Palomita de maíz

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El hombre del norte: la venganza es un platillo escandinavo

Escrito el 15 abril, 2022 @bmo985

Disponible en: cines.

Dirección: Robert Eggers.

Guion: Sjòn y Robert Eggers.

País: Estados Unidos.

Elenco: Alexander Skarsgard, Nicole Kidman, Anya Taylor Joy, Ethan Hawke, Willem Dafoe, Björk.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt11138512/

El hombre del norte. Dir. Robert Eggers. Universal Pictures. 2022.

Una marejada de furia, fuego y sangre es el resultado de la tercera obra de Robert Eggers. Después de sus películas anteriores (La bruja de 2015 y El faro de 2019), el estadounidense se consagra, si bien no como un maestro del séptimo arte, sí como la contraparte historiófila de cineastas como Christopher Nolan, Christopher McQuarrie, Dennis Villeneuve y, más recientemente, Matt Reeves, nombres de peso que aprovechan al máximo presupuestos inmensos para producir lo que ahora se denominado blockbuster de autor. El apego histórico que había caracterizado a sus cintas anteriores es desplegado aquí para adentrarse en el mundo vikingo de guerra y crueldad con resultados variopintos.

El cumplimiento del destino es la idea que propele a su protagonista Amleth (Alexander Skarsgård) para vengar la muerte de su padre, el rey Aurvandill (Ethan Hawke), el rapto de su madre (Nicole Kidman) y su propio destierro a manos de su tío, Fjölnir (Claes Bang, irreconocible, pero en definitiva la sorpresa del filme). La venganza que anhela finalmente se materializa cuando escucha que unos esclavos de la aldea invadida y destruida por su grupo de guerreros serán llevados a los dominios del tirano, reducidos a un feudo en la lejana isla de Islandia. Entonces, Amleth se hace pasar por esclavo para urdir una pesadilla viviente para su tío.

El destino también se cumple para Eggers, quien en su tercera obra como director y escritor, se pone al frente de un presupuesto nada modesto para cumplir un capricho histórico basado en un texto del siglo XII. Sus cintas anteriores se caracterizaron por cierto naturalismo que propugnaba por una inmersión en tiempos pasados hasta el punto en que la audiencia era invitada a perder la razón, ya fuera al lado de unos marinos superticiosos o de una niña que se creía sus propias mentiras. La modernidad, ya sea como el calvinismo recalcitrante de La bruja o el deseo erótico reprimido en El faro, se hacía presente en sus filmes previos, pero al tratarse El hombre del norte de la crónica de un guerrero del siglo IX, Eggers parece haber perdido algo de su voluntad exploratoria de los confines de la sanidad (porque, ¿qué cosa eran ambos filmes sino reconstrucciones empáticas de la locura bajo la presión del aislamiento?).

Las películas de Eggers son un deleite para cualquier historiador, y su último esfuerzo no es la excepción. Eggers se ha convertido en un hábil recreador de épocas pasadas y, si no fuera por el requisito comercial de que sus personajes hablen inglés, seguramente los habríamos escuchado en una lengua antigua y muerta. La atmósfera que se construye a lo largo de El hombre del norte delinea al pie de la letra el mundo escandinavo antes de su conversión al cristianismo: brutal, violento, inmisericorde, pagano, misterioso y visceral. Ya podrá corregirme el equivalente de Neil deGrasse Tyson de la historia (que, si aún no ha surgido, no falta mucho), pero la puesta en escena me ha parecido auténtica y asible, como si pudiera habitar ese mundo que seguramente huele a sangre, pasto y frío.

El hombre del norte. Dir. Robert Eggers. Universal Pictures. 2022.

Eggers sigue firme en su empuje del género que Mel Gibson (connotado antisemita y abusador de mujeres) no inauguró, pero bien consolidó con sus cintas La pasión de Cristo (2004) y Apocalypto (2006), el cual podría ser descrito como naturalismo histórico; es decir, una puesta en escena que se apega en la medida de lo posible a las fuentes históricas, dejando de lado el dramatismo romántico que Hollywood es incapaz de abandonar (véase por ejemplo, 300 de Zack Snyder o Corazón valiente del propio Gibson).

La locura ya no es el punto de tensión de su andamiaje dramático, por lo que el vívido fervor religioso pagano toma su lugar, al lado de una incólume noción del destino. Amleth recibe varias revelaciones en forma de sueño que son similares a las que repartía el oráculo de Delfos en las tragedias griegas: “esto es lo que pasará, allá tú si me haces caso.”

La borrosa división entre realidad y fantasía es responsable de algunas de las mejores secuencias del filme, desde el árbol de los reyes y el joven Amleth ante el vacío, hasta la cabalgata de la valquiria hacia el Valhalla. Sin embargo, es aquí donde el director pierde el hilo, pues en más de una ocasión se siente fuera de su elemento en plena luz del día. No solo es una cierta torpeza de su guion en el diálogo entre los personajes principales, sino la epifanía que brota a voluntad. ¿Están sujetos al destino o lo van creando conforme avanzan? Esta disyuntiva contribuye a que El hombre del norte pierda algo de su arrojo hacia el final. Aun así, Eggers lo compensa con una deslumbrante batalla en la boca de un volcán, casi en homenaje a Episodio III: La venganza de los Sith (George Lucas, 2005) – o tal vez no, pero ¿qué otra batalla recuerda usted, amable lector, entre ríos de lava? –.

A final de cuentas, el brío de su puesta en escena, la espectacularidad de Skarsgård como el bestial Amleth, la dulzura misteriosa de Anya Taylor-Joy, la tirria de Kidman, la espléndida actuación de Bang, quién no es el tío desdeñable como lo escribiera William Shakespeare (porque la historia de Amleth sirvió de inspiración para el Hamlet del Bardo de Avedon), sino un hombre que más tarde que temprano se da cuenta de su propio destino, así como el brevísimo, pero decisivo cameo de Björk hacen que la última cinta de Eggers sea un triunfo con algunos peros.

Las extensas y estremecedoras escenas de acción señalan que Eggers ha transitado (al menos para esta cinta, pues tiene en puerta un proyecto para rehacer Nosferatu) del “horror para mamadores” (o elevated horror para los acólitos de A24) hacia la aventura épica e histórica, que por poco y se convierte en una apología de la masculinidad tóxica (pocas veces más que en la saga de John Wick la hemos visto tan bien utilizada). En más de una ocasión, El hombre del norte es deslumbrante por la espectacularidad de sus imágenes y su feroz naturaleza, pero me ha dejado un poco insatisfecho. No obstante, aquí estaremos, esperando su siguiente representación del salvajismo.

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