El ruido de los motores (Los Cabos 2021): una invitación a la reflexión sobre la autorrealización

Escrito el 15 noviembre, 2021 @alessandra_kr

Sección: Competencia Los Cabos.

Dirección: Philippe Grégoire.

Guion: Philippe Grégoire.

Elenco: Robert Naylor, Tanja Björk, Naïla Rabel, Marie-Thérèse Fortin, Alexandrine Agostini, Marc Beaupré, Maxime Genois.

País: Canadá.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt9159426/

El ruido de los motores
El ruido de los motores. Dir. Philippe Grégoire. 2021.

En ocasiones, la absurdidad de la ficción es la única manera de distinguir la ridiculez de la realidad. Mientras que las películas pueden servir para apreciar una forma de vida o un dilema existencial ajenos a nosotros, a veces también funcionan para ver reflejada nuestra realidad, o parte de ella, llevándonos a una crisis existencial o un proceso de reflexión.

Algo así sucede con El ruido de los motores, la ópera prima del director y guionista canadiense, Philippe Grégoire. La historia está condicionada por las situaciones absurdas y quizá irreales a las que se enfrenta el protagonista, pero terminan siendo de gran ayuda para que se dé cuenta de lo que en verdad quiere y no quiere de la vida, indirectamente ofreciendo un foco de iluminación a la audiencia.

El ruido de los motores se enfoca en Alexandre (Robert Naylor), un joven que trabaja como instructor en una escuela de agentes de migración en la frontera estadounidense de Canadá. Un día, después de un encuentro sexual casual que bien pudo ser insignificante, es amonestado y suspendido de su trabajo por dos semanas, por lo que es forzado a regresar a casa y pasar un tiempo con su madre (Marie-Thérèse Fortin). Sin embargo, este descanso laboral no es sencillo, pues en su pueblo natal dos policías lo distinguen como sospechoso principal de ilustraciones sexuales que han aparecido aleatoriamente por todo el lugar.

La innovación de la película se presenta desde el inicio, pues el director se toma su tiempo para llegar al protagonista. Primero introduce el lugar en dónde Alexandre trabaja, algunas historias personales de los agentes tomando los cursos de manejo de armas y hasta un comentario breve sobre los cambios en el tema de migración a partir de la llegada de una administración conservadora. Es hasta después de múltiples escenas que Alexandre aparece, como si se tratase de un personaje más que será, a lo máximo, uno secundario.

Ésta es la primera sorpresa que tiene Grégoire en una cinta marcada por la falta de expectativas, pero los gratos descubrimientos. El primer sabor que se obtiene de la historia se debe abandonar por completo en el momento en que Alexandre se presenta, con Grégoire riéndose de nuestras expectativas y conjeturas.

El ruido de los motores
El ruido de los motores. Dir. Philippe Grégoire. 2021.

Una vez que la historia se enfoca en Alexandre, lo seguimos cuando llega a su pueblo, desierto, aburrido e insulso. El negocio familiar es una pista de carreras, en la que, después aprendemos, Alexandre disfrutaba trabajar, pero que abandonó por la presión de su mamá. Justo aquí es en dónde conoce a Aðalbjörg (Tanja Björk), una conductora islandesa que inesperadamente se le pega y con la que establece cierta conexión instantánea marcada por el aburrimiento de ambos, el optimismo discreto de ella por estar con él y la falta de emociones del lugar.

La mayoría de las situaciones de la película coquetea con la absurdidad de la imaginación y la improbabilidad. Incluso la misma existencia de Aðalbjörg es cuestionable, pues las interacciones y la manera en que la cámara juega entre ella y el protagonista indican que quizá solo vive en la mente del joven. Aunque la manera en que se presenta la historia es incierta y confusa, lo más cercano al espectador podría ser la situación profesional y aspiracional de Alexandre.

Grégoire, inspirado en su propia experiencia de vida, pone a Alexandre como un cineasta frustrado que tomó el trabajo de agente de migración para pagar sus estudios, los cuales después abandonaría para enfocarse en este trabajo que tanto desprecia. Ahora, la misma vida es la que lo lleva a alejarse de lo que ha conocido por los últimos 10 años. Su suspensión laboral se vuelve la mejor oportunidad para repensar qué es lo que quiere hacer con su futuro.

El tono de la cinta es cómico y ligero, utilizando comentarios sardónicos, cortes dinámicos que inspiran una ligera emoción y actuaciones serias en momentos ilusorios. El guion se distingue en los momentos graves que llevan a risas amortiguadas.

La última parte de la película es en dónde empieza a vacilar su ritmo, pues se renuncia a la estructura y al orden que se tuvo en el resto de la historia para situar a Alexandre en un escenario completamente distinto. Aunque no reduce el mérito de lo que se presentó anteriormente, tambalea la comodidad narrativa previa. Sin embargo, El ruido de los motores es una pequeña cinta, situada en medio de la nada, que invita a la reflexión sobre lo que hacemos y queremos hacer con nuestras vidas.

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