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El pintor (21 semana de cine alemán): cualquiera puede hacer una pintura

Escrito el 15 agosto, 2022 @bmo985

Dirección: Oliver Hirschbiegel.

Guion: Ben Becker, Albert Oehlen.

País: Alemania.

Elenco: Ben Becker, Charlotte Rampling, Gudrun Gut.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.goethe.de/ins/mx/es/kul/fil/21s/pel/do3.html

El pintor. Dir. Oliver Hirschbiegel. Picture Tree International. 2021.

La sabiduría popular coloca al arte contemporáneo en lo opuesto a un pedestal: es detestado, ninguneado y se le atribuye una cierta cualidad inteligible que despide un tufo de elitismo rancio. “Cualquiera puede hacer arte contemporáneo” es el dicho que conjuga estas posturas, pues al colocarlo al mismo nivel que los garabatos de un cualquiera sin entrenamiento artístico, es como si se dijera: “esto no es especial y no merece mi respeto.” Tal vez el pintor alemán Albert Oehlen esté al tanto de este discurso y, por ello, en colaboración con el director Oliver Hirschbiegel (La caída) y el actor Ben Becker, creó una suerte de farsa cinematográfica en la que justamente eso pasa: alguien sin experiencia ni formación crea un cuadro en pantalla.

En El pintor, Hirschbiegel sigue a Oehlen mediante dos cámaras al hombro que no tienen problema con salir a cuadro. Movimientos bruscos, desajustes en el enfoque, una dificultad para seguirle el paso al artista, el jolgorio creativo del pintor, así como su risa y su llanto cuando reniega de su obra, en fin, todo en el plano da cuenta de que esto se trata de un documental común y corriente. Pero no es así, pues de acuerdo con la breve sinopsis que el Goethe-Institut nos ha proporcionado para la 21 Semana de Cine Alemán, se trata del actor Ben Becker, quien interpreta al pintor Albert Oehlen.

La pintura que Becker está creando es una réplica de una que Oehlen pintó fuera de cuadro, la cual destruyó una vez que finalizó el rodaje. Es decir, la película representa la creación de un falso Oehlen (la obra) hecho por un falso Oehlen (el pintor), todo bajo la pretensión de un documental verídico. Aquí y en China eso se conoce como un mockumentary, del cual el público conocedor ubicará a This Is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984) como el ejemplo más claro de este género en el cual el formato de documental se utiliza para fines humorísticos, así como para deconstruir las convenciones de este género. El pintor, bajo su fachada de óleos y lienzos, se antoja más como una sátira que Oehlen, Becker y Hirschbiegel han soltado al mundo.

Becker interpreta a Oehlen, quien no aparece a cuadro, pero en cuyo estudio y espacio de exhibición transcurre toda la película, con gusto y grandilocuencia. Becker es capaz de hilar las más grandes mentiras, medias verdades e historias sobre su personaje (aunque pierde el hilo a menudo nunca acaba mal parado) de cara a la cámara, lanzando toda su rotunda humanidad hacia el infortunado camarógrafo que esté más cerca. Su actuación es una ficción hecha en detalle para este documental y, cómo tal, parece entregarnos todo lo que como espectadores esperamos de un pintor consumado como Oehlen: drama, narcisismo, lástima excesiva por sí mismo y el reparto de tareas inútiles y caprichosas para su asistente personal, todo lo cual se acompaña de su labor frente al lienzo marcada por su comportamiento límite: por un lado las dudas, el temor a repetirse y las ganas de corregir, y por el otro, la justificación teórica de cada línea, trazo y color elegido. Puede cuestionarse el objetivo del filme, pero no puede negarse que hay un espectáculo a cuadro gracias al magnetismo de Becker y la eficiente realización de Hirschbiegel.

¿Cuál es entonces el objetivo de El pintor? ¿Es perpetuar la noción del arte contemporáneo como algo inalcanzable para los mortales? ¿Es una broma interna perpetrada por Oehlen a la que arrastró a Becker y al director? Responder en estos términos sería negar buena parte de lo que este trío trata de hacer en pantalla. Se trata de un ejercicio no solo de ligereza, sino de reflexión sobre el acto de la creación artística. Tanto Oehlen crea arte en su lienzo – fuera de cuadro – como Becker en el plano, es solo que el medio de este último es el tiempo en la forma de imágenes en rápida sucesión. La creación del falso cuadro que Becker realiza mientras interpreta a Oehlen es en sí misma una obra de arte, una conjuración de potencias ajenas al yo, una conflagración de mentiras que buscan la verdad, una indagación interior de lo individual para expresar lo universal.

Es inútil preguntarse si Oehlen se comporta en realidad en la manera en que Becker lo representa porque no lo sabremos y porque no importa. Esta no es una biopic ni un documental en el sentido estricto. Es una interpretación sobre Oehlen pasada por la psique y el talento de Becker, capturada con imaginación por Hirschbiegel. Es, en fin, una invención sobre algo concreto que no quiere representar verídica, sino inquisitivamente.

Al final, lo que resulta llamativo sobre El pintor es que, a pesar de rayar en la sátira que derriba los mitos construidos en torno al genio y al arte, encuentra mucho qué decir sobre el proceso de creación artística en general, con un Becker audaz, flexible, insoportable y juguetón.

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