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El justiciero 3: capítulo final – muerte en la costa napolitana

Escrito el 13 octubre, 2023 @bmo985

Dirección: Antoine Fuqua.

Guion: Richard Wenk.

País: Estados Unidos.

Elenco: Denzel Washington, Dakota Fanning, Eugenio Mastrandrea, Andrea Scarduzio, David Denman, Gaia Scodellaro.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt17024450/

El justiciero 3: capítulo final. Dir. Antoine Fuqua. Sony Pictures. 2023.

El pistolero senescente, género mejor representado por Taken (Pierre Morel, 2008), además de señalar el envejecimiento de las estrella que puede cargar con una película de acción en sus bíceps, es una fiebre que consumió a Hollywood, alcanzando a una parte de los actores estadounidenses de más de 50 años (Sean Penn, Pierce Brosnam y Kevin Costner). Los requerimientos eran sencillos, pero difíciles de cumplir para un protagonista: ser capaz de moverse como una estrella de acción y poder recitar un diálogo amenazador que compitiera con la famosa llamada telefónica de Liam Neeson en la película antes mencionada. Eventualmente, este género se diluyó hasta llegar a dos de sus protagonistas más exitosos: Keanu Reeves y Denzel Washington.

El éxito del primero es bien conocido, pero el del segundo ha sido más discreto, habiendo recaudado más de 300 millones de dólares con sus dos películas anteriores, El justiciero (2014) y El justiciero 2 (2018), ambas dirigidas por Antoine Fuqua. A diferencia del modelo Taken, que la saga de John Wick ha llevado a sus extremos con espléndidos resultados, la ahora trilogía estelarizada por Washington se basa en la personalidad serena de su protagonista, quien voluntariamente se involucra en las vidas de los que lo rodean para revertir una injusticia. La violencia es escasa, pero explosiva. No hay oleadas de asesinos que mueren a cuadro, ni acrobacias imposibles. Lo que ofrece la saga de El justiciero es algo más sencillo: Washington se presenta ante sus adversarios y les ofrece la oportunidad de tomar la decisión correcta, a la vez que nadie en la habitación cree que sea capaz de asesinarlos a todos en pocos segundos.

En El justiciero 3: capítulo final, los años finalmente alcanzan al agente retirado Robert McCall (Washington) durante una de sus aventuras en busca de justicia. Después de un espectacular enfrentamiento en un viñedo, secuencia durante la cual Fuqua y su director de fotografía Robert Richardson se atreven a mostrar con planos cerrados el sangriento talento de su protagonista, este es herido y queda a merced del policía que lo encuentra y el médico que lo cura en Altamonte, un pueblo pintoresco en Nápoles, Italia (esta es la primera entrega de la saga que no transcurre en Boston, como era costumbre ).

Allí, reducido a andar con un bastón, el serio McCall descubre una pequeña y adorable comunidad, cuya inocencia raya en la ingenuidad característicamente gringa sobre los pueblos pequeños: no pueden evitar ser buenas personas. Sin embargo, debido a que están en el sur de Italia, viven bajo los caprichos de un par de hermanos ligados a la mafia, quienes tienen proyectos a largo plazo para el pueblito bonachón y nada se los impedirá, al menos hasta que McCall se convenza de salir de su retiro forzado.

El justiciero 3: capítulo final es más una película de heroismo (que no de superhéroes) que una cinta de acción a lo John Wick. Permítanme explicarme. Algo que Fuqua y Richard Wenk, guionista de las tres entregas, han mantenido a lo largo de las películas es que McCall habita un mundo donde el bien y el mal tienen fronteras definidas. Puede que se trate de un universo inmoral e injusto, pero siempre existe la oportunidad de enderezarlo, un balazo a la vez. Así, McCall se convierte en, como lo indica el título en inglés (The Equalizer), alguien que equilibra la balanza, que restaura la justicia para quienes lo necesitan.

En este mundo de facciones distinguibles, cada personaje es libre de tomar las decisiones que le plazcan, por lo que la muerte no es tanto un castigo sino una consecuencia casi inevitable de su libre albedrío. Sí, es un héroe violento (en pocas ocasiones lo hemos visto entregar a los maleantes a las autoridades), pero recurre a la violencia para proteger a un personaje desfavorecido, o en este caso, una comunidad amenazada.

La teoría de resolución de conflictos a través de la violencia puede remitir al lector a los clásicos de tintes cuasifascistas como Dirty Harry (Don Siegel, 1971) y Death Wish (Michael Winner, 1974), pero ni en El justiciero 3: capítulo final ni en sus precuelas existe esa conceptualización de la ciudad como una jungla urbana que debe ser limpiada con fuego. Richard Wenk focaliza los conflictos y los convierte en asuntos casi familiares en los que McCall es como un padre sustituto con una misión finita. Sus blanco no son los ladrones de bolsas ni los traficantes de la esquina, sino las organizaciones criminales.

¿Cuál es el secreto de esta saga? Obviamente, Denzel Washington, sobre quien los años no pesan en su carisma, la calidez de su sonrisa o la severidad de su gesto. Fuqua lo concibe en ocasiones como un semidios que camina entre mortales, uno que otorga y arranca la vida. Como McCall, Washington es metódico, cuidadoso, meticuloso y meditabundo; es una persona confiable y cálida para aquellos que lo conocen, pero infatigable y veloz contra sus adversarios. No disfruta matar, pero sabe que es inevitable hacerlo. El actor redondea un personaje bien escrito. Su sonrisa ilumina una escena mientras que a la siguiente una mueca le imprime la solemnidad de la muerte próxima. El veterano histrión se divierte interpretándolo porque le permite expresar multitud de cosas con apenas unas palabras, además de que la coreografía de acción, explosiva, calculada, veloz y precisa, queda a su cargo en escenas a menudo dignas de una película de terror, que no de acción (una secuencia en una mansión tiene los tintes de una película slasher).

En suma, El justiciero 3: capítulo final es un digno corolario para una saga que, a pesar de los limitantes de su género, usa de forma inteligente a uno los más grandes actores vivos para contar una historia que ahora parece fantástica: el bien triunfando sobre el mal. Recomendable ponerse al día con las entregas anteriores, pero no es necesario para seguir la trama de esta última.

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