclutamiento militar obligatorio durante la Primera Guerra Mundial o la ocupación soviética durante la Guerra Fría, que sería injusto esperar que los padres de estas chicas se preocupen por su bienestar emocional. El guion, entonces, es una ventana para observar cómo ellas perciben sus vidas y las de las personas a su alrededor, casi siempre empleando el recurso de la narración en voice over.

La película me recordó a The Zone of Interest dado que ambas destacan por su diseño sonoro. Si bien en El sonido de la caída hay una o dos ocasiones (a lo mucho) en donde las escenas van acompañadas por música, la mayor parte de su duración cuenta casi exclusivamente con sonidos ambientales. Particularmente destaca el sonido de las moscas, probablemente simbolizando la muerte que está presente temáticamente. En general, el sonido le brinda a la película una desolación constante.

Asimismo, ambas películas retratan las vidas familiares de sus personajes. Aunque en The Zone of Interest la cámara es estática y retrata a sus sujetos desde la lejanía, en El sonido de la caída la cámara se desenvuelve como si fuera una cinta casera y, en otras ocasiones, como si fuese un peep show, graba lo que ven sus protagonistas a través del hoyo de una cerradura. También a veces, sobre todo con la pequeña Alma, la cámara se pone en sus manos. Este cambio de perspectivas resulta efectivo en mostrar a sus personajes de cuerpo completo y en reconocer que están siendo observadas. Hay ocasiones en las que ellas también “observan” a la audiencia, mirando directamente hacia la cámara, como si supieran que estamos ahí, siendo meramente espectadores.

Para estas mujeres, desde niñas, preadolescentes y adolescentes, la mirada masculina es una constante. El filme muestra cómo sus protagonistas son sujeto de las miradas lascivas de los hombres a su alrededor, tanto familiares como personas allegadas. Posiblemente no haya criatura más observada que una chica y ellas lo sienten, pero muchas veces, en lugar de devolver la mirada (¿qué pasaría si lo hicieran? ¿sería interpretado como un reto o como una invitación?) pretenden no haberla notado, volviéndose partícipes involuntarias de un secreto.

“No solo no podemos controlar nuestros cuerpos, no le podemos decir a nuestro corazón que deje de latir o a nuestro rostro que no se sonroje cuando sentimos vergüenza”, reconoce una de ellas. No solo eso, sino que, además, las mujeres no podemos controlar cómo y qué tanto nuestros cuerpos son percibidos. Las protagonistas lo saben tanto que comparten el miedo de que la única forma de escapar de esa realidad es morir.

En una escena particular, la madre y el padre de Lenka están sentados en las escaleras de la entrada de su casa. Él está parado y ella, sentada. En un momento, ella le desabrocha el pantalón, saca su miembro y se lo coloca en la frente, remarcando su calidez, pero, ¿esa calidez es real o es una ilusión y una distracción?

El sonido de la caída es una obra dura y densa que requiere de atención y paciencia, incluso si brindársela no resulta gratificante. Con esto quiero decir que, el brindarle a la historia lo que requiere, en términos de atención e involucramiento, deja al espectador con una pesadez emocional y mental como para darle vuelta a las escenas por días. Por eso, es una obra que se queda en la mente de quienes la ven y que da mucho de qué hablar.

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